UNIVERSIDAD IBEROAMERICANA

La sociología constructivista de Berger y Luckman como perspectiva para el estudio del turismo

TESIS

Que para obtener el grado de Doctor en Ciencias Sociales

Presenta

Alfonso González Damián

Directora: Dra. María Teresa Márquez Chang

Lectora: Dra. Maribel Osorio García

Lectora: Dra. Emiko Saldivar Tanaka

México, D.F. 2007


Resumen

El turismo como fenómeno que se presenta en la sociedad moderna es analizado desde el enfoque de la teoría de sociología constructivista de Peter L. Berger y Thomas Luckman. Comprender a la sociedad como realidad objetiva y subjetiva, es decir construída, permite descubrir en ella posibilidades no accesibles desde otros ángulos. Estas posibilidades son exploradas en un fragmento de esa realidad social, el turismo.


Agradecimientos

Quiero agradecer a las personas sin cuyas palabras de aliento y apoyo y en diversas ocasiones, su visión crítica, no hubiera logrado llegar a este momento, tras un lapso de alrededor de cinco años. A la Dra. María Teresa Márquez Chang, a la Dra. Maribel Osorio García, a la Dra. Emiko Saldivar Tanaka, a la Dra. Alicia Lindón, a la Dra. Carmen Bueno, al Dr. Javier Torres Nafarrate, al Dr. Carlos Massé, al Mtro. Genaro Aguirre Aguilar, al Dr. Gregorio Herrera Santiago, al Mtro. Sergio Monroy Aguilar, a la Lic. Angélica de la Vega, a la Mtra. Cecilia Zapata Hurtado, a la Dra. Lourdes Castillo Villanueva y al Dr. David Velázquez Torres.

Del mismo modo no quisiera dejar de agradecer a todos aquellos que me motivaron a reflexionar nuevamente sobre diversos puntos de lo contenido en esta tesis: a mis alumnos de turismo en diversos períodos, de la Universidad Cristóbal Colón en Veracruz, de la Universidad del Valle de México en Toluca, de la Universidad Iberoamericana en la Ciudad de México y de la Universidad de Quintana Roo en Chetumal. A mis colegas investigadores de la AMIT, AC., especialmente a la Dra. Nora Bringas Rábago, a la Dra. Maribel Osorio, al Dr. Basilio Verduzcco, al Mtro. Alfonso Jiménez Martínez, a la Mtra. Marisol Vanegas, a la Mtra. Virginia Navarrete Sosa y a los integrantes del Seminario Seminario “Turismo, globalizacion y sociedades locales en la península de Yucatán” encabezados por el Dr. Gustavo Marín Guardado y la Dra. Magali Daltabuit Godás.


Esta tesis, su contenido y todas sus posibilidades futuras las dedico a mi amor Alma Rosa y a mi pequeño Diego Antonio.

¡Gracias a ustedes estoy aquí y soy quien soy!





Introducción

El constructivismo es hoy un planteamiento que suscita polémica, opiniones a favor y en contra, emitidas y sostenidas por conocedores o no, en casi cualquier ámbito de la sociedad. Si bien, la etiqueta como a cualquier otra etiqueta le ha sucedido que de tanto utilizarse llega a alejarse de su sentido original, a perderse o tergiversarse; llegado el momento, parecería que es posible llamar constructivista a cualquiera, persona, documento, teoría, estudio, que pretenda serlo. El hecho de elaborar una tesis sociológica con la etiqueta puesta en la portada misma involucra pues un riesgo.

El riesgo es doble, por una parte está el riesgo de que conocedores de cierta aplicación, rama o versión del constructivismo tomaran el documento y buscaran en él aquello que les resulta familiar y que lo hallaran de manera parcial o nula. Por otra parte, el riesgo de que quien desconozca a fondo el tema, pero que sepa que se trata de un tema en boga en la sociedad y en la sociología, más aún en las ciencias sociales y pretendiera encontrar líneas o pistas para su comprensión y no hallara más que una propuesta de aplicación a un tema específico.

La apuesta por correr ambos riesgos es asumida por el que suscribe el trabajo, no sin antes plantear algunos límites en esta introducción, que pretenden si no eliminar totalmente los riesgos aquí descritos, al menos presentar de manera sintética lo que el lector se encontrará en el contenido de este documento.

El presente trabajo es una propuesta teórica, en la que se pretende plantear algunos conceptos y sus relaciones, que abran posibilidades de investigación en torno a un tema: el turismo y bajo una propuesta específica: el constructivismo en la versión de Berger y Luckmann. Dicho esto vale la pena hacer algunas precisiones y consideraciones al respecto.

Cuando se denomina propuesta teórica al trabajo, quiere decir que se trata de un ejercicio reflexivo, realizado en el nivel de abstracción de la realidad, cuyo fin es construir un planteamiento, esquema o sistema conceptual que permita acceder a la realidad, o al menos a una parte de la realidad, de manera que ésta –la realidad- pueda ser conocida, aprehendida por quien observa a través de ella. En este sentido, al elaborar un planteamiento teórico se debe ser cuidadoso con la delimitación de la parte de realidad a la que se pretende referir y evitar pretender que sea la realidad la que se ajuste a la teoría, cuando desde su propio concepto es la última la que tendría que ajustarse a la primera.

No se pretende aquí entrar en un debate epistemológico sobre las posibilidades del conocimiento humano, baste decir que si bien en el documento se aborda la teoría y se trabaja en torno a un planteamiento eminentemente teórico, no significa que no busque ajustarse a una parte de la realidad; esa parte de la realidad es el turismo, fenómeno al que se hace permanente referencia a lo largo del trabajo, desde las experiencias del autor, permítase aquí el uso de la primera persona, pues la historia personal en ningún caso permanece ajena a ninguna propuesta teórica y en este caso en particular, en lo académico, lo laboral, lo profesional y desde luego en lo lúdico, he estado en contacto permanente con el fenómeno turístico desde hace algo más de diecinueve años. Si bien la tesis que aquí se presenta transcurre únicamente en lo teórico, lo cual tiene por cierto su grado de dificultad, también está entendida como una apertura programática, en el sentido de que pueda ser útil para la investigación empírica en el campo de la sociología del turismo.

Al tratarse de una propuesta teórica, se ha construido siguiendo una estrategia de análisis deductivo, esto es que en todo momento, para abordar todas y cada una de sus partes se ha realizado el ejercicio de construir conceptos tomándolos de teorías de un nivel más general o abstracto y seleccionándolos, especificándolos en función de su aplicabilidad o capacidad de aplicación en el tema turístico. Para ello fue necesario elaborar un análisis de diversas teorías de la sociedad, teorías sociológicas, teorías del turismo y teorías de sociología del turismo. La intención es que la selección finalmente presentada y que constituye en sí misma la propuesta, cuente con una solidez interna y una consistencia con sus referentes teóricos superiores tal que le permitan ser no solo inteligible, sino potencialmente aplicable al tema turístico.

A este respecto, me parece necesario hacer algunas consideraciones acerca del porqué del tema en una tesis sociológica. Es de resaltar que al desarrollar una propuesta teórica específica, se hacen selecciones necesarias y omisiones involuntarias, en tal sentido toda propuesta teórica concreta lleva en sí misma, como lo plantea Kuhn (1962) en su idea de las revoluciones científicas, la semilla de su propia caída. Precisamente en este entendido es que se ha realizado el presente esfuerzo, de ninguna manera con la intención de que se conozca como “la” teoría constructivista del turismo, sino con la firme y verdadera intención de abrir el debate en este ámbito y particularmente en la búsqueda de un mejor entendimiento del fenómeno turístico.

El turismo forma parte importante de la vida en sociedad en México, de hecho forma parte de la vida cotidiana, ya sea desde su connotación en cuanto al rol de turista que todos podemos jugar, cuando tenemos la oportunidad de realizar un viaje, o ya sea como actividad económica que aporta un impacto en regiones y poblaciones, en muchos casos mayor que otras actividades productivas. A pesar de su presencia en la sociedad, podría sorprender el hecho de que aún sea un fenómeno estudiado de forma circunstancial, parcial o tangencial, en el campo académico. Vacío que tiene, por lo menos, seis fuentes de origen:

La relativa novedad de los estudios sobre turismo en el mundo y en particular en México. El estudio sobre el turismo toma forma en el siglo XX, en México aparece en la década de los setenta, se le ha considerado un fenómeno moderno, aunque aún existe debate al respecto, en lo que existe un consenso más o menos general es en que bajo las características que hoy presenta, es un fenómeno resultado de la sociedad industrial, especialmente de la occidental. Es así que pocas disciplinas en las ciencias sociales lo han tomado como objeto de trabajo, y en el mejor de los casos su trabajo relativamente reciente, por lo que no se puede hablar de una importante producción científica sobre el tema.

La naturaleza de “destino turístico” del país y la consecuente necesidad de preparar técnicos con capacidades para “servir” a otros, no necesariamente para planificarlo, ordenarlo, regularlo ni mucho menos elaborar sobre él interpretaciones académico científicas. México es un país considerado como sitio de destino turístico, es decir su perfil es el de recibir más turistas extranjeros que los que provee hacia el resto del mundo. Esta condición tiene que ver con sus características geográficas, geopolíticas y socioculturales, así como con su patrimonio cultural e histórico, sin embargo tiene que ver también con la asimetría norte-sur, entre naciones desarrolladas y en desarrollo. Durante años la gente que se ha formado en el tema del turismo lo ha hecho en relación con el desempeño de técnicas para el servicio, especialmente para constituir el ejército de empleados de las empresas hoteleras y de servicios para el turista que se han instalado a lo largo y ancho del país.

El carácter multidisciplinario del objeto, el cual lo descentra en cuanto a los campos disciplinarios convencionales tradicionales, esto propicia que sea estudiado sólo como tema ocasional. Las disciplinas científicas se desarrollan en torno a temas y aspectos de interés de los científicos que se forman en ellas, lo que a su vez va conformando un límite entre lo que se considera pertinente o propio del objeto de la disciplina. Cuando se abordan objetos que sólo en parte son propios de una disciplina se presenta una especie de “despegue”, por el tratamiento del mismo. De alguna manera los científicos, de acuerdo a lo que sostiene Bourdieu (1989), legitiman su actuar en la medida en que abordan con herramientas metodológicas propias de la disciplina, objetos “propios” de la disciplina. Todo objeto que no sea propio o no se aborde con las metodologías propias de la disciplina poco o nada aportan al científico en la jerarquía del campo en el que se desempeña, por el contrario, pueden significarle un lastre o carga de la que tarde o temprano tendría que deshacerse. En este sentido aunque el conocimiento del turismo ha recibido aportaciones de reputados científicos de diversas disciplinas como la geografía, la sociología, la economía, o la psicología, pocos han dedicado sus principales esfuerzos a desarrollar el campo como disciplina.

La naturaleza “lujosa” del turismo occidental. Realizar turismo es visto en la sociedad moderna como una actividad de consumo y todavía más, una actividad de consumo que sólo se puede realizar cuando se han satisfecho otras necesidades más apremiantes, por lo tanto es en realidad un lujo del que se puede prescindir frente a otros consumos más fundamentales. Una visión tal, encierra tras de sí toda una filosofía, propia de la tradición judeocristiana de la nobleza del trabajo frente a la vileza del ocio. Una visión que se transfiere al campo de las ciencias sociales que otorgan una primacía a los temas que tienen que ver con el trabajo y la producción sobre los que tienen que ver con el consumo y especialmente con los consumos en tiempo de ocio. Debo aclarar que no todos los estudiosos del turismo lo conciben como una actividad de consumo, así como tampoco consideran todos que hacer estudios sobre el ocio sea de menor relevancia que hacerlos sobre el trabajo, sin embargo lo que sí ha sucedido es que la visión dominante en la academia es la del menosprecio a todo asunto que parezca alejarse de los “grandes temas” como la pobreza, la delincuencia, el conflicto, las crisis etc.

La preferencia por la “certidumbre” de los estudios sobre producción de bienes, antes que sobre la de servicios. Incluso en el campo de la economía, en la que el consumo y la producción de valores para el consumo es tema de interés fundamental, el estudio del turismo tiene un desarrollo menor debido a las dificultades que supone el análisis de la producción y el consumo de servicios, que resultan un tanto intangibles. Desde este ángulo, se logra ver una manifestación de la hegemonía del pensamiento racionalista frente a la posibilidad de abordar la subjetividad que le imprime la aparición del sujeto, del individuo en el propio fenómeno productivo y de consumo, que es algo común en los servicios, especial y particularmente en los turísticos.

La superficialidad de diversos estudios realizados sobre el tema. Probablemente como consecuencia de los anteriores puntos señalados, pero que a su vez se convierte en un punto más de descalificación de los estudios sobre turismo es la ligereza con la que se le ha abordado en múltiples ocasiones, lo que propicia que exista poco frente a lo cual debatir y construir, tanto en términos teóricos como en metodológicos y técnicos. Esta afirmación, como cualquier generalización, peca de obviar la realidad de que diversos trabajos han sido realizados con gran seriedad y profundidad, desafortunadamente no son la mayoría.

El vacío en los estudios de turismo tendría que llenarse con el trabajo de especialistas formados en diversas disciplinas que fueran conformando un campo con características propias, un lenguaje propio y un conjunto más o menos coherente de modelos, metodologías y técnicas propias, sin embargo esto aún se está construyendo. De allí surge el interés del autor de este trabajo, en presentar una tesis sobre turismo, en un doctorado en sociología. Insisto sobre algunas razones:

El turismo es un campo de la realidad social que excede a los límites que se le han dispuesto entre las ciencias sociales, no se encuentra en el centro de ninguna disciplina, aunque es tocado, abordado, trabajado por más de una. En la realidad social, sin embargo, existe como fenómeno observable, lo cual por sí mismo justificaría la posibilidad de estudiarlo bajo el lente de la sociología así como bajo el de cualquiera otra de las ciencias sociales.

El turismo es una actividad cuya relevancia va en crecimiento, Lanfant (1978) habla de una “turistificación” de la sociedad y hoy se habla de la creciente orientación de la sociedad hacia una sociedad del ocio (Dumazedier, 1968). En este sentido, el futuro desarrollo del fenómeno en la vida social muy probablemente trastocará las estructuras intersubjetivas y las normas e instituciones más allá de las puramente turísticas.

Indagar sobre lo que la sociedad presente y su futuro nos plantea, es justamente la naturaleza del investigador; el descubir las nuevas relaciones, significados, orientaciones, enfoques, tendencias, modificaciones y transformaciones que posibilita la expansión del turismo en la sociedad es un aliciente para el trabajo intelectual.

Por último, pero no de menor relevancia en este caso, es la historia personal del autor; formado en el campo del turismo en el nivel de licenciatura y el permanente contacto profesional y académico con el fenómeno, son indudablemente la principal fuerza impulsora y motivadora del presente trabajo.

Las razones aquí expuestas a la vez funcionan como intenciones en un sentido amplio y de largo plazo, que sin embargo no podrían ser resueltas con una sola investigación, con una sola tesis, en este sentido al diseñar y presentar este documento, he adoptado una postura y he realizado alguna elección, como sucede a todo investigador en el campo de las ciencias sociales. En el campo de la sociología resulta obligado manifestar y de alguna manera sustentar tales elecciones, pues tanto la toma de posición como los argumentos planteados para hacerlo forman parte de un marco en el que se comprende tanto lo estudiado como las explicaciones o interpretaciones a las que llega el investigador.

La elección de la propuesta teórica de Berger y Luckmann tiene diversas y muy variadas razones, me limitaré a proponer aquí aquellas que puedan ilustrar al lector sobre las posibilidades de este planteamiento.

En primer lugar, la sociología constructivista tiene la capacidad de aportar una visión renovada de la sociedad, del mundo, de la realidad. Una visión en la que es el sujeto el que se pone en relieve. El individuo en su dimensión social es lo que interesa, el actor social no tanto sus historias personales, la construcción de interpretaciones de la sociedad, no la realidad objetiva. La construcción de la realidad social por parte de los anfitriones y de los turistas, no las “opiniones” de prestadores de servicios turísticos o comunidades receptoras. La intención es pues, que la propuesta aquí presentada permita una aproximación al actor social, intentar acceder a sus interpretaciones apropiándose de ellas de alguna manera, ubicar al investigador en una posición más próxima a él, y menos “desde arriba” como sucede con otras propuestas teóricas.

Al reconocer que la realidad social es a la vez objetiva y subjetiva, Berger y Luckmann toman una posición que puede denominarse integradora. Si el debate teórico en la sociología de fines del siglo XX se centró en la posibilidad de la integración de la cuestión acción – estructura, ésta es justamente una versión consistente para afrontarla. Además es una propuesta que data de 1969, que si bien no es novedosa, cuando se lee en el contexto del debate actual resulta más nueva de lo que parece. De hecho es esta la razón por la cual el planteamiento teórico de estos autores ha llamado la atención de sociólogos y científicos sociales a lo largo y ancho del mapa de temas de interés y espacios de trabajo de la comunidad académica internacional.

Para Berger y Luckmann, la realidad social se construye y reconstruye durante la interacción entre individuos, esto ubica su planteamiento en el nivel microsociológico, aunque no ignora los temas macro, que tiene que ver con la forma en que operan las estructuras en la relación social, el nivel en el que se centra y del cual parte es el nivel micro.

Estas dos cualidades, además de su consistencia interna, son las que me hicieron seleccionarla para elaborar la presente propuesta en el tema turístico. Especialmente debido a que en la propia teoría del turismo y en la teoría de la sociología del turismo no se han elaborado trabajos lo suficientemente detallados que expliquen los distintos aspectos que juegan en la interacción entre turistas y comunidad anfitriona.

Desde luego, al realizar una selección teórica, se dejan de lado otras posibilidades que pudieron ser también útiles o inclusive complementarias. Sin embargo, he preferido hacer este primer planteamiento intentando respetar en su forma original los elementos que presentan Berger y Luckman, con la intención de que en una futura reconstrucción, una vez que haya pasado a través del escrutinio implacable de los “pares académicos” y del más implacable aún tamiz de la aplicación empírica, se puedan incluir o eliminar los elementos, relaciones o aspectos a que hubiera lugar.

La forma en que ha quedado construido el ejercicio–propuesta se presenta iniciando de lo más general, para concluir con lo más concreto: la propuesta teórica de sociología constructivista del turismo.

En tal sentido, en el primer capítulo se han incluido dos apartados, en el primero de ellos se hace una revisión de la teoría social con enfoque constructivista. Esto permite reconocer cuál es el contexto en el que surge la sociología constructivista frente a las sociologías objetivista y subjetivista, así como algunos de los principales exponentes del constructivismo social. En un segundo apartado se presenta y analiza en detalle la teoría de Berger y Luckmann, sus antecedentes, sus elementos y sus implicaciones prácticas en la sociología aplicada. Este primer capítulo es el que aborda uno de los dos temas más generales de esta investigación, el otro es abordado precisamente en el capítulo dos.

En el segundo capítulo, se hace un análisis de las teorías del turismo y se vinculan, en cuanto a sus elementos y orígenes, con las teorías sociológicas clásicas y sus avances en el siglo XX, cuando surge propiamente el estudio formal del turismo. El análisis realizado pretende enfatizar en la cuestión de la división estructura–acción, que se hace presente en la teoría del turismo y que no es resuelto aún por ninguna propuesta teórica propia del turismo ya en los primeros años del siglo XXI, lo cual evidencia desde luego, la necesidad de mayor investigación teórica en el ámbito, aunque se reconoce que la investigación empírica en turismo es hoy más abundante que nunca antes.

En el tercer capítulo, se hace una selección de tales estudios empíricos del turismo, con el fin de hallar antecedentes para argumentar la propuesta constructivista propia. Para ello se revisan únicamente aquellos estudios empíricos en sociología del turismo que se fundamentan en teorías microsociológicas o en propuestas teóricas de sociología que busquen la integración acción–estructura, las dos fuentes y formulaciones fundamentales de la teoría de Berger y Luckmann. De manera que se han seleccionado aquellos trabajos que se vinculan con las propuestas: fenomenológica, interaccionista simbólica, etnometodológica, de las representaciones sociales, de la estructuración, del habitus y campos y de la colonización del mundo de la vida, así como aquellos que directamente se hayan realizado bajo la propuesta constructivista de Berger y Luckmann.

En el cuarto capítulo se presenta la propuesta teórica propia, sus elementos, sus relaciones, sus implicaciones y un conjunto de áreas temáticas que se desprenden de su factible aplicación y que en sí mismas constituyen un programa de investigación de mediano o largo plazo.

Finalmente, se presenta un conjunto de conclusiones y consideraciones que a modo de reflexiones finales buscan abrir perspectivas de desarrollo futuro para la propuesta teórica aquí presentada.

Chetumal, Quintana Roo, México. Enero de 2007.

Capítulo 1.

La teoría constructivista en la sociología

A. Teoría social y enfoque constructivista

1. La sociedad: realidad o elaboración. Disyuntiva en el marco de la teoría clásica

La historia de la sociología, como sucede con otras disciplinas científicas, desde su nacimiento ha estado marcada por el debate entre los mismos que la estudian y promueven. Más allá de la polémica con quienes ajenos a la disciplina sociológica pretendían negarle una posibilidad de reconocimiento en el concierto de las ciencias sociales, han sido los propios sociólogos quienes a través del debate y la crítica han ido construyendo el andamiaje sobre el cual se entienden las teorías, métodos, técnicas, tópicos y temáticas que aún hoy se trabajan. Pocos son los supuestos centrales en sociología que por sus características fundamentales han sido más debatidos, cuestionados y origen de diversas corrientes de pensamiento como lo ha sido disyuntiva entre considerar a la sociedad como una realidad per se, objetiva o como una elaboración de la psique humana, subjetiva.

Es verdad que este debate se encuentra fuertemente ligado, emparentado con el más añejo aún debate filosófico idealismo – materialismo, sin embargo en el ámbito de la sociología ha encontrado un singular campo fértil, no sólo para plantear formulaciones opuestas, apologistas o críticas de uno u otro extremo, sino un conjunto muy diverso de combinaciones y mezclas que presentan su propuesta propia, la defienden y en muchos casos dan origen a elaboraciones teóricas y programas metodológicos concretos.

Si bien existen diversas fuentes en este debate, son dos los autores los que a través de sus planteamientos y propuestas han logrado trascender en el tiempo y ser considerados como verdaderos fundadores o clásicos: Émile Durkheim y Max Weber. Las dos consignas a las que aquí nos referimos, son la de Durkheim que dice que la regla primera y fundamental es considerar los hechos sociales como cosas, y la de Weber que dice que tanto para la sociología en su sentido actual como para la historia, el objeto del conocimiento es el complejo de significados subjetivos de la acción.

La proposición de que es necesario tratar a los hechos sociales como cosas, desde luego es un planteamiento metodológico, es de hecho una recomendación para abordar el estudio de la sociedad, sin embargo al plantearse simplemente como posibilidad implica el que para quien la estudia, léase el sociólogo, es posible separarse de la realidad social, establecer una distancia y tratarla de manera “objetiva”, esto es, que implica la posibilidad de que la sociedad exista de manera separada de la existencia misma de los individuos. Aunque el mismo Durkheim no intentaba otorgarle un carácter ontológico a la afirmación de que se puede tratar a los hechos sociales como cosas, muchos otros autores posteriores a él han tratado de dar ese paso y con ello se ha conformado toda una tradición teórica en sociología.

Por su parte, la afirmación de Weber sobre los significados subjetivos de la acción, origina a su vez una tradición en sociología, al afirmar que la realidad es infinita e inconmensurable para el entendimiento humano, pues toda aproximación o teoría no es más que un nuevo punto de vista que se incorpora a la realidad de la cual forma parte. Para Weber el individuo es inseparable de la sociedad y lo contrario también es cierto. No existen de manera independiente, por lo tanto la sociedad misma implica un elemento de subjetividad que proviene del propio individuo que en ella actúa y que a la vez la interpreta.

La tradición que se desprende del planteamiento de Durkheim, es a la que Mardones y Ursúa (1980) denominan postura empírico-analítica y en la cual incorporan los trabajos del mismo Durkheim y sus antecedentes, especialmente los de Comte y Saint Simon, la elaboración de Popper sobre la lógica de las ciencias sociales, el paradigma científico de Kuhn e incluso la epistemología genética de Piaget.

Por su parte, la postura opuesta, que parte del pensamiento weberiano, denominada por Mardones y Ursúa, fenomenológica, hermenéutica y lingüística incorpora los trabajos del mismo Weber, los de Alfred Schutz, Gadamer, Wittgenstein, Von Wright, Geertz y Garfinkel.

Las dos grandes tradiciones, que continuadas por diversos sociólogos abordan diversos temas y asuntos en el campo de la sociología, pero tanto la una como la otra, de tiempo en tiempo hacen resurgir el tema de debate al que aquí se hace referencia, sobre la realidad social. Es cierto que como resultado del devenir y el constante debate, han surgido diversos esfuerzos integradores, el mismo Parsons (1999) manifestaba tal intención, pero sólo algunos planteamientos se pudieran considerar como verdaderamente integradores, uno de ellos precisamente es el constructivismo social, que toma las afirmaciones fundamentales ya señaladas de Weber y Durkheim y afirma que es probable que no sean totalmente excluyentes y que de hecho sean parte una de la otra. Como sucede con toda propuesta teórica en sociología, esta idea ha sido ampliamente debatida y ha dado origen a todavía más planteamientos y propuestas amplios y diversos. En este trabajo la perspectiva que se ha seleccionado es la elaborada por Berger y Luckman a finales de los años sesenta, misma que será descrita y explicada en la segunda parte de este capítulo.

Es en Europa en donde se ha desarrollado el interés por la integración acción-estructura que tiene componentes tanto objetivos como subjetivos. Archer (1988) considera que el tópico acción-estructura es el interés básico de la teoría social europea. De acuerdo con Ritzer (2001) en el área de la teoría social europea contemporánea se han producido cuatro grandes líneas de trabajo que pueden agruparse bajo el encabezamiento de integración acción-estructura. La primera es la teoría de la estructuración de Giddens (1984) quien contempla la acción y estructura como una dualidad, que no puede ser separada. Para Giddens (Corcuff, 1995) se debe recuperar la noción del agente humano cognoscente, que actúa en conciencia de lo que hace y de sus consecuencias, bajo ciertos límites, pero al fin competente para actuar con una conciencia práctica. La acción humana a través del tiempo se estructura y adquiere propiedades que van más allá del control que pueda ejercer cada actor y por lo tanto puede condicionar las futuras acciones humanas. (Giddens, 2000)

La segunda línea es la de Margaret Archer (1982) quien ve a la acción y la estructura como un dualismo, es decir que pueden y deben ser separadas para su análisis. Para Archer (1997) la acción humana acontece en el seno de estructuras ya dadas que a su vez moldea; la agencia que transforma lo puede hacer de forma radical y acelerada y al hacerlo se transforma a si misma. Por una parte se encuentra la acción humana y por otra se encuentran la estructura y la cultura, cada una de las cuales tiene una morfogénesis que puede ser estudiada de manera separada, pues presentan rasgos propios y cada una tiene poderes causales separados de las otras, aún cuando se encuentran vinculadas.

La tercera línea de trabajo es la de Pierre Bourdieu (1977, 1992) que en su sociología reflexiva aborda la cuestión como la relación entre el habitus y el campo de acción, el primero es una estructura mental o cognitiva internalizada mediante la que las personas se conducen en el mundo social y es a la vez productor y producto de la sociedad. A su vez, el campo de acción constituye una red de relaciones entre posiciones objetivas, a la relación entre habitus y campo Bourdieu la concibe como dialéctica. La cuarta línea de trabajo es la de Jurgen Habermas (1987) que aborda el tema de la colonización del mundo de la vida, que es un micromundo donde las personas interactúan y se comunican. A medida que los sistemas que tienen raíces en el mundo de la vida --pero desarrollan sus propias características estructurales-- se hacen más independientes y poderosos, ejercen control sobre el mundo de la vida hasta “colonizarlo”.

Existen también los esfuerzos por integrar las propuestas micro sociológicas con las macro sociológicas, que durante años tendieron a presentarse en extremos, por un lado en el extremo macro, el funcionalismo estructural de Parsons (1966), la teoría del conflicto (Dahrendorf, 1959) y algunas variantes de la teoría marxista (Blau, 1977) y en el nivel extremo micro, el interaccionismo simbólico (Blumer, 1969), la etnometodología (Garfinkel, 1967), la teoría del intercambio (Homans, 1974) y la teoría de la elección racional (Coleman, 1990). Más allá de estas posiciones extremas, mismas que aún en su carácter extremo presentan aspectos, elementos, momentos o incluso categorías residuales (Alexander, 1999) que las vinculan con el otro extremo. De hecho puede afirmarse que en una lectura detallada de cualquiera de la obra de los diversos autores y dejando a un lado toda intención clasificadora o etiquetadora de sus respectivos documentos, se puede observar una confluencia en el tratamiento de los temas macro (colectivos) y micro (individuales) en toda teoría social que como tal se considere.

Además, derivadas, relacionadas o vinculadas con estas posiciones extremas, se han elaborado diversas propuestas teóricas que incorporan elementos de uno u otro extremo y se ubican, por los temas y asuntos que abordan, más cerca de alguno o de otro. Tal es el caso de la teoría de Berger y Luckmann, que indudablemente se posiciona en el nivel micro sociológico pero cuyas explicaciones y conclusiones se refieren también al ámbito colectivo o macro sociológico.

Antes de entrar directamente a la elaboración de Berger y Luckmann, se hace necesario presentar una mayor discusión acerca de lo que se ha llamado constructivismo social o como recientemente ya se le denomina, de “los constructivismos”.

2. Esfuerzo integrador: el constructivismo social

El termino “constructivismo” es hoy día, prácticamente omnipresente y ciertamente significa diferentes cosas para diferentes personas. El constructivismo es un campo muy amplio, el término ‘constructivismo' parece estar de moda, casi siempre usado livianamente sin una clara definición del mismo, y sin claras conexiones a una base epistemológica. Michael Matthews dice al respecto que mientras hay “…innumerables artículos constructivistas, es raro encontrar uno con una epistemología totalmente definida, una teoría de aprendizaje, teoría educacional, o posiciones éticas o políticas” (Matthews, 2000).

Para intentar encontrar un orden o un hilo conductor en la vasta producción sobre constructivismo desde diversas fuentes, se puede partir de la diferenciación que establece Chadwick (2005) quien afirma que hay que tomar en cuenta dos constructivismos. El primero de ellos trata sobre los conocimientos desarrollados durante el curso de la historia de la humanidad, mismos que son construcciones humanas organizadas en campos tales como política, ideologías, valores, el ejercicio del poder y la preservación del estatus, creencias religiosas e interés personal económico. Esta tesis niega que las disciplinas sean el reflejo objetivo de un “mundo externo”. Este tipo es frecuentemente denominado constructivismo social, o deconstruccionismo o incluso postmodernismo. Por su parte, hay un segundo “constructivismo”, ha sido llamado constructivismo psicológico y es una manera de entender cómo los individuos aprenden, sugiriendo que ellos construyen activamente su propio (interno) conjunto de significados o interpretaciones y que el conocimiento no es una mera copia del mundo externo, ni tampoco se adquiere por la absorción pasiva o por la simple transferencia de una persona (maestro) a otra (alumno). El conocimiento se construye, no se adquiere.

El que interesa particularmente en este trabajo es el constructivismo social, que ha sido trabajado por muchos y muy diversos autores y puntos de vistas, que llegan incluso a planteamientos extremos contradictorios en el seno del mismo constructivismo. Muchos autodenominados constructivistas afirman que todas las verdades son cuestiones de acuerdos o meramente “construcciones”, es decir toman una posición radical de relativismo en la que cada individuo construye su propio mundo. Matthews (2000) resume la posición constructivista radical de von Glaserfeld por tomar un ejemplo, en los siguientes puntos: a) el conocimiento no es sobre un mundo que depende de un observador b) el conocimiento no representa tal mundo c) el conocimiento se refiere a la experiencia individual más que al mundo y d) no hay una realidad extra-experiencia racionalmente accesible. En este ejemplo extremo se observa la idea de que o existe un mundo completamente externo por el cual verificamos las afirmaciones del conocimiento, o la verdad reside exclusivamente en lo que los grupos individuales construyen. Von Glaserfeld (1995) propone esto último cuando dice que no hay una realidad racionalmente accesible.

No todos los constructivistas son tan radicales como Von Glaserfeld. En términos de aceptación o insistencia en el concepto básico del constructivismo social hay un amplia variedad de opiniones desde radicales hasta reaccionarias. En este último extremo, se ubican quienes sostienen, refiriéndose al problema del conocimiento científico, que la ciencia se transforma en verdaderamente científica cuando se despoja de cualquier trazo de construcción social; mientras que un conservador diría que a pesar de que la ciencia pretenda escapar de la sociedad siguen existiendo factores que se filtran e influencian su desarrollo. En el medio, estaría la multitud de autores que agregan un poco de naturaleza a un poco de sociedad y rechazan los dos extremos.

Ambos extremos y sus infinitas formas de combinarse abordan un asunto del cual no pueden escapar: el problema del conocimiento. En el caso de la sociología, es justamente la sociología del conocimiento la que en todo momento ha reconocido la relevancia del constructivismo. En la sociología del conocimiento no se discuten ya los méritos del constructivismo, especialmente la sociología del conocimiento científico, está dominada por este enfoque. El punto central de acuerdo es que “las aserciones cognitivas de la ciencia son invenciones humanas cuyo origen y validez se establece en procesos sociales contingentes que deben investigarse como fenómenos empíricos”. (Barnes, 1993-94)

En las mismas ciencias sociales algunas ideas claves pueden ser remontadas al trabajo del teórico social Alfred Schutz, y a otras figuras precursoras en la sociología del conocimiento, en la tradición del interaccionismo simbólico y en la antropología social.

El mérito de la sociología constructivista es haber depuesto la descripción de la ciencia implícita en la epistemología tradicional, haber mostrado que el individualismo, el realismo y el racionalismo son bases inadecuadas para caracterizar el conocimiento científico, y haberlo redescrito en referencia a la acción colectiva, la convención y la justificación contingente.

En el mismo marco de la sociología del conocimiento, la así denominada "sociología hermenéutica del conocimiento" está fundamentada en una tradición de ciencias sociales de expreso carácter centroeuropeo, basada a su vez en la tradición humanística, orientándose igualmente en base al análisis empírico. La sociología hermenéutica del conocimiento, parte de la teoría de Weber, recibió su fundamentación fenomenológica por medio de Schutz y su perfil definitivo como sociología del conocimiento por medio de Berger y Luckmann. El objetivo de la "sociología hermenéutica del conocimiento" es la reconstrucción de las "construcciones sociales de la realidad". Quienes representan esta corriente sociológica comparten la idea central de que una teoría "pura", desvinculada de la investigación empírica, carece de justificación epistemológica, por tanto expresan un profundo escepticismo y animadversión frente a cualquier aspiración de establecer una teoría general ahistórica de las ciencias sociales. En este sentido, la reivindicación de Weber a favor de una ciencia de la acción social asentada en el "Verstehen" es, el punto de partida de esta corriente teórica. De Schutz (1932, 1971-1972) derivan la precisión y concreción basada en el concepto weberiano y realizada a través de una fundamentación de la teoría social en la fenomenología mundana. La concreción y el desarrollo llevados a cabo por medio de la aplicación del método fenomenológico desarrollado por Husserl, permitió la descripción de las invariables "estructuras del mundo de la vida" (Schutz y Luckmann 1974). La reformulación de la sociología del conocimiento como tarea dedicada, no tanto al análisis de formas del conocimiento particulares de los intelectuales o de las "ideas", sino a la investigación de la estructura del conocimiento cotidiano y los procesos de externalización, objetivación e internalización por Berger y Luckmann (1969) dio forma a este nuevo programa teórico. El objetivo de una sociología así entendida es la reconstrucción de las "construcciones sociales de la realidad".

Luckmann muestra, partiendo del constructivismo social desarrollado por él mismo junto con Berger (1969), "que el análisis constitucional fenomenológico y la reconstrucción empírica de las construcciones humanas de la realidad se complementan mutuamente". Por su parte Honer desarrolla, basándose en el concepto del "mundo de la vida" ("Lebenswelt"), posibles aspectos conjuntos con la discusión sobre la pluralización y la fragmentación del conocimiento en la edad moderna, abogando por una sociología del conocimiento enfocada hacia la Lebenswelt, que se centre en el análisis de los "pequeños mundos de la vida", recuperando la terminología propuesta por Benita Luckmann (1970).

Para el constructivismo, hay un conjunto de ideas centrales que vale la pena destacar aquí y que se refieren a la forma en que se construye la realidad. Cualquiera que sea el estatus que se le asigne al mundo de la realidad en sus planos materiales, sociales o temporales, puede probarse que no contiene una colección de objetos identificables, apreciables de manera universal para todos sus observadores. Las teorías constructivistas tienen como preocupación central los procesos de construcción de realidad que acompañan a los sistemas cognoscitivos cuando experimentan sus observaciones en sus propias vidas como cambios, desarrollo o aprendizaje. En el constructivismo, el mundo de la realidad emerge como aplicaciones de observación utilizadas por un observador, para describir algo que surge entre quien conoce y un objeto, lo que constituye la base para sus futuras confirmaciones o nuevas distinciones.

Como indicaciones de diferencias las observaciones tienen efectos constitutivos, actúan sobre el conocer y el observador que conoce, definiendo compromisos para su reproducción, es decir, su futuro. En este sentido, el total desarrollo de la realidad es una construcción ininterrumpida. Por eso, el constructivismo de ninguna manera niega la existencia y la realidad del mundo, por el contrario, su tema consiste en explicar cómo sostiene su estabilidad.

“Cuando se habla de realidad se hace desde el conocimiento, no hay posibilidad de realidad sin conocimiento, ni sin distinciones, ni sin observadores que las apliquen, ni sin comunicaciones que la informen. La realidad es construida”. (Luhmann, 1999, 75)

Así, no cabe discutir la existencia de la realidad, en su sentido óntico o esencialista, pues antes de todo, aunque, la realidad como tal sea inaccesible, no significa que se la ignore.

Desde el constructivismo no se duda que exista el entorno (realidad externa) y mucho menos que sean posibles contactos reales con éste, pero aparece de la mano de las distinciones de las que un observador dispone y en ese caso el mundo, inevitablemente se modifica, así el hecho de conocer tiene un carácter dialéctico.

Las ideas antes descritas acerca de la sociología del conocimiento y el auge del término “constructivista” han abierto la puerta para que la sociología y los estudios sociales aborden directa y abiertamente la elaboración de aproximaciones y elaboraciones de la realidad social considerada como construcción objetiva y subjetiva simultáneamente, ya sea en un sentido dual, dualista o dialéctico.

Sin embargo, como sucede en general en la sociología y en las ciencias sociales, la postura constructivista ha sido objeto de numerosas críticas, correcciones y reinterpretaciones, tantas como versiones del constructivismo existen en la actualidad. A continuación se abordan algunas de ellas para ilustrar los aspectos que principalmente son discutidos en torno a la validez del constructivismo social.

3. Detractores del constructivismo: críticas y aportaciones

El auge reciente del término constructivismo lleva en sí mismo un riesgo, el que todo aquel que desee instalarse en los “temas actuales” o utilizar los “vocablos en boga”, tiene a su disposición la oportunidad de introducirlos subrepticiamente en todo discurso, tenga o no sentido o relación con el tema del que toma los vocablos. Tal ha sucedido con el constructivismo, que en ese ir y venir ha desembocado en múltiples y muy variados malentendidos y sobreentendidos. Esta situación a su vez ha propiciado furiosas críticas a sus planteamientos aunque muchos de ellos se dirigen a las versiones “ligeras” o superficiales del constructivismo, en muchas ocasiones abordan aspectos que resultan centrales y que pueden ser tomados como verdaderos cuestionamientos al programa constructivista, particularmente al constructivismo social.

Una de las más duras críticas proviene de los defensores del racionalismo que encuentran en el constructivismo una suerte de relativismo que nada tiene que aportar, a decir de estos autores, los constructivistas quedan entrampados en el problema de aparecer diciendo que todas las verdades son cuestiones de acuerdos o meramente “construcciones”, lo que los condena a una forma de relativismo radical e insostenible, una posición de solipsismo en la que cada individuo construye su propio mundo. El problema es que la “verdad por convención” no funciona, o la convención que gobierna la verdad es que la verdad no es materia de convenciones (Howe & Berv, 2000).

En esta misma línea, un filósofo ha sugerido: “"Primero, mucho de la doctrina conocida como “constructivismo”…es simplemente ininteligible. Segundo, en la medida que es ininteligible… es simplemente confusa. Tercero, hay una completa ausencia de cualquier argumento para cualquier posición que se pueda delinear… En general, lejos de ser lo que se supone que es, concretamente, la ‘Nueva Era de la filosofía de la ciencia'… un oído perceptivo puede detectar la voz familiar de un realmente bastante primitivo empirismo tradicional subjetivo, con algunas insinuaciones de diversa procedencia como Piaget y Kuhn" (Suchting, 1992).

El constructivismo para sus críticos, afirma que las únicas herramientas disponibles para el portador de conocimiento son los sentidos, lo que implica el enfoque de la “tabla rasa”. Dicen que es sólo escuchando, tocando, oliendo, viendo y probando que un individuo puede interactuar con su medio y construir una imagen del mundo. Esto implicaría que el conocimiento reside en cada individuo: nuevamente el solipsismo y el relativismo del conocimiento.

Es precisamente por la posición del constructivismo en torno al conocimiento, y particularmente frente al conocimiento científico que se le ha ubicado junto a otras propuestas teóricas y ha sido atacado, por sumarse a una supuesta “cruzada posmoderna contra la ciencia”, que se caracteriza por permutar el «modelo objetivo» por el «modelo moral» (D'Andrade 1995). Es decir por confundir hechos con valores, en un desmesurado subjetivismo (Carrithers 1990, Bunge 1995, D'Andrade 1996, Spiro 1996, Harris 2000). Su epistemología implica la resurrección de todo tipo de idealismos filosóficos y una reacción contra el positivismo, tomado erróneamente como objetivista y caricaturizado después (O'Meara 1989, Spiro 1992, Roscoe 1995, etc.)

De acuerdo con este grupo de críticos, este error tuvo en la antropología y yo añadiría que también en la sociología, un efecto indirecto, pues al “tomar el positivismo por algo que realmente no era propició el rechazo explícito de la metodología científica por completo. Se considera así que la subjetividad humana imposibilita la ciencia y, en todo caso, el subjetivismo humano acaba con la posibilidad de que la ciencia descubra la verdad objetiva. Según el argumento político, supuestamente progresista, la objetividad no es más que una ilusión que responde a una ideología para subvertir a los grupos oprimidos, mujeres, grupos étnicos y tercer mundo” (Spiro 1996).

En la misma línea de críticas, pero haciendo referencia a la preeminencia del análisis del lenguaje que se ha favorecido en el constructivismo como método, argumentan los críticos “una cosa es ser consciente de las (muchas y muy diversas) dificultades que halla una investigación que exija, en pro de la objetividad, datos replicables y comprobables por otros observadores. Otra cosa distinta es, sin embargo, dar por sentado la imposibilidad de lo anterior, recurriendo entonces a las fáciles operaciones privadas, idiosincrásicas y no comprobables. Optar por esta última opción conlleva ciertos disparates. El hecho de que no exista perspectiva absoluta es exactamente la razón por la cual se hace necesario un estándar de verdad objetivo”

Por último, en la misma línea sobre el conocimiento científico, los críticos consideran que el constructivismo, como otras posturas críticas posmodernas dan por sentado que el proceder lógico, causal, inductivo o deductivo, realista, es una mera ideología occidental y que en ningún momento han logrado rebatir a autores como Hull o Barber, quienes muestran que la ciencia surge en diferentes momentos, espacios y, aunque en distintos grados y direcciones, en la mayor parte de las sociedades históricas. En cierto sentido esta crítica es una reacción a la posibilidad de que el conocimiento científico sea sólo una convención o una construcción social más, como otras y por cierto no superior a otras, como muchos científicos afirman.

Si bien el constructivismo en general y el constructivismo social en particular, tienen o implican una vertiente en la que el conocimiento humano juega un papel fundamental, al devolver al individuo la competencia para actuar concientemente y de aceptar o rechazar las constricciones o restricciones ambientales; plantear que esto es equivalente a un relativismo a ultranza, en el que cada individuo crea su propio mundo a través de lo que conoce, me parece que conlleva a una simplificación que difícilmente se puede sostener y que ninguno de los teóricos del constructivismo sostiene. Es verdad, sin embargo, que en algunos planteamientos constructivistas se soslaya la cuestión de que el individuo construye sus conocimientos de manera mediada, por la sociedad, el ambiente, su propia conciencia y no conciencia, por normas y leyes y otros muchos aspectos que existen fuera de él, independientemente de que los conozca o no directamente. En este sentido es importante establecer una vigilancia permanente en los planteamientos teóricos y empíricos dentro del constructivismo para evitar los errores que señalan los críticos.

Otro conjunto de críticas provienen de la filosofía de la ciencia, especialmente de quienes estudian la epistemología tradicional y encuentran en la epistemología constructivista grandes vacíos que dejan con pocas posibilidades de aportar algo novedoso o importante a cualquier clase de constructivismo.

Los críticos desde este ángulo afirman que puesto que los sociólogos constructivistas ni se oponen al mareo evaluativo de la epistemología tradicional, ni renuncian completamente a un interés en la evaluación, puede afirmarse que deben compartir la perspectiva evaluativa de la epistemología tradicional que tan ávidamente rechazan. A continuación se hace una exploración en detalle de esta afirmación.

Para muchos sociólogos constructivistas, el comprender la ciencia como un logro colectivo, tiene la intención de menguar su honor y debilitar su autoridad, tal como sucede con los epistemólogos racionalistas, que emplean la referencia a los procesos sociales colectivos para producir evaluaciones negativas, expresan su concepto sobre la mejor forma de un individuo exento de constricciones sociales, no el individuo racional de la epistemología tradicional, sino un primo cercano, un individuo libre creativo, de imaginación irrestricta, una fuente de diferencia y de diversidad. (Barnes, 1993-1994, 10) Está también la oposición racional/contingente que es el núcleo mismo del dualismo de la epistemología tradicional. La racionalidad separa a los seres humanos del mundo material inanimado. Los seres humanos se mueven por razones, los objetos materiales por causas. Cualquier intento de explicar la conducta humana, por referencia a causas, genera una gran ansiedad, pues amenaza con asimilar el valioso ámbito de la acción humana autónoma al ámbito sin valor intrínseco de lo no-humano. Muchos constructivistas también comparten esta preocupación. Por ejemplo, aparece claramente en la obra de Harry Collins (1990), un crítico incondicional de la epistemología tradicional que, sin embargo, ha trabajado durante muchos años para sostener precisamente esa concepción de la acción libre contra las pretensiones del movimiento de la inteligencia artificial. Y Collins no es una excepción: muchas de las corrientes actualmente favorecidas en la sociología constructivista de la ciencia evitan todo desdibujamiento de la oposición clave humano/ no-humano, una de ellas por citar un ejemplo es la Actor Network Theory (ANT) desarrollada a partir de las contribuciones de Latour (1986) y Callon (1986, 2004)

En este sentido, no sólo puede sostenerse que muchos sociólogos constructivistas de la ciencia han sido asimilados por el proyecto de la epistemología tradicional sino también que han aceptado el marco de trabajo dentro del cual ha sido llevado adelante ese proyecto y que, además, lo han aplicado con propósitos evaluativos justo al modo tradicional. Sólo algunas pequeñas diferencias relativas a como se debería distribuir la autoridad cognitiva en la sociedad separan a los sociólogos de los filósofos: formalmente, sus posiciones están muy cercanas.

Otro punto objeto de crítica en el constructivismo es la distinción entre «lo individual» y «lo social». En este rubro, los críticos afirman que los sociólogos y otros científicos humanos no deberían reconocer sino variedades de fenómenos empíricos estrechamente análogos. Al igual que la sociología constructivista hace visible la actividad constructiva colectiva, generalmente dada por sentada e ignorada, la psicología y la fisiología hacen visible la actividad constructiva individual. Para la sociología, y en general para las ciencias humanas, cualquier clasificación de los fenómenos en colectivos e individuales tiene sentido sólo como un conveniente arreglo pragmático dada la existencia de la especialización académica y la división del trabajo intelectual.

Los sociólogos del conocimiento no deberían buscar de ningún modo minimizar el rol del mundo real, o mundo material, o entorno físico y aún menos deberían despreciar la relevancia de la actividad referente. Esta actividad tiene una inmensa importancia sociológica, pero la falta inicial de interés, un repertorio de métodos diseñados para recoger sólo palabras y un sistema de comunicación basado casi completamente en libros y artículos ha ocasionado, que haya llegado a ser casi invisible en muchas áreas del campo de la sociología. Continúan los críticos, que prestar atención a las actividades referentes revelará algo sobre las importantes diferencias entre nuestro conocimiento de la naturaleza y lo que, puede denominarse como nuestro conocimiento de la sociedad. Sin duda, ambos tipos de conocimiento son socialmente construidos, aceptados por convención, sujetos a revisión e indeterminados en sus aplicaciones futuras; por lo tanto, el uso de ambos tipos de conocimiento requiere de estudio sociológico. Sin embargo hay cuando menos una diferencia fundamental: el conocimiento de la sociedad es auto-referente, mientras que el conocimiento natural no lo es.

Los usuarios de cualquier clase de conocimiento lo controlan, contrastan y comprueban constantemente, lo evalúan, modifican y reevalúan; y éstas son actividades referentes. Cuando se cuestiona el conocimiento natural, los actores se refieren en último análisis, al entorno físico externo, a los objetos naturales si se quiere, para comprobar la validez/aceptabilidad de su conocimiento. Lo que confirma el conocimiento válido es la idoneidad percibida como descripción de alguna entidad externa independiente. Sin embargo, cuando la validez del conocimiento sobre la sociedad está en cuestión, los actores se refieren a la práctica de otras personas. Y normalmente ocurre que la práctica de esa gente que confirma o valida el conocimiento supone y da por sentado ese conocimiento.

Si bien existen distintas formas en que se ha establecido el constructivismo en diversas disciplinas, el tema que siempre surge es el del conocimiento, por lo tanto seguirá siendo objeto de debate, crítica y seguirá generando grupos de apologistas y de encarnizados enemigos. Más aún cuando se presenta en tantas y tan diversas formas, aún en la sociología.

El constructivismo aborda siempre al ser humano, como sujeto que conoce, independientemente de qué clase de conocimiento sea el referido, tal conocimiento desde luego se construye tanto como conocimiento común como erudito. Tal vez esta es la única diferenciación que realmente suscribirían los teóricos del constructivismo. Otras distinciones como es el caso de la distinción entre ciencias naturales y sociales no son aclaradas suficientemente por los teóricos y por ello han recibido fuertes críticas. Sin embargo, el que no se haya abordado en profundidad, no niega el argumento fundamental de que el conocimiento en todo caso es socialmente construido. Aquí es importante señalar que lo construido es el conocimiento humano de la realidad, no la realidad sin humanos. Del mismo modo, el constructivismo reconoce que existen una serie de aspectos que limitan el conocimiento humano, algunos de ellos son de origen social y otros son de origen individual, por lo tanto aparece esta distinción, lo cual no significa que existan dos procesos de construcción, como algunos críticos argumentan.

Quiero insistir aquí, que sin embargo, hoy podemos encontrar muchas variantes del constructivismo, en un muy amplio espectro, en cuyos extremos están las posiciones a favor o en contra del relativismo, el racionalismo, el subjetivismo, el materialismo, el idealismo o el evolucionismo. Es por ello que a continuación se desarrolla en detalle la propuesta teórica seleccionada para esta tesis, misma que pretende hacer una integración entre las posiciones objetiva y subjetiva de la sociedad o en los términos de Ritzer, aproximación acción –estructura, y que por lo tanto queda lejos de gran parte de las críticas al constructivismo aquí presentadas. La teoría elaborada por Berger y Luckmann se ubica en el camino de la conformación de una sociología constructivista, pero también es una propuesta micro-sociológica, por los temas y objetos en los que centra su atención principal: la sociología de la vida cotidiana.

B. La construcción social de la realidad en Berger y Luckmann

1. La vida cotidiana y su papel en la construcción de la realidad

En su ya clásico tratado sobre sociología del conocimiento, Peter L. Berger y Thomas Luckmann (1968) quienes a pesar de iniciar el prefacio advirtiendo que no pretenden promover ningún debate, terminan haciéndolo al sintetizar ideas y planteamientos que provienen de diversas fuentes, pero que particularmente rinden tributo a las ideas de Alfred Schutz y sobre las cuales se cimientan gran parte de sus planteamientos. Las aportaciones de Berger y Luckmann, que durante mucho tiempo tuvieron un carácter local centrado sobre todo en sus universidades y entre algunos sociólogos interesados en el tema del conocimiento en Estados Unidos, en años recientes se ha encontrado con nuevos lectores y con un auge que seguramente ni los propios autores esperaron cuando escribieron originalmente el libro.

Ambos autores nacieron en la década de los años veinte, Berger en Viena y Luckmann en Eslovenia, ambos estudiaron en Viena y acabaron emigrando a Norteamérica. Berger inmediatamente después de la segunda guerra mundial y Luckmann a comienzos de la década de los cincuenta. Coinciden en la New School for Social Research en Nueva York como estudiantes posgraduados.

Luckmann fue colaborador de Alfred Schutz y es quien recupera no sólo sus ideas sino sus textos y los trae a la discusión teórica actual, su trabajo junto a Berger aparece influenciado tanto por una larga tradición de filosofía fenomenológica como por la sociología comprensiva de Weber y la teoría social de Durkheim. Aunque escribieran el tratado a finales de los sesenta, es precisamente cerca del final del siglo XX cuando, coincidentemente con el auge del constructivismo psicológico de Piaget, la obra de estos autores toma relevancia en la sociología y no únicamente en la sociología del conocimiento.

Para Berger y Luckmann, la realidad logra su establecimiento en la sociedad y en los individuos, como una consecuencia de un proceso dialéctico entre un elemento “objetivo” que incluye a las relaciones sociales, los hábitos tipificados y las estructuras sociales, y un elemento “subjetivo” que integra a las interpretaciones simbólicas, la internalización de roles y la formación de identidades individuales; para ellos, lo que interesa es explicar la forma en que la realidad toma forma en y para el individuo, a través del conocimiento. Por ello es que su tratado elabora una sociología del conocimiento distinta a la hasta entonces escrita, y que tiene sus raíces en el pensamiento de Mannheim, y que toma forma en la obra de Max Scheler, una sociología del conocimiento que debería ocuparse de cómo interpreta y construye la realidad, en particular y haciendo énfasis en la realidad de la vida cotidiana.

Es así que, para Berger y Luckmann, la realidad se construye socialmente y la sociología del conocimiento debe ocuparse de analizar los procesos a través de los cuales esto se produce y para los cuales proponen los elementos que estructuran la tríada: “realidad interpretada/significado subjetivo/mundo coherente”, que son la conciencia, que define la intención y la búsqueda de objetos; el mundo intersubjetivo, que se comparte con los demás; la temporalidad, como carácter básico de la conciencia (orden temporal); la interacción social, que crea esquemas tipificadores; el lenguaje, como elemento clave objetivo (externo al individuo) que facilita la estructuración del conocimiento en términos de relevancia.

Berger y Luckman centran su análisis en la vida diaria, lo cotidiano, puesto que la vida diaria, es la imagen más visible y reconocible de la realidad: las pautas de comportamiento, los actores y los agentes de la dinámica social, los mecanismos de socialización que llevan al equilibrio cotidiano y lo predeterminan, la vida diaria, el ‘sentido común’. Se ha seleccionado el enfoque analítico de Berger y Luckman para trabajar la presente tesis como posibilidad para entender al turismo, actividad que se ha instalado en la vida cotidiana de los pueblos, especialmente de los occidentales, como será revisado en el capítulo dos.

La realidad de la vida cotidiana se comparte con otros, siendo la situación “cara a cara” la más importante de las experiencias de interacción social y de la cual se derivan todas las demás situaciones de interacción. En la situación de interacción cara a cara, el Otro es completamente real. Esta presencia puede ser próxima o remota y varía de acuerdo a la “distancia” que se vaya tomando del otro. En uno y otros casos, el otro es perfectamente real aunque llegue a constituir algo tan lejano y anónimo como lo que se denomina “opinión pública”. La relevancia centra de la interacción cara a cara para Berger y Luckman ha sido retomada en el análisis de la interacción turística cara a cara por excelencia, la interacción entre anfitrión y turista.

La realidad social es objetiva

La realidad social de la vida cotidiana es aprehendida a través de continuas tipificaciones que se vuelven progresivamente anónimas a medida que se alejan del “aquí” y “ahora” de la situación “cara a cara”. En un polo están los otros con los que interactúo intensamente y en el otro polo hay abstracciones sumamente anónimas que por su misma naturaleza nunca pueden ser accesibles en un “cara a cara”.

El individuo en esta realidad, aparece entonces como un producto social, definido por las sedimentaciones del conocimiento que conforman su biografía, su ambiente y la totalidad de su experiencia, que a su vez determinan el rol que el individuo va a jugar en el espacio social. Este espacio social que tampoco forma parte de la naturaleza como tal, sino que es una construcción social. En síntesis, los autores destacan tres momentos básicos en este proceso: la sociedad es un producto humano; la sociedad es una realidad objetiva; el hombre es un producto social.

Los autores analizan en su obra el proceso de construcción de la sociedad como realidad objetiva, del cual destacan dos momentos básicos: la institucionalización y la legitimación. Berger y Luckmann se confiesan en diversos momentos deudores de las teorías de Mead, y en especial de la formación del yo humano (Self). El ser humano se forma en interacción con su ambiente cultural y el orden cultural y social. El orden social, sin embargo, no es considerado como externo e impuesto al individuo, sino que aparece a través de una relación dialéctica con éste, como producto humano. La realidad institucionalizada tiene su origen, por tanto, en la tendencia a la tipificación del ser humano, lo cual le facilita estabilidad pero simultáneamente le permite la innovación constante. Esta institucionalización conlleva la tipificación recíproca de acciones entre actores, hasta el extremo de llegar a convertirse en una forma de control social. En este sentido es que el comportamiento institucionalizado se reifica, se vive como experiencia objetiva y externa a la voluntad del individuo. El proceso de institucionalización que se presenta en todas las dimensiones de lo social, desde luego se presenta en el caso del turismo, lo cual se analiza en el capítulo cuatro de esta tesis, pero que aquí puede apuntarse que todas las tipificaciones institucionalizadas en el turismo son definitivamente productos del hombre, sin embargo son percibidas por el mismo como algo objetivo, externo a sí mismo.

Pero para que esta institucionalización se haga efectiva, es indispensable la existencia del lenguaje, el cual sedimenta y objetiva las experiencias compartidas y las hace accesibles a todos los que pertenecen a la misma comunidad lingüística; el lenguaje entonces constituye la base más estable del conocimiento y medio por el que él mismo se distribuye colectivamente. La realidad social nace de una construcción dialéctica continua, a través del constante consenso de sus actores, por ello es que la comunicación juega un papel muy relevante en el proceso. Por un lado, en las relaciones interpersonales, en los individuos que buscan el consenso, y por otro, en la comunicación de las instituciones que fijan las pautas de la convivencia y la participación, con lo que a su vez regulan la distribución social del conocimiento y el reforzamiento del consenso institucional de toda sociedad concreta.

Los medios de comunicación a su vez, intervienen en los procesos de ‘socialización secundaria’, posterior al proceso de interiorización individual del mundo natural exterior, y basada en los valores de la estructura social.

A su vez, la realidad de la vida cotidiana está llena de objetivaciones y es posible únicamente mediante ellas. La significación es un caso especial de objetivación y se refiere a la producción humana de signos, los cuales se agrupan en sistemas: gesticulatorios, movimientos corporales pautados, grupos de artefactos materiales, etc. El simbolismo y el lenguaje simbólico llegan a ser constituyentes esenciales de la realidad de la vida cotidiana y de la aprehensión que tiene de esta realidad el sentido común.

Entre los sistemas, es el lenguaje el más importante de la sociedad humana, pues permite construir las objetivaciones comunes de la vida cotidiana, lo que hace que la comprensión del lenguaje sea esencial para cualquier comprensión de la realidad de la vida cotidiana. En el ámbito del turismo, el lenguaje a su vez ocupa una posición central particularmente en la interacción entre turistas y anfitriones con distintos sistemas lingüísticos, esto se revisará en detalle más adelante, en el capítulo cuatro de esta tesis.

Para Berger y Luckmann, el lenguaje es capaz de transformarse en depósito objetivo de grandes acumulaciones de significados y experiencias que se pueden preservar a través del tiempo y ser transmitidos a próximas generaciones, por lo tanto trasciende el tiempo de la vida cotidiana, de la relación cara a cara.

Además, el lenguaje es capaz de trascender la realidad de la vida cotidiana, pues permite construir representaciones simbólicas que parecerían dominar la realidad de la vida cotidiana como si fueran presencias de otro mundo: la religión, la filosofía, el arte y la ciencia.

El lenguaje constituye campos semánticos o zonas de significación lingüísticamente circunscritos y dentro de estos campos semánticos se posibilita la objetivación, la retención y la acumulación de la experiencia biográfica e histórica. Esta acumulación forma un acopio social de conocimiento que se transmite de generación en generación y está al alcance del individuo en la vida cotidiana. Esto permite a los individuos su “ubicación” en la sociedad y posibilita que se conduzcan de manera apropiada cuando participan del cúmulo social de conocimiento.

La acumulación social de conocimiento produce diferenciaciones dentro de la realidad de acuerdo con los diversos grados de familiaridad, el conocimiento sobre el propio mundo es muy abundante y específico, mientras que del mundo del otro se tiene un conocimiento muy esquemático. El conocimiento de la vida cotidiana se estructura en términos de relevancias, algunas de las cuales se determinan los propios intereses inmediatos y otras por la situación general en se encuentra el individuo dentro de la sociedad.

En cuanto a la distribución social del conocimiento, los autores dicen que diferentes individuos y tipos de individuos poseen el conocimiento social en grados diferentes, en función de su propia experiencia, su ubicación en la sociedad y la misma riqueza de las interacciones cara a cara que han transcurrido en su biografía particular.

El acervo de conocimiento en la sociedad determina el nivel de integración existente para un orden institucional dado: constituye la dinámica motivadora del comportamiento institucionalizado, define las áreas institucionalizadas del comportamiento y designa todas las situaciones que en ellas caben. Así, aparecen los roles como “modos de conducta tipificados” y como realización de la distribución social del conocimiento, al concentrarse en determinado tipo de roles el acceso a cierta clase de conocimiento especializado.

El conocimiento institucionalizado, no se impone de igual forma sobre el conjunto de individuos, en la práctica existe una relación dialéctica entre conocimiento y base social, lo que a menudo da lugar a diversos subuniversos de significado dentro del conjunto social a los cuales denominan “comunidades de sentido”. Es claro que en esta parte el lenguaje cumple una función imprescindible: como forma de extender la comprensión y el sentido de la realidad de una manera consistente y coherente con la realidad subjetiva de los individuos, fundamentalmente, a través de la creación de universos simbólicos. Tal existencia de comunidades de sentido en el ámbito del turismo, tanto en los sitios de destino de turistas como en el sitio de su residencia de origen se puede observar de manera clara y podría dar lugar a muy detallados análisis sobre la forma en que el hombre va transitando a lo largo de un recorrido turístico por diversas comunidades de sentido.

La institucionalización

Los autores se preguntan de qué manera surge el propio orden social y se responden diciendo que el orden social es un producto humano o una producción humana constante, realizada por el hombre en el curso de su continua externalización. El orden social humano no se da en el ambiente natural, esto es que no forma parte de la “naturaleza de las cosas” y no puede derivar de las “leyes de la naturaleza”, existe únicamente como producto de la actividad humana, tanto por su origen como por su existencia misma, el orden social es un producto humano.

Toda actividad humana está sujeta a la habituación, es decir, que todo acto que se repite con frecuencia crea una pauta que más tarde puede reproducirse con economía de esfuerzos y que es aprehendida como pauta por el que la realiza.

Estos procesos de habituación son los que anteceden a toda institucionalización, misma que aparece cuando se da una tipificación recíproca de acciones cotidianizadas por determinado tipo de actor y es sometido a control social. El actor a su vez percibe al mundo como institucionalizado cuando lo experimenta como realidad objetiva, cuando tiene una historia que antecede al nacimiento del individuo y no es accesible a su memoria biográfica. Este es el mecanismo por el cual las instituciones ejercen sobre el individuo un poder de coacción. Así las instituciones son objetivaciones de la actividad humana, en las cuales la relación entre el hombre (productor) y el mundo social (su producto) es dialéctica, interactúan.

La legitimación del orden institucional es aprendida por las nuevas generaciones durante el mismo proceso que las socializa dentro del orden institucional.

Las instituciones se encarnan en la experiencia individual por medio de los roles. Al desempeñar roles, los individuos participan en un mundo social y al internalizar dichos roles, ese mismo mundo cobra realidad para ellos subjetivamente. Los roles representan el orden institucional. Ni la institución ni la obra existen empíricamente fuera de esta realización recurrente. Los roles representan instituciones ya que posibilitan que ellas existan, una y otra vez, como presencia real en la experiencia real de individuos concretos.

Cada rol brinda acceso a un sector específico del acopio total de conocimiento que posee la sociedad, lo cual implica una distribución social del conocimiento y dada la acumulación histórica de conocimiento en una sociedad, a causa de la división del trabajo, el conocimiento de roles específicos aumentará en una proporción más rápida que el conocimiento de lo que es relevante y accesible en general: surgen especialistas. Los especialistas se convierten en administradores de los sectores del cúmulo de conocimiento que les ha sido adjudicado socialmente.

La institucionalización no es un proceso irreversible a pesar del hecho de que las instituciones, una vez formadas, tienden a persistir. Si hay algún problema se debe a las dificultades subjetivas que pueda tener el individuo al internalizar los significados socialmente aceptados. En el caso del turismo esto es observable desde que ha ido adquiriendo un reconocimiento como actividad legítima en la sociedad y cada día es más tendiente a persistir, lo que no impide que pueda sufrir cambios o transformaciones en el futuro.

Legitimación

La institucionalización entonces debe tener sentido, es decir poseer coherencia en sí misma; pero además, debe tener sentido subjetivo. La legitimación alcanza entonces cuatro niveles distintos, que los autores categorizan así: 1) un sistema de objetivaciones lingüísticas; 2) proposiciones teóricas en forma rudimentaria; 3) teorías explícitas del orden institucional y 4) universos simbólicos. Estos últimos son los que organizan coherentemente la posición que ocupa cada uno en el conjunto social, los roles a desempeñar, su propia identidad y el total de relaciones que constituyen la vida cotidiana. Los universos simbólicos construyen también, determinados mecanismos que garantizan su permanencia: la mitología, la teología, la filosofía y la ciencia son algunos de los más importantes, y han jugado su papel en determinados períodos históricos. El poder en sí mismo, su capacidad para imponerse constituye otro mecanismo de mantenimiento; en este sentido, la ideología es para Berger y Luckmann un medio de mantenimiento que sirve a un interés de poder concreto.

La legitimación es el proceso que constituye una objetivación de significado de “segundo orden” el cual no es indispensable en la primera fase de la institucionalización sino que surge inevitablemente cuando las objetivaciones del orden institucional deben transmitirse a una nueva generación. El proceso de explicar y justificar el orden institucional atribuyendo validez cognoscitiva a sus significados objetivados constituye la legitimación. Es claro entonces que para que suceda la legitimación como tal, es necesario que exista una “segunda generación”.

El segundo nivel de legitimación lo constituyen las proposiciones teóricas rudimentarias. El tercer nivel contiene las teorías explícitas por las que un sector institucional se legitima en términos de un cuerpo de conocimiento diferenciado. Suele encomendarse esta función a personal especializado para que las transmita. El cuarto nivel lo constituyen los universos simbólicos que son cuerpos de tradición teórica que integran zonas de significado diferentes y abarcan el orden institucional en una totalidad simbólica. Dado que estos distintos niveles de legitimación se hacen presentes en la construcción del orden social, en el caso del turismo es posible que se observen instituciones y/o tipificaciones con diversos niveles de legitimidad, esto tiene que ver con el tiempo que ha transcurrido desde su origen, con las proposiciones teóricas que sobre él se han formulado, las teorías explícitas y muy probablemente los universos simbólicos que se han generado como tradiciones teóricas, lo cual se analiza en el capítulo dos de esta tesis.

La sociedad es realidad subjetiva

En el segundo aspecto central en la teoría de Berger y Luckmann, la forma en que la realidad social es subjetiva, aparece el término de socialización, en el que diferencian dos procesos de socialización distintos, los cuales se denominan primario y secundario. El primario, que tiene lugar durante los primeros años de vida, sirve de base para la comprensión del mundo como un todo compacto e invariable, así como para la comprensión de la vida como un sistema donde uno existe en relación con otros, donde el yo cobra sentido como yo social: asimismo, es una socialización filtrada, es decir, el individuo ocupa un espacio social concreto y en función del mismo y de las relaciones que conlleva se produce una identificación propia, una identidad.

La socialización primaria generalmente es la más importante para el individuo, por lo que toda socialización secundaria debe semejarse a la de la primaria. La primaria se efectúa en circunstancias de gran carga emocional: el niño acepta los roles y actitudes de los otros significantes, los internaliza y se apropia de ellos, el yo es una entidad reflejada. El niño acepta los roles y el mundo de los otros ubicándose en un mundo determinado, pre-determinado. La socialización primaria crea en la conciencia del niño una abstracción progresiva que va de sus roles y actitudes de los otros específicos, a los roles y actitudes en general. Así, la sociedad, la identidad y la realidad se cristalizan subjetivamente en el mismo proceso de internalización y se corresponde también con la internalización del lenguaje, el que constituye el contenido y el instrumento más importantes de la socialización. La socialización primaria “finaliza” cuando el concepto del otro generalizado se ha establecido en la conciencia del individuo, cuando el niño o el joven es ya miembro efectivo de la sociedad.

Por su parte, durante la socialización secundaria, el individuo internaliza submundos diferentes, tiene acceso al conocimiento de una realidad compleja y segmentada. Asimismo, no accede a todo el conocimiento, sino a una parte en función de su rol y posición social: el conocimiento también se segmenta. Esto último ocurre porque los medios de acceso al conocimiento se institucionalizan: es necesario aprender a través de cauces y procesos adecuados. Esta segunda socialización corre el riesgo de convertir las internalizaciones anteriores en algo vulnerable, situación que se ve minimizada por la existencia de determinados medios de mantenimiento de la realidad, entre los cuales destaca la rutina diaria como afirmación del conocimiento de la vida cotidiana; no obstante, un cambio profundo en la realidad subjetiva puede tener lugar si se produce una reinterpretación radical de los hechos, lo que los autores denominan alternación, mediante un nuevo proceso socializador y legitimador.

Así como la socialización primaria está influenciada por la carga emocional del niño, en la secundaria puede prescindir de ella y proceder sólo con la identificación mutua que interviene en cualquier comunicación entre seres humanos. En la socialización secundaria suele aprehenderse el contexto institucional.

La socialización tanto primaria como secundaria se presenta en el ámbito del turismo y es posible identificar la forma en que opera en diversos roles y tipificaciones de la actividad, lo cual se analiza en el capítulo cuatro de esta tesis.

Toda sociedad viable debe desarrollar procedimientos de mantenimiento de la realidad para salvaguardar cierto grado de simetría entre la realidad objetiva y la subjetiva, por ello es que Berger y Luckmann distinguen dos tipos de mantenimiento de la realidad: de rutina y de crisis. El primero está destinado a mantener la realidad internalizada en la vida cotidiana y el segundo en las situaciones de crisis.

La realidad de la vida cotidiana se mantiene porque se concreta en rutinas, lo que constituye la esencia de la institucionalidad. Es el diálogo lo que permite el mantenimiento de la realidad subjetiva, incluye lo que la gente conversa entre sí más las emanaciones de la comunicación no oral que rodean al habla. La gran parte del diálogo cotidiano mantiene la realidad subjetiva, la que adquiere solidez por la acumulación y coherencia del diálogo casual. El aparato conversacional mantiene continuamente la realidad y también la modifica de continuo, pero para poder mantener la realidad subjetiva el aparato conversacional debe ser continuo y coherente.

La socialización implica la posibilidad de que la realidad subjetiva pueda transformarse, para el individuo, aquellas transformaciones que parecen totales se denominan alternaciones, la cual requiere procesos de re-socialización semejantes a los de la socialización primaria. En la re-socialización el pasado se re-interpreta conforme con la realidad presente en tanto que en la socialización secundaria el presente se interpreta de tal modo que se halle en relación continua con el pasado. Es decir, la base de la realidad para la re-socialización es el presente y para la socialización secundaria es el pasado.

La socialización siempre se efectúa en el contexto de una estructura social específica y para ser exitosa debe darse por el establecimiento de un alto grado de simetría entre la realidad objetiva y la subjetiva. Una socialización deficiente se presenta por tanto en razón de una asimetría entre ambas realidades.

El éxito máximo en la socialización se da en sociedades con una división del trabajo sencilla y una mínima distribución del conocimiento. Las anti-definiciones de realidad e identidad se presentan en cuanto las sociedades se congregan en grupos socialmente durables que inician sus propios procesos de socialización porque estos individuos forman una anticomunidad propia.

La identidad constituye un elemento clave de la realidad subjetiva y en cuanto tal, se halla en una relación dialéctica con la sociedad. La identidad se forma por procesos sociales, por el interjuego del organismo, conciencia individual y estructura social que reaccionan sobre la estructura social dada, manteniéndola, modificándola o reformándola.

La identidad del individuo, como conclusión, se perfila dentro de una realidad objetiva que, aunque es percibida por éste como algo externo, es en realidad un producto humano; surge de la relación dialéctica entre individuo y sociedad: se forma por procesos sociales y es mantenida, modificada y reformada por las relaciones sociales.

El hecho de que la sociedad pueda transformarse a partir de las interacciones, gracias a los procesos de socialización, en el turismo es muy posible que esto se presente, aún en periodos limitados de tiempo, lo cual puede resultar de impacto importante para la sociedad en su conjunto.

2. El tiempo y el espacio en la interacción social

Puesto que la realidad de la vida cotidiana se organiza alrededor del “aquí” de mi cuerpo y el “ahora” de mi presente, estos son los focos de atención que se presta a la realidad de la vida cotidiana y constituyen lo “real” de la conciencia individual, esto le confiere un carácter de centralidad en la interacción cara a cara a la teoría de Berger y Luckmann; centralidad que sin embargo sólo tiene tal carácter como momento integrador, no como única posibilidad, pues afirman que la realidad de la vida cotidiana no se agota en los fenómenos presentes sino que abarca fenómenos que no están aquí y ahora, lo que significa que se experimenta la vida cotidiana en grados diferentes de proximidad y alejamiento, tanto espacial como temporal.

En la situación “cara a cara” el otro se aparece en un presente vívido que ambos individuos comparten. Cada uno sabe que en el mismo presente vívido el otro se le presenta, esto es que tanto el “aquí y ahora” de cada uno de los dos gravitan continuamente uno sobre el otro en tanto dure la situación. En esta situación cara a cara, el otro es total y completamente real, aún cuando el otro puede ser real para uno sin que lo encuentre cara a cara, se vuelve real en todo el sentido de la palabra sólo cuando se le ve cara a cara. El Otro se presenta directamente, de forma aún más real que uno mismo.

Es en la interacción cara a cara que se tipifican o no tanto la interacción misma como las personas, las situaciones y los roles, pero es también en ese presente inmanente que se permiten la experimentación y la innovación. A cada momento de interacción, cargado de tipificaciones puede construirse, ejecutarse, presentarse de manera sutil o drásticamente distinta de modo que altere dramáticamente o transforme lentamente la tipificación o el rol original.

Las tipificaciones de la interacción social se vuelven progresivamente anónimas a medida que se alejan de la situación cara a cara, aunque toda tipificación lleva ya en sí misma un anonimato incipiente. Esto significa que cuando se tipifica al otro dentro de una categoría, se le atribuyen de inmediato características de comportamiento resultado de la tipificación: gustos en la comida, modales, reacciones etc. Sin embargo, cuando se presenta directamente, cara a cara, el individuo se presenta “tal como es” por lo que el anonimato del “tipo” es menos evidente. Por el contrario, cuando la interacción es pasada, la individualización es menos evidente y más el anonimato, lo mismo sucede con interacciones con personas fuera del entorno cotidiano, con quienes se tiene una relación transitoria y superficial o cuando nunca se ha producido, aunque se sepa que existen.

En este sentido es importante en la experiencia de los otros en la vida cotidiana si ésta, la experiencia, se da de manera directa o indirecta. En las situaciones cara a cara se tiene evidencia directa de los semejantes, de sus actos y atributos, a diferencia de lo que sucede con otros contemporáneos de quienes se tienen recuerdos más o menos detallados o que sólo se conocen de oídas. En relación con éstos últimos, existen diferencias obvias en la experiencia que de ellos se tiene, hay algunos a los que se encuentra una y otra vez en situaciones cara a cara; a otros que se les recuerda como seres humanos concretos de un pasado encuentro; y a otros de los que se sabe de su existencia como seres humanos concretos pero sólo se aprehenden por medio de tipificaciones más o menos anónimas.

Además de la distancia espacio-geográfica, hay otros aspectos que influyen en el grado de anonimato que caracteriza la experiencia de los otros en la vida cotidiana, el interés y la intimidad en la relación con ellos, pueden combinarse para aumentar o disminuir el anonimato.

Las relaciones con otros también se refieren a antecesores y sucesores en la historia total de la sociedad. La relación con los sucesores es sumamente anónima incluso vacía o carente de un sentido individual, en tanto que la relación con los antecesores aunque anónima al menos puede llegar a tener algún elemento de individualidad. En ambos casos tienen cabida dentro de la vida cotidiana.

La realidad de la vida cotidiana se da por establecida como realidad, no requiriendo verificaciones adicionales, se da como no problemática si las rutinas prosiguen sin interrupción y seguirá siéndolo hasta la aparición de un problema. Cuando esto ocurre, la realidad de la vida cotidiana busca integrar el sector problemático dentro de lo que ya no es problemático.

En el caso del turismo, las tipificaciones que el anfitrión tiene sobre el turista y viceversa se alejan y aproximan haciéndose más o menos anónimas en función de la proximidad de la interacción cara a cara, las diferencias observables en la práctica cotidiana a partir de las interacciones entre turistas de distintos orígenes y anfitriones ocupando diversos cargos o funciones en las empresas turísticas conducen a una multiplicidad de posibilidades, mismas que son revisadas en el capítulo cuatro de esta tesis.

3. Construcción de las comunidades de vida y de sentido

Para Berger y Luckmann (1996), la vida moderna a través del pluralismo plantea al individuo un constante estado de crisis de sentido. Para ilustrar esta cuestión, primero abordan el problema de la constitución del sentido en la conciencia humana, en la conciencia del individuo. Para los autores, e l sentido del acto presente se configura por anticipado, la acción tiene sentido de modo retrospectivo, es guiada por una perspectiva determinada hacia un fin preconcebido. El sentido de las acciones justo en el momento del acto, se configura por su relación con el propósito. La acción concluida, ya sea exitosa o no puede compararse con otras acciones y ser entendida como “el cumplimiento de máximas, explicada y justificada como la ejecución de normas, justificada como desafío a una norma, negada a otros y, en última instancia, a uno mismo”. (Berger y Luckmann, 1996, 33)

El sentido muestra así un carácter dual y una estructura compleja que están presentes en toda acción aun cuando en la vida cotidiana para el individuo tales características no resultan tan aparentes.

La acción social por su parte, tiene también como la acción individual una estructura del sentido, pero asume dimensiones adicionales: puede ser indirecta o directa, puede ser mutua o unilateral, puede ir dirigida hacia otras personas, presentes o ausentes, muertas o aún por nacer; tanto a su individualidad o como categoría social. La acción social puede orientarse a conseguir una respuesta o no, puede realizarse por única ocasión o puede tratar de convertirse en una reiteración habitual y prolongarse en el tiempo.

El individuo logra liberarse de la “pesada carga” de resolver a cada momento la problemática que se le presenta en la experiencia a través de la acción como si fuera la primera vez haciendo uso de los depósitos de sentido y de instituciones históricas. Si la situación concreta es en lo general idéntica a otras anteriores o próximas al individuo, recurre a modalidades practicadas anteriormente, de experiencia y acción. Sin embargo, al igual que todas las acciones repetitivas no se transforman en instituciones, no todo el sentido subjetivamente constituido e intersubjetivamente objetivado es absorbido por los depósitos sociales de conocimiento. El sentido objetivado es socialmente “procesado”, en buena medida determinado por las relaciones sociales dominantes, las instituciones existentes de dominación y trabajo, pero sobre todo las instituciones que socializan las transacciones con fuerzas inusuales, se dirigen a los distintos niveles y áreas en los que se produce el sentido y que intentan influir en dicha producción o intervenir en ella.

La principal tarea de las instituciones entonces, consiste en acumular sentidos y ponerlos a disposición del individuo, tanto para sus acciones en situaciones particulares como para la totalidad de su conducta de vida. De esta manera el individuo es a la vez consumidor y productor de sentido.

Estas condiciones para la producción y consumo del sentido, dicen los autores, han cambiado drásticamente en el contexto de las sociedades modernas. Si bien aún existen instituciones que transmiten el sentido de las acciones dentro de su particular área de acción y todavía existen sistemas de valores administrados por algunas instituciones como categorías de conducta de vida dotadas de sentido, en comparación con las sociedades premodernas, hay diferencias en el grado de coherencia de los sistemas de valores, así como en la competitividad interna y externa por la producción de sentido, la comunicación de sentido y la imposición del mismo entre diversas instituciones, grupos e individuos, lo cual es precisamente el concepto de pluralismo de la vida moderna.

Cabe hacer aquí la acotación de que a decir de los autores las condiciones de la vida moderna se presentan desde hace varios siglos, propiamente desde la ilustración en Europa, sin embargo es a finales del siglo XX en que las condiciones favorecen el estado de crisis. Más que hacer un relato del origen de la crisis de sentido, a los autores les interesa describir el mundo en que vivimos hoy, es por ello que no hacen uso de conceptos como modernidad, postmodernidad o ultramodernidad tan debatidos por diversos autores, sin embargo si se lee con detenimiento la forma en que lo abordan y las condiciones que describen cabrían perfectamente en alguna o alguna de estas etiquetas.

El asunto que abordan y que aquí interesa es la forma en que se constituyen las crisis de sentido con la aparición de diversas comunidades de vida y de sentido, lo cual sucede en el turismo constantemente tanto en el momento en que se encuentran cara a cara los anfitriones y los turistas como en la vida cotidiana de los habitantes de un sitio turístico que reciben visitantes de diversas comunidades de vida y de sentido, estas situaciones de convivencia con diversas comunidades puede ser un elemento que desencadene crisis de sentido. Para los autores, todos nacemos y nos criamos dentro de comunidades de vida (Lebensgemeinschaften) que además son generalmente y en diversos grados, comunidades de sentido. “Incluso si se carece de una reserva de sentido compartida universalmente, y adaptada a un sistema de valores único y cerrado, pueden desarrollarse concordancias de sentido dentro de las comunidades, o bien éstas pueden extraerse del depósito histórico de sentido”.

En cuanto a las comunidades de vida, éstas se caracterizan por una acción que es directamente recíproca y que se repite con regularidad en un contexto de relaciones sociales duraderas, las personas involucradas confían, ya sea institucionalmente o de cualquier otra manera, en la perdurabilidad de la comunidad. Son aquellas en las que el individuo se forma, en algunos casos sin que lo elija de tal manera como lo es en el caso de la comunidad familiar y en otros casos requieren de adaptar su vida para prolongación de relaciones sociales e incluso otras que requieren de una iniciación.

Es requisito que toda comunidad de vida goce de al menos un grado mínimo de sentido compartido. El sentido puede presentarse en un grado reducido en algunas sociedades y para algunos tipos de comunidades, pero aún así existe. En el otro extremo, las comunidades de vida pueden aspirar a una coincidencia total en todos los estratos del sentido. En la práctica, la mayoría de las comunidades de vida durante cualquier momento de su historia buscan alcanzar un grado de sentido compartido entre el nivel mínimo y el máximo. Existen algunas comunidades en las que se espera un grado cercano al mínimo, de acuerdo con los autores esta son comunidades institucionalizadas mediante la fuerza.

Sin embargo, en una comunidad de vida en la que el sistema de valores prescribe que las comunidades de vida y de sentido deben ser coincidentes, cualquier discrepancia inclusive aquellas aparentemente triviales de sentido, puede desatar una crisis de sentido en dicha comunidad de vida.

Si bien, se esperaría encontrar un mínimo de comunidad de sentido en toda comunidad de vida, lo opuesto no es necesariamente cierto, asimismo las comunidades de sentido pueden, bajo ciertas circunstancias, transformarse en comunidades de vida. Estas comunidades pueden formarse en diferentes niveles de sentido, no directamente prácticos, y pueden referirse a distintos ámbitos de sentido.

Berger y Luckmann, sostienen que la crisis de sentido a que están expuestos los individuos en las sociedades modernas deriva principalmente del pluralismo moderno, que es un rasgo consubstancial a estas sociedades. Más allá de la coexistencia en la sociedad de distintos sistemas de valores y de sentido, este pluralismo se caracteriza por el hecho de que tales sistemas compiten abiertamente entre sí, con lo que las interpretaciones no cuestionadas de la realidad tienden a transformarse en hipótesis. De manera que “el individuo se ve obligado a escoger una opción, entre una multiplicidad de alternativas, en un mundo que se ha vuelto incierto y donde es imposible no admitir que las decisiones que hemos adoptado podrían haber sido diferentes” (Berger y Luckmann, 1996, 85). Sin embargo, reconocen al tiempo que son los mismos rasgos estructurales que generan las condiciones para el pluralismo moderno a su vez los requisitos de una larga serie de bondades de las sociedades modernas, como la prosperidad económica que genera una economía de mercado, el imperio del derecho, la tolerancia, la democracia política, etc.

Los parámetros típicos de coherencia son diferentes en las diversas comunidades de vida, y también difieren de una sociedad a otra y de un periodo a otro, la condición para que se produzca una crisis de sentido es que los miembros de una determinada comunidad de vida acepten incondicionalmente el grado de coincidencia de sentido que se espera de ellos, pero que sean incapaces de alcanzarlo. Esto es cuando la discrepancia entre lo que “es” y lo que “debería ser” se manifiesta por ejemplo cuando en los ideales de una comunidad de vida se insiste en que debería reinar al interior de ella una absoluta comunidad de sentido.

Cuando esto ocurre en forma masiva en una sociedad, de tal manera que lleguen a transformarse en un problema social generalizado, entonces las causas no están en el sujeto mismo, ni tampoco en la supuesta intersubjetividad de la existencia humana, lo más probable es que dichas causas se encuentren en la propia estructura social. Esto sucede cuando los grupos y comunidades de vida ya no se encuentran separados espacialmente sino que conviven y se enfrentan constantemente. Es de esperarse en estos casos que los conflictos entre distintos sistemas de valores se presenten de manera constante.

Berger y Luckmann afirman que en los países industriales altamente desarrollados, en los que el pluralismo se ha desarrollado plenamente, los sistemas de valores y las reservas de sentido han dejado de ser patrimonio común de todos los miembros de la sociedad. En estos países, el individuo crece en un mundo en el que no existen valores comunes que determinen la acción en las distintas esferas de la vida, y en el que tampoco existe una realidad única idéntica para todos. Aún cuando el individuo crece en una comunidad de vida que lo incorpora en un sistema de sentido, no necesariamente se tiene que éste sea el sistema de sentido de otras personas. Esas otras personas pueden haber sido moldeadas por sistemas de sentido completamente distintos dentro de las comunidades de vida en que crecieron.

Las sociedades modernas presentan condiciones que promueven la expansión de crisis subjetivas e intersubjetivas de sentido, pero mientras algunas condiciones aceleran esas crisis, otras las impiden. Los valores supraordinales del pluralismo moderno no tienen esa capacidad, pueden tener algunos otros efectos útiles, pero no sirven para contrarrestar en forma directa la propagación de la crisis de sentido. Dichos valores le dicen al individuo cómo comportarse frente a otras personas y otros grupos que tienen distintas visiones de la vida. Sin embargo, no dicen cómo se deberían conducir los individuos en su vida cuando comienza a temblar el carácter incuestionado del orden tradicional. Esto puede lograrse por diferentes caminos. A medida que decrece el grado de condicionamiento socialmente válido de interpretaciones compartidas de la realidad, distintas comunidades de vida pueden desarrollarse en forma progresiva hasta transformarse en comunidades de sentido cuasi autónomas. Mientras estas comunidades demuestren ser relativamente estables, podrán resguardar a sus miembros de posibles crisis de sentido. La estabilidad es particularmente importante para la función que desempeñan esas comunidades de vida en la formación coherente de la identidad personal de los niños, lo que de este modo pueden ser protegidos de potenciales crisis subjetivas de sentido. Las comunidades de vida concretas, como comunidades cuasi autónomas de sentido y comunidades más estables y “puras”, que incluyen a personas con una misma mentalidad, contrarrestan la propagación pandémica de la crisis de sentido. Sin embargo, ellas no pueden trascender las precondiciones, que promueven la expansión de las crisis de sentido. Además, pueden desencadenarse crisis de sentido intersubjetivas en aquellas comunidades de vida donde hay una gran discrepancia entre la comunidad de sentido que se esperaba alcanzar y la que se alcanza realmente.

Los autores plantean que sin embargo, no toda sociedad moderna sufre crisis globales de sentido, existen personas que incluso en estas condiciones son capaces de establecer una relación dotada de sentido entre las experiencias de su propia vida y las diversas posibilidades interpretativas que se les ofrecen, y que por tanto pueden conducir sus vidas de una manera que ésta tenga relativo sentido. Más aún, se han conformado y van surgiendo instituciones, subculturas y comunidades de convicción que transmiten valores trascendentes y reservas de sentido, y que los integran y sustentan en relaciones sociales y comunidades de vida concretas. El éxito de la sociedad moderna se debe, aparte de estas “islas de sentido”, a la legalización de las normas de la vida social y su “moral anticuada”, como también a la moralización formal de ciertas esferas de acción más o menos profesionalizadas.

Las sociedades han desarrollado también instituciones que proporcionan orientación y sentido a nivel de la comunidad, aun cuando la sociedad como un todo no sostiene ni asegura ya un orden compartido de valores y actúa más bien como una instancia reguladora para los distintos sistemas de valores. Esas instituciones, “la familia, las iglesias, las escuelas, las comunidades de opinión, las asociaciones locales de variados tipos, etc., además del papel orientador que desempeñan al transmitir patrones de comportamiento que liberan al individuo de la necesidad de “reinventar cada día el mundo”, son aquellas donde, específicamente, las personas individuales contribuyen también a la producción y procesamiento de las reservas sociales de sentido”.

Los autores sugieren un programa modesto, pero realista: promover el desarrollo de las “instituciones intermediarias” que sustentan comunidades de sentido y de fe.

Para evitar una crisis generalizada la investigación debe dirigirse hacia tres niveles de la producción, la transmisión y la recepción de sentido: i) hacia la comunicación masiva; ii) hacia la comunicación cotidiana dentro de las comunidades, y iii) hacia las instituciones intermediarias que actúan con ese carácter entre las grandes instituciones, las comunidades y el individuo.

Cuando las personas deciden viajar, voluntariamente acuden a comunidades de vida ajenas a la propia, sin embargo anticipan que existirán áreas comunes en las que el sentido será compartido, por lo que se anticipa también la interacción con comunidades de sentido “apropiadas”, en el sentido de que si bien se reconocen como no propias, forman parte cotidiana de la interacción en turismo. Desde luego, estas interacciones entre personas procedentes de comunidades de vida distintas, puede originar una multiplicación de las fuentes de crisis de sentido en los sitios de destino turístico. Esto se revisará en el capítulo cuatro de esta tesis.

4. Construcción social de la realidad del turismo

La propuesta constructivista de Berger y Luckman tiene la posibilidad de arrojar algunas luces para la comprensión de la sociedad contemporánea, una sociedad marcada por la modernidad, tanto como aspiración para algunos sectores como signo de un pasado de fracaso para otros sectores. La posibilidad de analizar la realidad social como una construcción humana, aún cuando la participación del individuo en esta construcción sea infinitamente pequeña como lo es cada interacción entre personas, permite comprender la multiplicidad de intenciones, situaciones, posibilidades, tipificaciones, tendencias, instituciones, orden y acción que suceden y se transforman permanentemente en las distintas comunidades de vida del mundo plural actual. Uno de los ámbitos que aparecen como parte, elemento o signo del mundo moderno es justamente el turismo, por lo tanto es un ámbito susceptible de ser analizado con las herramientas y bajo el enfoque de Berger y Luckman.

Con esta intención, analítica principalmente, se tendrá que reflexionar sobre la realidad social del turismo, cómo es una realidad subjetiva y cómo es también una realidad objetiva, quiénes son los actores que participan en esta realidad, cómo es que la construyen desde tipificaciones gradualmente anónimas. Cuáles son tales tipificaciones centrales, que roles suponen y cómo implican las situaciones de interacción. Cómo la interacción al hacerse cotidiana, se sedimenta en un acervo social de conocimiento que permite a su vez la socialización primaria y secundaria de cada uno de los roles socialmente tipificados en el turismo. Cómo se logra mantener en el tiempo la construcción de modo que se hace objetiva o al menos aparentemente objetiva y con ello se observa como legítima para cada uno de los participantes. Cómo tal tipificación legitimada se autoconstituye en el tiempo como un orden estructural y adquiere el carácter de institución. Cúales son y cómo operan tales instituciones y cómo logran mantener un orden legítimo a través de la socialización y por último cómo dentro de todo ello, aún es posible la construcción y la potencial transformación de la realidad social del turismo.

Lo anterior, en consecuencia, constituye el programa de trabajo del capítulo cuatro de esta tesis, en el que se abordan en detalle, aplicados al turismo, los distintos aspectos que el constructivismo de Berger y Luckman plantea. Sin embargo, para llegar a ello será necesario plantear algunas reflexiones sobre el fragmento de realidad, el turismo, al que se refiere la aplicación.

Capítulo 2.

El turismo en las ciencias sociales

A. Antecedentes

El turismo como actividad humana ha recibido atención menor en el análisis social, probablemente porque en muchas ocasiones se le ha considerado como una actividad superflua, lejana a los grandes problemas que aquejan a nuestras actuales sociedades. Hiernaux (2000) lo atribuye a la fuerte tradición judeocristiana que ha normado las orientaciones de las ciencias sociales en el mundo occidental hacia una mayor valorización del trabajo y de la producción sobre el ocio y el placer. Sin embargo, es innegable que esta condición no se da de manera exclusiva en el ámbito científico, de hecho para la misma sociedad el trabajo y la producción representan valores de mucha mayor relevancia que el ocio, el cual es denostado en las sociedades occidentales como “improductivo” e inútil.

El turismo, actividad que si bien ha sido caracterizada principalmente en su dimensión económica dado el crecimiento y dinamismo que muestra, se ubica en el ámbito de las actividades del ocio, es en sí misma una condición emergente de la interacción social, especial y paradójicamente de la sociedad post industrial en el mundo occidental que tanto lo ha negado en su afán de fomentar los negocios, negación del ocio. En este sentido el turismo cabe dentro de las actividades que son poco valoradas tanto en la sociedad como en el campo de las ciencias.

En este sentido es que en el turismo se puede encontrar un fértil campo en el que el análisis sociológico puede indagar sobre aspectos que permitan una mejor comprensión de la realidad del hombre en sociedad. Desde el estudio de las relaciones que se presentan de manera relativamente simple, en la interacción entre individuos que provienen de sociedades y culturas distintas: turista y anfitrión.

En el curso de este capítulo, se presenta una revisión de las principales formas de abordaje en el estudio sociológico del turismo, con algunas consideraciones sobre sus alcances y limitaciones, así como un planteamiento constante de la necesidad de un mayor trabajo intelectual al respecto.

1. Antecedentes de los estudios del turismo en la sociología

En este capítulo, que se puede ubicar en un nivel de análisis de teoría social del turismo, se pueden plantear por lo menos dos acotaciones; en primer lugar, no se pretende exponer de manera detallada cada una de las distintas visiones de los autores que serán citados a lo largo de este documento, pues cada una de ellas fue elaborada con una orientación o finalidad específica, no sólo por razones de espacio, sino debido a que el análisis que se pretende alcanzar, se ubica en un nivel más general, en los fundamentos de la teoría del turismo como tal, fundamentos que le confieren una posición determinada frente a la parte de la sociedad que reconoce como turística. Es muy probable que existan algunas omisiones y que éstas deriven en interpretaciones con cierto sesgo, sin embargo tal sesgo se dará sin duda, por cuanto que la interpretación sobre las teorías, es realizada desde la propia formación y experiencia. El reconocimiento de esta condición, normal en toda investigación y para todo investigador, pero no siempre puesta en relieve, es un ejercicio de reflexividad, que se mantiene vigente a lo largo del análisis. Dicho de otro modo, el sesgo estará presente siempre durante el análisis, pero por lo menos el lector reconocerá claramente cuál es tal sesgo, al conocer la trayectoria formativa del autor. Esto permite a otros, quienes lean el análisis, interpretar con su propio sesgo, lo que aquí se interpreta.

Así como de antemano se renuncia a una exposición detallada de lo que ha propuesto cada uno de los autores aquí citados, se establece el compromiso de presentar una mirada enfocada en lo general, en los fundamentos que operan como andamiaje para la construcción de las distintas propuestas teóricas. Esto supone un esfuerzo por debatir con las teorías del turismo en su nivel fundamental, no en sus aspectos formales, coyunturales o circunstanciales del contexto para cada uno de los autores citados. Como consecuencia de esta segunda acotación, sería muy difícil intentar encontrar en el presente análisis una cronología de las teorías del turismo, con las limitaciones que esto a su vez supone. Hechas las acotaciones, presento las líneas generales sobre las que se orienta el análisis.

El turismo, aunque se debate en el ámbito académico en licenciaturas y postgrados, no es en sí mismo una disciplina, ni una rama científica (Tribe, 1997), en todo caso puede ser entendido como un objeto de investigación (Monterroso, 2000) un campo de debate que existe más allá de la voluntad de los individuos y que por su naturaleza estaría ubicado en ese gran objeto de investigación que llamamos sociedad. El turismo se aborda como objeto que existe ligado, inserto, comprendido por otro objeto de estudio: la sociedad.

En este sentido, el turismo es objeto de investigación, análisis y debate de diversas disciplinas sociales, como la sociología, la economía, la antropología, la política o la geografía. Así como para cada disciplina el objeto denominado sociedad tiene particularidades y significados concretos, el turismo tiene en consecuencia esa misma connotación en la medida en que se aborda desde alguna disciplina específica. A lo largo de aproximadamente nueve décadas, se ha ido conformando un corpus teórico, con orígenes en perspectivas disciplinarias específicas, pero referido a un solo objeto, el turismo.

En un ejercicio de búsqueda, que incluyó las principales publicaciones científicas editadas en español e inglés sobre el tema de turismo, se corroboró lo que de antemano, tras cerca de 18 años de trabajar en este campo se intuía: no abundan los trabajos teóricos ubicados en una intención similar a la que aquí se presenta. A pesar de que existe una vasta producción académica, que inicia más o menos desde los años posteriores a la primera guerra mundial, en el viejo continente, donde se realizaron intentos por caracterizar al turismo desde la sociología, tal es el caso, por ejemplo, de los estudios sobre la llamada “ciencia del movimiento de forasteros” en alemán Fremdenverkehr (Knebel,1984,1); son relativamente pocos los autores que han propuesto algún análisis que permita asomarse, bajo una guía estructurada, a la producción académica sobre el tema. Entre los contados análisis puedo citar por una parte a los estudios que revisan la producción académica y de investigación sobre turismo: Dann, Nash y Pearce (1988), Acerenza(1991), Jafari (1976), McIntosh, Goeldner y Ritchie (1995). Los que desde la sociología revisan la producción acerca del tema, que por supuesto parten de elaboraciones teóricas: Knebel (1984), Monterroso (1999) y Apostolopoulos, Leivadi y Yiannakis (2002)

Dann, Nash y Pearce (1988) revisan la investigación turística publicada en las dos revistas -journals- más reconocidas en el ámbito, ambas de edición norteamericana: el Annals of Tourism Research de la Universidad de Wisconsin-Stout y el Journal of Travel Research de la Universidad de Colorado-Boulder. Reflexionan que a pesar de que se encontró una amplia producción sobre el tema del turismo, desde diversos ángulos disciplinarios, observan pobreza teórica y baja sofisticación metodológica y técnica en la mayor parte de los estudios. La intención de los autores en su momento fue la de señalar nuevas rutas de trabajo científico en el turismo, sin embargo llama la atención el señalamiento sobre la “pobreza de los documentos” que hacen.

Acerenza, por su parte hace un análisis sobre el concepto de turismo, para ello plantea que el concepto se ha trabajado desde dos corrientes de pensamiento, a las que denomina teorías humanistas y teorías de la alienación. La primera tiene como principal representante al profesor de la Universidad de Varsovia Krzysztof Przeclawski quien afirmó que en las actividades de ocio se manifiestan con mayor fuerza los valores de la verdad, el amor, la creatividad y la libertad. Por su parte, las teorías de la alienación, cuyo origen está ligado a la llamada escuela de Frankfurt: Adorno, Horkheimer y Marcuse quienes influyen en la obra de Louis Turner y John Ash: “La horda dorada” (Turner y Ash 1991), quienes ven el turismo como un producto más de la sociedad industrial, del capitalismo en particular. Acerenza sin embargo, plantea que más allá de las corrientes de pensamiento, la sociedad ha tenido y tiene su propio concepto de turismo, del cual encuentra antecedentes en documentos que datan de 1905, de E Guyer, (Citado por Jiménez, G.L.F.). Asimismo, reconoce como pioneros en el estudio del turismo a los miembros de la Schullern zu Schattenhofen quienes en 1911 publicaron “Turismo y Economía Nacional” y a Kurt Krapf, fundador del Instituto de Estudios Turísticos de la Universidad de Berna. Tras ellos, plantea que han surgido “escuelas” en diversos ámbitos, a los seguidores de Krapf, los ubica en lo que denomina escuela berlinesa, con enfoque económico. A Paul Ossipow y sus seguidores en el tema de la psicología del turismo a quienes llama “escuela polonesa”; a Ramaker, vicepresidente de la Asociación Holandesa de Turismo y Charles Reau, fundador en Francia, con seguidores como Pierre Defert y H. Robinson de lo que denomina “escuela francesa” que da al estudio del turismo una orientación sociológica, vinculada con el estudio del ocio y el tiempo libre, con Joffre Dumazedier como representante e iniciador, pero que se ha extendido a autores de otras naciones como Max Kaplan, Stanley R. Parker, Georges Friedmann y Erich Weber, Mannheim y Wright Mills. Finalmente, plantea el surgimiento de una escuela latinoamericana de la cual se considera integrante, orientada bajo un enfoque de sistemas, en ella reconoce como pionero a Raimundo Cuervo en 1967, quien elaboró un modelo matemático del sistema turístico en México y en el cual se apoyó Neil Leiper, australiano, para plantearlo de manera gráfica y constituir el modelo teórico más referido actualmente en el estudio del turismo.

Jafari (1976), con la finalidad de estructurar un plan de estudio en el ámbito académico con el tema de turismo en los Estados Unidos, analizó las aportaciones de diversas disciplinas a la actividad: la sociología, economía, psicología, antropología, ciencias políticas, geografía, ecología, agricultura, parques y recreación, planeación urbana y regional, mercadotecnia, ley, negocios, transporte, administración de hoteles y restaurantes y educación. Su conclusión fue similar a la de otros autores, que el turismo no ha elaborado teoría propia, pero que se apoya en su estudio en la teoría desarrollada en otros ámbitos, al final argumenta que el estudio puede ser multidisciplinario, con lo que abre la discusión hacia enfoques con intención integradora.

McIntosh, Goeldner y Ritchie (1995) en su texto de amplia difusión en el ámbito académico, Tourism. Principles, practices and philosophies, (1999) hablan de nueve enfoques por medio de los que es posible estudiar al turismo: 1) enfoque institucional, realizado por las instituciones que tienen alguna vinculación con la actividad, 2) enfoque del producto, que incluye el estudio de los “productos turísticos” y la forma en que se producen, comercializan y consumen. 3) enfoque histórico, que comprendería un análisis de las actividades e instituciones turísticas desde su ángulo evolutivo, enfoque del que sin embargo ellos mismos afirman que no ha sido muy desarrollado. 4) enfoque administrativo, centrado en las actividades administrativas necesarias para dirigir una empresa turística, del que refiere como publicaciones líderes en este campo al Journal of Travel Research y a Tourism Management. 5) Un enfoque económico, que analiza el turismo y sus contribuciones a la economía y al desarrollo económico de un país. 6) enfoque sociológico, relativamente no desarrollado pero que “promete progresar con rapidez y su uso se hará más extenso” (McIntosh, 1999, 35) del que destacan a autores como Dean MacCannell, a Eric Cohen de la Hebrew University of Jerusalem y a Roy Buck de la Pennsylvania State University. 7) Un enfoque geográfico, del que dicen los autores ha estudiado el área más a fondo que otras disciplinas, iniciando las publicaciones Journal of Leisure Research y Leisure Sciences. 8) enfoque interdisciplinario, dada la naturaleza interdisciplinaria del tema, destacan la visión de Jafari como editor de la revista de ciencias sociales interdisciplinaria Annals of Tourism Research. 9) Por último, el enfoque de sistemas, visto por los autores como lo que se requiere realmente para estudiar el turismo, ubicándose ellos mismos, aunque sin hacerlo de manera abierta en este ángulo.

Knebel, en su muy difundida obra “Sociología del turismo. Cambios estructurales en el turismo moderno” (Knebel, 1984), con la intención de fundar una sociología del turismo, hace un breve recorrido sobre la producción en el tema desde los años veinte del siglo XX hasta los años 70. Busca en tal recorrido lo que distintos autores entienden por fenómeno turístico y por turista, para concluir que el turismo no es otra cosa que un rol y el turista el portador de tal rol. Esta conclusión desde el punto de vista social le permite debatir con los teóricos críticos que en su época se oponían a darle al estudio del turismo un lugar en el ámbito académico por considerarlo simplemente un producto comercial, sospechosamente capitalista.

Monterroso (1999) hace una propuesta metodológica para organizar la producción teórica del turismo, aplica el esquema de análisis de Gilberto Jiménez, que establece cuatro cuadrantes para los enfoques teóricos en función de dos ejes, uno epistemológico en el cual ubica los paradigmas positivista, marxista y hermenéutico y otro eje al que llama teórico en el que ubica los modelos económicos y lingüísticos. Monterroso propone el uso de tal esquema y ubica a los teóricos del turismo en dos posiciones, a Hunziker, Krapf, Fernández Fuster, De la Torre Padilla, Ortuño, Ramírez Blanco, Hiernaux, Acerenza y Molina en el paradigma positivista con modelos económicos. A Veblen, Lafargue, Racionero, Totti, Friedmann, Manheimm y Getino en paradigmas marxistas con modelos económicos. La intención del autor en el ejercicio mencionado, era evidenciar la existencia de amplios campos no explorados aún en la teoría sobre turismo, sobre los que sería necesario trabajar.

El análisis presentado por Monterroso sin duda es ilustrativo, aunque no profundiza en los elementos o aspectos que encontró en el trabajo de cada autor y que le permitieron establecer un criterio para ubicarlos en determinado paradigma y modelo teórico. En este sentido es que vale la pena profundizar en un análisis semejante.

2. Dimensiones del análisis

Es indudable que la teoría del turismo ha seguido los vaivenes de la teoría sociológica, misma que sufrió un gran impacto a mediados del siglo veinte, con la irrupción de Parsons, quien con sus planteamientos fue blanco de críticas durante casi cuatro décadas en las que la teoría sociológica se centró en “destronar a Parsons”, (Alexander, 2000: 295), lo cual sucedió en la práctica alrededor de la década de los ochenta, cuando la discusión vuelve al sendero de lo que alguna vez buscó el propio Parsons: la integración de enfoques teóricos.

El esquema de análisis de las teorías que aplicara Monterroso a las teorías del turismo, discutido en el apartado anterior, proviene de una propuesta de Giménez (1994) quien trajo a Latinoamérica en la década del 80 los trabajos de los europeos Giddens y Bourdieu quienes a su vez son representantes actuales de esa intención integradora, muy lejanos de los planteamientos parsonianos. Sin embargo, en México aún se dejan sentir los ecos de las posturas anti-parsonianas, traducidas en apasionada confrontación con lo que se ha llamado “positivismo”, sea lo que éste sea. Desafortunadamente, el análisis de Monterroso por momentos se desliza en esa misma trayectoria. En el presente documento, la intención es abordar el asunto con un enfoque distinto, superar la efusividad anti-parsoniana y evitar en lo posible las generalizaciones asociadas a un autor o a una supuesta corriente de pensamiento, llámese positivismo, marxismo, hermenéutica, pragmática, postmoderna o cualquiera otra. Con el fin de aproximarse a un análisis tal, se toma como base, el análisis que realizó Alexander (2000) en el que establece un esquema bajo el que observa la teoría sociológica desde la segunda guerra mundial, mismo que parte de dos ideas fundamentales:

La sociología tiene una intención teórica que no está desligada de un contexto histórico que la matiza; intención que al final consiste en la búsqueda de explicaciones del mundo social de manera total.

Es posible avanzar en tal intención teórica revisando a los diversos autores que han trabajado temas sociológicos y tomando ideas o elementos de sus planteamientos, no distanciándose de ellos, sino desarrollando una postura multidimensional.

Congruente con tales ideas, Alexander sugiere algunas de las dimensiones que permitirían revisar las propuestas teóricas. De ellas destaca dos dimensiones que considera eje, cada uno de los cuales atiende a las presuposiciones o posturas apriorísticas que subyacen en las teorías por la forma en que elaboran sus explicaciones sobre los problemas de la acción (racional-no racional) y el orden (individual – colectivo).

Alexander argumenta las justificaciones para pretender un enfoque multidimensional de la elaboración teórica en la sociología; sin embargo su propuesta resulta útil como marco de análisis para organizar la información teórica. A continuación, se presenta de manera esquemática lo que plantean las posturas teóricas principales en el turismo, en ellas se hace un esfuerzo por identificar los presupuestos sobre los que se han elaborado, esto es, las posiciones que los autores han asumido frente a los problemas de la acción y el orden, aún cuando tales posiciones no aparezcan o se mencionen abiertamente en los documentos revisados. Además de los supuestos o posiciones fundamentales, se busca en las teorías, los tres aspectos adicionales que sugiere el mismo Alexander, los cuales permiten hallar diferencias entre una teoría y otra: los modelos desarrollados, el método preferido o predominante y la visión que cada una supone sobre el estado de la sociedad.

En relación con el problema de la acción, que tiene que ver con la forma en que el hombre en sociedad toma las decisiones que le llevan a actuar: si se ejerce una racionalidad de tipo económico, o si aparentemente no se toman decisiones racionales, orientadas por aspectos de carácter subjetivo. Sobre el problema de la acción desde un nivel teórico, Giddens (1989) ha elaborado detallados análisis lo cual sin embargo no es materia de este estudio. Lo que se tomará en consideración respecto al problema de la acción, es la forma en que los teóricos del turismo pre-suponen que se da la acción social humana en sus propuestas teóricas, aún cuando esto no se presente de manera abierta o evidente.

El origen del orden social desde el ámbito individual subjetivo o desde el ámbito colectivo intersubjetivo u objetivo ha sido una cuestión de debate central en la sociología prácticamente desde sus orígenes. Tiene que ver con la autodeterminación (individualismo) o la heterodeterminación social (colectivo), ha originado paradigmas completamente opuestos en las ciencias sociales, con lo que ha incidido también en el desarrollo de muy diversos enfoques teóricos del turismo.

En relación con la construcción de modelos, algunos autores cuando trabajan con la teoría, dan prioridad a la construcción de modelos, entre los que se encuentran los funcionales, institucionales o los de sistemas. Esto sucede muy frecuentemente en el turismo.

En cuanto al método para la investigación sobre el tema, en los estudios sociales se han privilegiado ciertas orientaciones sobre otras, por ejemplo el uso de técnicas cuantitativas o cualitativas, la teorización frente al uso de datos empíricos; ello es observable a su vez en las distintas propuestas teóricas del turismo.

El último elemento incluido en el análisis es el estado que se supone la sociedad, como sociedad en equilibrio o como sociedad en conflicto. Esta cuestión atraviesa gran parte de la sociología, es fuente de acalorados enfrentamientos, no siempre resueltos en el nivel teórico y por supuesto que ha generado propuestas alternativas, contradictorias y enfrentadas en la teoría del turismo, incluso ha dado lugar a la elaboración de paradigmas que rayan en la animadversión contra el propio turismo.

Una vez definidos los elementos y dimensiones, se identificó a los autores más comúnmente citados por otros en la literatura turística y se aplicó a sus trabajos el análisis. El resultado del cual se puede observar de manera esquemática en el cuadro 1 al final de este capítulo, su contenido es desarrollado a continuación.

B. El problema de la acción en las teorías del turismo: las dos grandes tradiciones y la renovación estructural-funcionalista

El estudio formal del turismo nacía en la misma época en la que la sociología vivía lo que se ha llamado el período clásico, entre 1850 y 1920, período en el cual se debaten los planteamientos de Durkheim, Marx y Weber sobre la sociedad y las soluciones que cada uno de ellos daba para explicarla y para abordar sus principales problemas. Especialmente durante los primeros años fueron desarrollándose dos posturas del estudio del turismo, una de ellas heredera de la economía, que veía las bondades de la actividad como generadora de riqueza y que por tal carácter no era objeto de estudio específico de la sociología. Por su parte, una segunda postura que era abiertamente opositora no sólo al estudio del turismo sino a la propia actividad.

1. La escuela económica

La visión económica del turismo, es la versión más extendida del turismo, es la que ha prevalecido durante décadas, de manera prácticamente hegemónica. Los primeros estudios sobre el fenómeno del turismo tuvieron origen con los trabajos de Hunziker y Krapf, (Acerenza, 1991) quienes abordaron el tema desde la teoría económica clásica, aquel enfoque propuesto por el propio Adam Smith, que lleva en si mismo una postura teórica frente a la sociedad, aunque no teoriza sobre ella. Los suizos Hunziker y Krapf optaron por describir las relaciones de oferta y demanda implícitas en la actividad turística, sin entrar en discusiones teóricas sobre la forma en que se presenta en la sociedad.

La economía clásica en general se ocupa de los mecanismos de producción, intercambio y consumo que realizan individuos a los que se les atribuye un comportamiento racional que opera bajo normas egoístas muy claras, de oferta y demanda. Estos principios fundamentales, no son puestos en debate en la economía clásica, se presuponen y aceptan, constituyen un paradigma específico de sociedad, frente al que la sociología permanentemente ha debatido y por cierto la propia ciencia económica también. Sin embargo, los estudios del turismo por décadas permanecieron ajenos a estos debates y se mantuvieron fieles al paradigma original. Por tanto, se puede afirmar que este paradigma de sociedad, en el cual el turismo no es sino una forma específica de intercambio de servicios, y que para los fines de este documento se denominará “escuela económica”, sobrevive aún hoy día en diversos sectores académicos del turismo. Como consecuencia, en tales sectores hay una notoria ausencia de debate teórico sobre el turismo en la sociedad, poco o nada se cuestionan los principios fundamentales, con lo que muy frecuentemente, se ve a la sociología como un campo de análisis externo al campo del turismo, como si el turismo no fuera un fenómeno de la sociedad. Bajo este paradigma, la sociología únicamente se presenta como útil - ocasionalmente – para analizar las consecuencias sociales del turismo. Estudios como los de Brian King, Abraham Pizam y Ady Milman (1993) sobre los efectos sociales del turismo, son característicos de este paradigma, que se ocupan en presentar las opiniones del anfitrión como impactos tangibles del turismo, reconstruyen tales opiniones a través del uso de la encuesta como método, así como del análisis de regresión multivariado como fuente de validación de las relaciones entre variables objetivas.

Manuel Figuerola (1985) plantea desde una posición predominantemente económica, la versión más reciente de la visión económica del turismo, el español Figuerola propone que al carecerse en el turismo de una teoría explicativa, es deseable contar con lo que denomina “principios básicos que puedan ser constrastados con la realidad”. Y define al turismo de la manera siguiente, partiendo de las definiciones de Krapf: El turismo es un “acto que supone desplazamiento que conlleva el gasto de renta, cuyo objetivo principal es conseguir satisfacción y servicios, que se ofrecen a través de una actividad productiva, generada mediante una inversión previa” (Figuerola, 1985:15). Para este autor, el disfrute de un recurso turístico que no supuso un “hecho económico” no puede incluirse en el concepto de turismo. Desde luego, Figuerola se excusa argumentando que su planteamiento es únicamente económico, no pretende abarcar todo el turismo, sin embargo desde su definición se pueden reconocer los presupuestos sobre la sociedad implícitos en sus argumentos: son los individuos como humanos quienes deciden qué actividad desarrollar, cuando se desplazan realizan gasto de bienes y consumo de renta, con lo que de manera acumulada pueden generar riqueza. Esto significa que la acción es absolutamente racional y el orden se define desde lo individual. La visión de Figuerola, autoproclamada como parcial, pues sólo analiza lo económico del turismo es la forma que hoy ha adoptado la escuela económica, con la peculiaridad de que hoy en día, a diferencia de lo que sucediera en los tiempos de los profesores Hunziker y Krapf, no se considera a sí misma como la única visión del turismo. Actualmente, los autores que trabajan sobre el turismo con un enfoque económico reconocen que éste más bien es un sistema, del cual se pueden estudiar diversos fenómenos reales como lo es el económico. En este sentido, se relaciona fuertemente con la postura estructural funcionalista, que será analizada más adelante, pues se supone que el turismo como sector cumple una función económica.

2. La Escuela del Ocio

Una postura distinta de la sociología frente al turismo durante aquellos primeros estudios, fue de abierto rechazo. Veblen en su teoría de la clase ociosa (1899), sienta las bases para que muchos marxistas consideraran al turismo como una forma de comercio, particularmente a los viajes masificados: que implicaba una nueva forma de control del proletariado, al promover un descanso programado en destinos turísticos controlados, con el fin de elevar la productividad del obrero; simultáneamente como un nuevo negocio del capitalismo, al explotar al trabajador de la empresa turística y a los recursos de los sitios de destino, en beneficio de unos pocos. Evidentemente una postura así, cerraba el paso a cualquier intento de abordaje teórico sobre el fenómeno turístico mismo.

En aquellos años, no había un contexto favorable para estudiar al turismo desde la sociología, a pesar de que a fines del siglo XIX el propio Lafargue (1880), activista que trabajó durante años con Marx y Engels, elaboró un manifiesto en el que exigía el acceso a las actividades del ocio por parte del proletariado, con el sugestivo nombre del “derecho a la pereza”, sentaba las bases de lo que más tarde se transformaría en el primer esfuerzo teórico desde la sociología por entender al ocio y con él, al turismo.

Entre 1920 y 1940, es en Estados Unidos donde algunos investigadores abordan originalmente el tema del ocio, debido a que aparece entre muchos otros hallazgos de sus trabajos empíricos (Robert y Hellen Lynd, Margareth Mead y Wolffenstein). No es sino tras la segunda guerra mundial, que los estudios sobre el ocio –loisir, leisure- toman forma, casi simultáneamente, en Europa Dumazedier y Friedman, quienes son reconocidos como fundadores y en América, Riesman quien estableció en 1955 un centro dedicado a la investigación del ocio.

Los estudios del ocio pugnan por una sociedad más igualitaria en la que cada persona tendría el mismo derecho al ocio, en el sentido que se daba al mismo en la antigua Grecia como descanso recreador, que favorece el desarrollo personal. En el marco de estos estudios, es bien recibido el turismo, como una actividad del ocio. Esta visión, que aquí denominaré “escuela del ocio”, aporta una versión distinta de la sociedad a la que prevalece en la visión económica, puesto que pone en valor aspectos que van más allá de la racionalidad económica. Dumazedier, el teórico pionero de estos estudios, funda en Francia lo que hasta ahora se propone como el paradigma alternativo al económico que más ha aportado a la teoría del turismo, que ha logrado generar un genuino debate teórico. Algunos de sus conceptos originales fueron asimilados por la corriente principal de los estudiosos del turismo, en tanto que otros han logrado originar nuevas propuestas, que abarcan un amplio espectro, desde aquellas que defienden los supuestos originales planteados por Dumazedier, aplicados en el turismo, hasta aquellas que partiendo de ideas cercanas a las originales en esta escuela, plantean duras críticas al modelo de turismo hegemónico, al que han llamado “industria turística”.

Para Dumazedier, «el ocio es un conjunto de ocupaciones a las que el individuo puede entregarse de manera totalmente voluntaria, sea para descansar, sea para divertirse, sea para desarrollar su información o su formación desinteresada, su participación social voluntaria, tras haberse liberado de sus obligaciones profesionales, familiares y sociales». En esta idea, el turismo se presenta como una consecuencia del incremento del tiempo libre humano y que tiene la capacidad de incrementar el ocio, en beneficio del hombre.

Friedman (Citado por Ortuño, 1966) desarrolla también su propuesta en torno a la idea del ocio como una opción liberadora del hombre, para Friedman el ocio es la antítesis, el suplemento y la compensación del trabajo; entre ambos existe una vinculación que los hace complementarios, “aunque las disfunciones propias del trabajo sean desconocidas para el ocio, y las virtudes del ocio sean también inaccesibles durante el tiempo de trabajo”.

Derivados de aquellos primeros trabajos sobre el ocio, se desarrollan dos líneas de análisis en torno al turismo en la sociedad, la primera de ellas vinculada a la escuela de Frankfurt, originalmente en Europa, pero que se traslada a Estados Unidos y recibe un eco muy importante en Latinoamérica, la segunda se origina en Europa con la idea de crear una sociología del turismo.

Mannheim, C. Wright Mills y los representantes de la Escuela de Frankfurt, aunque no abordaron directamente el tema del turismo, en sus trabajos, tocan el tema del ocio, como un campo en el que el la visión occidental hegemónica adquiere una propiedad alienante y despersonalizadora, al extender el dominio del tiempo de trabajo a la actividad de consumo, de bienes en su mayor parte inútiles, a las actividades del ocio. En esta misma línea, Getino (1987,26) dice que el turismo en un sistema como el nuestro, significa en el mejor de los casos “un derecho relativo que han conquistado solamente reducidos grupos sociales de clase media y alta”, caracteriza el turismo como recurso creado por el hombre a partir de otros recursos naturales y sociales y muestra que las naciones emisoras de turistas privilegian su papel por encima de lo que les sería propio, pues a fin de cuentas quienes cuentan con el recurso son los países que reciben a los turistas, con lo que encuentra una relación desigual, hegemónica en la relación turística. En tanto que en una propuesta más reciente, que revalora las posibilidades del turismo, Ponterio (1991,21) encuentra en el turismo la posibilidad para que el hombre común experimente una posibilidad de nueva “educación sobre su propia existencia, de conocimiento del significado de la vida, de amor hacia los demás seres unidos a nosotros por una común resistencia” frente a las fuerzas de la racionalidad objetiva, del capitalismo y en general de los grandes males sociales actuales.

Knebel (1984) muy probablemente influido por el trabajo de Dumazedier, de quien es contemporáneo, elaboró por su parte una propuesta de sociología del turismo que, fundamentada en el rol de turista, que pretendía vincular al estudio del turismo desde la sociología con los estudios sobre forasteros e inmigrantes, iniciados en Alemania por Von Wiese y Robert Glüksmann entre 1930 y 1935. Knebel propone una estrategia amplia para el análisis de las instituciones que se generan en la sociedad a partir del rol de turista. Si bien Knebel no enfoca su atención en el tema del ocio y tiene intenciones fundacionales, al intentar conformar un objeto emparentado con el ocio, pero distinto a él, comparte con los otros autores aquí mencionados los presupuestos sobre la sociedad: que la acción humana es racional, contextualizada en una sociedad pre-estructurada y en permanente conflicto.

Para Knebel, hay tres criterios que denotan a los turistas (Knebel, 1984: 8):

  • 1. Tránsito de personas con cambio temporal de residencia: movilidad regional limitada en el tiempo.

  • 2. Existencia o inexistencia de interrelaciones con los naturales del lugar.

  • 3. Satisfacción consumidora de necesidades de lujo con medios ganados en el lugar de origen.

  • 4. Afán de confort y de seguridad física.

Y explica la estructura de su comportamiento y sus motivaciones, que encuentra “dirigidas por otros” a quienes denomina el sistema turístico secundario. Para él, el turismo es “altero determinado” por las instituciones, los medios de transporte, la sociedad que le asigna un rol determinado. El rol se elige libremente, pero ya está determinado, marcado. (Knebel, 1984: 122) El rol de turista tiene un peso mayor que otros roles pues siempre se identifica como turista quien lo es y es recibido por otros turistas como tal. El consumo turístico es lo que determina el criterio de estratificación de los roles. Aún en el caso de quienes se alejan de lo que determina la generalidad, tienden a hacerlo dentro de ciertos márgenes, por lo que no escapan al comportamiento altero-determinado.

A principios de los años sesenta, autores como N. Anderson, M. Kaplan o el mismo R. J. Havighurst (Ortuño, 1966) desarrollan su trabajo en torno al ocio, tomando como idea directriz el carácter subjetivo o personal que lo define. En general, y a pesar de las diferencias, estos autores sostienen la creencia que el ocio es algo que se refiere y se hace posible principalmente por la relación que el individuo mantiene con su actividad, independientemente de que se realice durante el tiempo denominado de trabajo o en el de descanso. En todos ellos, el turismo juega un papel de actividad del ocio, con todo lo que esto implica tanto para la actividad como para su relación con el trabajo.

En esta misma línea, Ortuño (1966) trae la influencia de la escuela del ocio en el turismo a Latinoamérica durante los años sesenta e influye notoriamente en la producción académica sobre el tema. Su obra Introducción al estudio del turismo es referente obligado en los trabajos que vinieron más adelante. Ortuño, ubica al turismo en el marco del tiempo libre y las vacaciones, diferencia entre viajes y turismo, destaca el asunto de la diversión y la ausencia del lucro como fines de los viajes turísticos, que además tienen carácter temporal. La idea de libertad, como libertad de elección de meta o del objeto turístico y libertad para el empleo de los medios que permitan alcanzarlo y gozarlo le permiten plantear tres grandes interpretaciones del turismo (Ortuño, 1966: 42-47), dos de ellas anteriores y una nueva con la cual se identifica:

  • a) Interpretaciones de carácter espiritual, que destacan el valor espiritual, moral y de cultura que encierra el tráfico turístico, Ortuño cita al español Arrillaga como uno de los grandes impulsores de esta interpretación del turismo a la que califica de un tanto ingenua.

  • b) Interpretaciones de carácter material. Para Ortuño, el libro de Troisi es uno de los más completos y dedicado a considerar el turismo de acuerdo con los elementos de análisis de la ciencia económica, que ubica en un plano material, para distinguirlo del anterior “espiritual”. Cita a Luis Lavaur, quien en 1948 dijo que la interpretación económica del turismo era la “más positiva y trascendental”, cita a Krapf, quien afirmó que el turismo debe ser analizado no como un valor de cambio sino como un valor de uso y a Pierre Defert quien localiza la posibilidad y la realización del turismo exclusivamente en lo que llama los países de civilización industrial técnica como tres de los principales exponentes de esta interpretación del turismo.

  • c) Interpretaciones de carácter social. En la tercera interpretación, síntesis de las anteriores y en la cual Ortuño deliberadamente se ubica, cita como iniciadores a los autores de la “escuela francesa del loisir”: Dumazedier, Hourdin, Defert, y Kaaes, quienes toman en cuenta las razones económicas y sin despreciar las espirituales y han querido entender el turismo desde “puntos de vista nuevos y más prometedores”. Ven a la economía como una superestructura, sin olvidar ni desconocer el plano de las motivaciones personales a escala social. Defert habla de la urgencia de volver a construir “la imagen del turismo a la altura del hombre”, Hourdin, declara el nacimiento de la “civilisation des loisirs” pues los humanos “trabajamos en equipo, nos distraemos en masa”. Es claro que para Ortuño, la escuela del ocio permite superar los planteamientos de la escuela económica, lo hace vinculando al turismo a racionalidades no económicas, que en su análisis llama interpretación de carácter espiritual, de esta postura se desprende el auge y entusiasmo que causó en su momento el “Turismo Social”, impulsado por el belga M.H. Haulot.

  • d) Tras Ortuño, trabajan en México profesores como Oscar De La Torre Padilla, Manuel Ramírez Blanco, Hector Manuel Romero, Gerardo Novo, Manuel Gurría Di Bella, quienes dan forma a la versión académica mexicana del turismo. Su labor ha tenido un mayor impacto en el ámbito docente y su obra escrita puede enmarcarse vinculada al legado de Ortuño, aunque realimentada por los debates sostenidos en la recién creada – en aquella época - Organización Mundial del Turismo (OMT) con fines político-económicos para el turismo. Si bien, la OMT está estructurada congruentemente con lo que la escuela económica trabajaba desde décadas antes auspiciada por el organismo antecedente a la OMT, la Unión Internacional de Organizaciones Oficiales de Turismo (UIOOT), incorpora la posibilidad de diálogo con la escuela del ocio. El diálogo no desemboca en una elaboración teórica, sin embargo establece los espacios para que el turismo sea abordado en investigaciones y estudios sistemáticos, lo cual a su vez abre la puerta para que se elaboren y discutan nuevas posturas teóricas del turismo, como lo fue en su momento la propuesta estructural funcionalista.

3. La propuesta estructural-funcionalista

Desde el fin de la segunda guerra mundial, la UIOOT, que se transformó desde 1975 y hasta la fecha en la Organización Mundial del Turismo (OMT), es el organismo internacional dedicado a promover el turismo en el mundo, desde un principio llamó la atención de los académicos y a través de acuerdos internacionales estableció las políticas para orientar a las naciones hacia los asuntos “importantes” para fomentarlo. Es comprensible entonces que en el ámbito académico se haya centrado la atención sobre tres dimensiones del turismo, la económica, la legal y la geográfica, sobre las que se pueden encontrar los trabajos pioneros en España, justamente en donde se instaló formalmente la OMT desde 1976, apenas un año después de creada (reestructurada) la organización. Si bien, en los trabajos no se pretendía elaborar teoría, los esfuerzos del sector académico del turismo se encaminaron hacia la posibilidad de llevar un registro (control) del movimiento turístico con el fin de que los gobiernos pudieran tomar acciones al respecto de él, ya sea en el marco de la macroeconomía (Fernández Fuster 1967; Figuerola, 1985), el derecho y las leyes como en De Arrillaga (Citado por Ortuño, 1966), Rodríguez Artigas (1974), Robles Álvarez de Sotomayor (1973) o de la distribución geográfica-política del turismo (Vera, 1997).

Es hasta ya entrados los setentas, que se comienza a estructurar una corriente teórica en el turismo que sienta sus bases en la teoría general de sistemas, influida por las teorías de los sistemas sociales. Diversos autores trabajan en torno a elaboraciones conceptuales que pretenden explicar la totalidad del turismo como sistema social. Es el modelo de sistema turístico propuesto por Neil Leiper, quien se inspiró en las ideas de Raimundo Cuervo, el que ha sido adoptado por la mayor parte de los autores actuales sobre el tema de turismo. Leiper, adoptado por Cooper y otros (1996), analiza al turismo como un sistema que vincula tres subsistemas ubicados en entornos espaciales concretos: region emisora, región receptora y región de tránsito (Ver figura 2). Jiménez (2004), hace un análisis de las distintas propuestas y modelos de turismo desde el punto de vista de la Teoría general de Sistemas para proponer una ampliación del modelo de Leiper, en la que identifica múltiples regiones de origen y destino y concluye que el sistema turístico sucede en el nivel de los estados naciones, pues es dentro de sus fronteras en los que se establecen las normas jurídicas, políticas y socioeconómicas.

Figura 1. El sistema turístico básico

Fuente: Neil Leiper (1981)

Mathieson y Wall, caracterizan al turismo como un fenómeno multifacético, se interesan por la estructura del mismo e identifican tres elementos, uno dinámico, uno estático y otro de consecuencia, el dinámico es el turista o demanda, el estático se refiere a la relación de las características del turista y las características del destino y finalmente el elemento de consecuencia son las repercusiones económicas, físicas y sociales del turismo, así como los controles que se establecen en política y normatividad frente a ellas. Lo cual es el motivo de su obra. Afirman que los elementos estáticos son atribuibles a las características del turista y del destino.

Sergio Molina, en su obra “Conceptualización del turismo” (Molina, 1991), con la finalidad de integrar un concepto incluyente de turismo, realiza una revisión de la investigación sobre el tema, de la cual concluye que el concepto del turismo que se ha difundido, que se ha construido por empíricos “positivistas” resulta obsoleto, a tal concepto le denomina modelo de industria turística y frente a él propone la construcción de tres posibles modelos conceptuales del turismo: el modelo de turismo como sistema, el modelo de turismo alternativo y el modelo fenomenológico del turismo, los que estarían integrados por uno de ellos, el primero, el de sistemas. Así, Molina desarrolla una versión del sistema turístico (Ver figura 1) que ha sido tomada por múltiples autores en turismo y que ha sido utilizada como marco de referencia para el diseño de planes de estudio en escuelas y para el diseño de planes de desarrollo turístico en México y otros países de América Latina.

Figura 2. Sistema Turístico, de acuerdo con Sergio Molina.

Fuente: Molina (1991)

Más recientemente Mill y Morrison (2002) proponen un modelo de sistema turístico en el que se privilegian las funciones de mercado del mismo y en el que el flujo de información le otorga una dinámica al mismo. Para estos autores, son cuatro los elementos o componentes clave del sistema turístico, el mercado, el viaje, los destinos y el marketing. Tiene una naturaleza cíclica y supone que cada uno de los elementos del sistema retroalimenta al sistema mismo.

En estas propuestas, se hace eco de diversas ideas acerca de las funciones y las estructuras involucradas en el tema turístico, muy ligadas a los trabajos de Parsons y Merton, quienes por cierto son pocas veces citados por los estudiosos del turismo. De hecho la mayor parte de los autores que han descrito al turismo como un sistema social, han elaborado sus modelos y aproximaciones en las décadas de los setenta y ochenta, tiempo en que en la sociología se vivía con mayor fuerza la reacción anti-parsoniana. Sin embargo, los conceptos como sistema, subsistema, retroalimentación positiva o negativa, información, flujo de la misma, entre otros están claramente vinculados con los desarrollos que en el ámbito de teoría de sistemas y en particular de la teoría de los sistemas sociales se fueron sucediendo.

Puede decirse, que actualmente el paradigma teórico hegemónico en el turismo es el de sistemas, heredero de la propuesta estructural-funcionalista. De hecho trabajos como los de Gunn (1997), Jafari (2005), Osorio (2005), Farell (2004) o Panosso (2005) así lo dejan ver. Desde este paradigma, la acción individual es racional pues se supone en un marco de relación oferta – demanda, que existe en un marco mayor al que se denomina sistema. Por tanto para este paradigma no hay demasiada relevancia en teorizar en el nivel micro, lo que resulta interesante o importante es encontrar los vínculos estructurales y funcionales entre los grandes actores sociales, las instituciones, los sectores, los mercados. En años más recientes, la teoría social del turismo se encuentra en recomposición, acercándose a las diversas fuentes que hoy plantean acercamientos e integraciones micro-macro o acción-estructura.

C. Actualidad: el problema del orden social en la teoría del turismo

En la escuela económica, el orden social se origina desde un fenómeno agregado ajeno al individuo pero que se da como ajuste automático, este fenómeno, conocido como “la mano invisible” supone una sociedad en equilibrio y evolución, en el que los desequilibrios o crisis son ajustados de manera automática al llegar a niveles inaceptables de desequilibrio. El turismo en este sentido estaría supeditado a las leyes de la oferta y la demanda y los actores que en él participan únicamente obedecen a este juego. Esta visión, como se hacía ver en el apartado anterior, no es cuestionada en la escuela económica, se presupone y acepta.

En la escuela del ocio, al menos en sus orígenes, la sociedad es vista como sociedad en conflicto de clases, posteriormente como sociedad en tensión dicotómica entre dominantes y dominados o entre occidentales – no occidentales, norte – sur, en la cual el ocio y la sociedad del ocio es una visión alternativa a la hegemónica, por la que habría que pugnar. El orden sería en este sentido externo al individuo, anterior y pre-supuesto. El turismo así, está supeditado al paradigma dominante-alternativo que la sociedad en su conjunto adopte y los actores que participan en él están supeditados a la posición en el entramado social, ya sea hegemónico o dependiente, dominante o dominado, propietario o desposeído, de la clase ociosa o de la clase trabajadora.

En la visión estructural funcionalista, el orden social se supone en equilibrio, en el que tal equilibrio es mantenido a partir de mecanismos de control establecidos por el propio sistema, por su estructura. En este sentido, es de interés para esta visión del turismo, descubrir los detalles de la estructura social del turismo.

En la sociología, la discusión micro-macro (Ritzer) acción-estructura (Alexander) está llegando a una nueva etapa de integración entre paradigmas, esto se ha dejado sentir en el turismo, si bien, hasta la década de los ochenta, sólo aparecen las visiones de sociedad cuyo orden se liga a su estructura, a sus instituciones, el orden desde el individuo, poco ha llegado al turismo, aunque hoy en día se pueden encontrar debates teóricos fundamentados en Bourdieu, Giddens, Habermas, Luhmann y otros que ofrecen propuestas contemporáneas que han trascendido el debate antiparsoniano y buscan integraciones, consensos o al menos que aceptan posturas ecuménicas frente a este problema. Aquí presento algunos de ellos, tres de ellos hacen reflexiones sobre el turismo partiendo de enfoques teóricos recientes y tres más pretenden elaborar enfoques teóricos macro:

Daniel Hiernaux estudia lo subversivo en lo efímero de la cotidianidad turística, habla de la división entre quienes estudian el turismo en el marco del trabajo y la producción como conceptos centrales en sociología y quienes encuentran por el contrario, en el concepto de ocio, el tema integrador. Entre los últimos, el autor cita a Dumazedier, Lanfant, Lalive y trabajos de Remy y Maffesoli. Sus vínculos teóricos llegarían hasta la sociología fenomenológica de Schutz, con aportaciones de Goffman y de la etnometodología de Garfinkel. En él se puede observar un acercamiento hacia el orden social desde lo individual, en el que el turismo jugaría un papel fundamental. Hiernaux argumenta que la posición crítica del turismo no puede negar que lleva en sí misma una parte alienante, sin embargo al centrar la atención en el individuo, descubre que hay prácticas cotidianas con elevadas dosis de libertad y hasta de subversión. Dice de ellas (Hiernaux, 2000:110) “están surgiendo nuevas formas de apropiación del espacio-tiempo cotidiano, relacionadas con el turismo, y el aprovechamiento del tiempo libre, que inducen a la aparición de géneros de vida distintos, aunque en buena medida efímeros”, las asocia con la expansión del tiempo libre en la vida cotidiana, la aparición de roles subversivos frente a la configuración corporativa del turismo, la constante creación y recreación de nuevas pautas cotidianas en los tiempos de los viajes y el rol que juega el recuerdo en la vida cotidiana del trabajo. De este modo para Hiernaux, en el turismo hay un juego dialéctico entre la lógica del trabajo y la lógica del ocio, que es expresión de la confrontación entre la lógica de la racionalidad económica frente a otras distintas y hay un permanente enfrentamiento del individuo (subversión) a la norma social.

Zizumbo (1998), elabora una propuesta de análisis del turismo en la vida cotidiana desarrollada a partir de los trabajos de Agnes Heller (1977), cuyas fuentes teóricas muy bien pueden ubicarse próximas a Habermas y la escuela de Frankfurt. Su trabajo, aplicado en la ciudad de Toluca, México, observa que el turismo puede aportar al hombre momentos de escape a las estructuras y mecanismos de control convencionales y que estos momentos se encuentran cada vez más involucrados en la vida cotidiana de la persona, a la cual observa como marco estructural en la que se reproduce el conflicto entre la alienación y la libertad y en ella se produce, con las mismas características, el turismo. En él, analiza los elementos del marco estructural en el que el turismo sucede: en el mundo de los objetos del turismo, el mundo de los usos del turismo y en el lenguaje del turismo.

La influencia de Pierre Bourdieu se ha dejado sentir asimismo en algunos trabajos sobre temas turísticos, como es el caso de los de Flores (1999) y Pavón (1999) quienes a propósito de los gustos y preferencias como evidencia del capital cultural de las personas al realizar sus consumos turísticos, analizan lo que sucede en el escenario de los restaurantes turísticos. Si bien la intención de estos trabajos no es teorizar sobre el asunto, parten de una concepción de sociedad distinta a la que se puede encontrar en las escuelas tradicionales del turismo.

Por su parte, Erik Cohen, realiza un detallado análisis del turista, de sus gustos y preferencias así como de la situación institucional de su viaje bajo un continuo de combinaciones posibles de familiaridad y novedad en el viaje, del que extrae una tipología de cuatro roles del turista: el turista en masa organizado, el turista en masa individual, el explorador y el vagabundo. A los dos primeros les da el nombre de turistas institucionalizados, debido a que se relacionan de manera rutinaria con las empresas turísticas, como consumidores. A los últimos dos roles les llama turistas no institucionalizados debido a que se vinculan muy poco con las empresas turísticas, no se caracterizan como consumidores. Así Cohen encuentra que en la sociedad actual, se desarrollan dos versiones simultáneas del turismo en los mismos sitios de origen y hacia los mismos sitios de destino, aunque se vinculan de manera totalmente distinta con las comunidades anfitrionas. Cohen ha desarrollado otros trabajos en torno a lo que sería una Sociología del Turismo, en la que sobre todo destaca la realización de trabajos de corte cualitativo (Cohen, 1999). Todo ello tomando básicamente como fuente teórica lo que originalmente planteara Knebel y que se nutre con los trabajos sociológicos contemporáneos en Europa y los trabajos de corte antropológico de Valene Smith en Estados Unidos (Smith, 1992). Cohen presenta una visión que integra en un solo eje a los individuos adaptados y no adaptados a la estructura social convencional y ve en el turismo una vía de expresión de esta visión de sociedad, aunque su visión puede enmarcarse en las elaboraciones sistémicas del turismo, tiende a alejarse de ella al concentrar su atención en los individuos. Cohen también hace una revisión de lo que ha sido la sociología del turismo, en la que encuentra que son cuatro las temáticas estudiadas en la mayor parte de los trabajos: los turistas, la relación entre turistas y locales, la estructura y funciones del sistema turístico y las consecuencias del turismo.

Tribe (1997) aprovecha las teorías del caos para revisar los modelos de sistemas elaborados en turismo, concluyendo que son insuficientemente explicativos. De su trabajo, parten Farell y Twining-Ward (2004) para proponer una ampliación del enfoque de sistemas hacia las teorías de la complejidad, que permitan abarcar la totalidad del sistema turístico y sus entramado jerárquico con otros sistemas, que permita a los estudiosos del tema, entender su dinámica como sistema complejo “no lineal”, con diversos componentes como son: los objetos y servicios del ecosistema, estructuras y funciones, sociedad local, sus percepciones y aspiraciones y todos aquellos que afectan su comportamiento, con este fin propone que el sistema turístico sea “comprehensivo”, complejo y adaptativo. Aunque aún no desarrolla en detalle esta visión, al tomar la noción de la complejidad, abre la puerta para que se incorporen trabajos de corte integrador entre posiciones frente a la sociedad, la naturaleza y el turismo.

En México, Osorio diferencia su propuesta de lo planteado por los estructural-funcionalistas y propone una elaboración centrada en la comunicación como distinción del sistema turístico, para ello se fundamenta en la teoría Luhmanniana de sistemas complejos. Argumenta Osorio que “La teoría del sistema de la sociedad, permite interpretar al turismo como una “distinción social” que surge por la diferenciación funcional” (Osorio, 2004:11) de los viajes/no viajes y viajes turísticos/viajes no turísticos. Como diferenciación en la sociedad, no logra una clausura operativa y por lo tanto no es un sistema societal, aunque si es capaz de propiciar irritaciones en otros sistemas en la sociedad, como lo son el económico, el político, el del derecho, el educativo, entre otros. Bajo esta visión, el orden social es autorreferente, sólo se presenta desde la sociedad, el individuo queda excluido, aunque sus decisiones, pueden a su vez llegar a irritar el sistema social con lo que podría suceder en consecuencia un acoplamiento estructural del sistema.

Apostolopoulos, Leivadi y Yiannakis (2002), hacen una revisión de la producción académica en sociología del turismo y plantean una “reinvención de la sociología del turismo” en la que se de cabida tanto al análisis del turismo como servicio o sector que requiere desarrollo como al enfoque del turismo en el nivel de interacción turista-residente. Para ello plantean una sociología del turismo en la que se tendría que debatir una comprensión sociológica del turismo contemporáneo, la relación entre el sistema turístico y lo individual, las estructuras de desigualdad en el sistema turístico, el turismo en el subdesarrollo y la dependencia, el turismo y las instituciones sociales, el turismo y el cambio social. Todo ello orientado a descubrir un campo de trabajo legítimo por propios méritos en la sociología en general.

A continuación puede observarse un cuadro síntesis de lo expuesto hasta aquí en el presente capítulo.

D. Síntesis: la teoría del turismo en el tiempo

El turismo es una expresión de la sociedad contemporánea, fruto de una serie de condiciones que favorecieron su aparición y crecimiento, en tanto que las propuestas teóricas del turismo se han presentado en concordancia con estas condiciones. En este último apartado del capítulo la intención es mostrar cómo se han presentado en el tiempo las distintas propuestas teóricas y su posible relación con el crecimiento de la actividad.

En la mayor parte de la literatura especializada en el tema turístico, se hace referencia al momento en que se origina el turismo, se discute que no todos los viajes pueden considerarse turísticos (Fernández Fúster, 1992), pues los viajes que realizaron los colonizadores, las expediciones de guerra, las migraciones o las exploraciones, forman parte de la historia de la naturaleza humana, pero no tuvieron en su época ni las dimensiones ni las características de los viajes que hoy forman parte de la actividad turística; de otro modo, cualquier viaje tendría que ser considerado turístico, incluso aquellos que realizan los nómadas, los migrantes, los exploradores entre otros. Por ello, antes de entrar en detalle sobre las teorías del turismo en el tiempo, conviene hacer algunas precisiones sobre aquello que se considera viaje turístico.

Existe un cierto consenso (Cooper, 1992; McIntosh y otros,1999; Acerenza, 1991; Molina, 1991; Knebel, 1984; Smith, 1992) en ubicar el surgimiento del turismo en el siglo XIX, en coincidencia con los avances tecnológicos de la industrialización que condujeron a un mayor uso de los ferrocarriles y de los barcos a vapor, los que a su vez permitieron que los viajeros se multiplicaran. En este sentido el turismo se ha entendido como un fenómeno de viajes masificados, ya sea por grandes cantidades de viajeros o por grandes cantidades de viajes, o una combinación de ambos. Algunos autores han debatido sobre otros factores que distinguen a los viajes turísticos, haciendo referencia a los fines que persigue el viajero -descanso, recreación, placer- (Cohen, 1999), al tipo de viaje -de ida y vuelta- (Ortuño, 1966), a las condiciones del viaje -utilizando servicios turísticos- e incluso al tiempo que se permanece fuera de la residencia -más de una noche- (OMT) Todos ellos, más que factores explicativos de la actividad parecen ser límites con fines cuantitativos, cuya finalidad última sería llevar una contabilidad de los viajeros turísticos, distintos a los viajeros no turísticos.

Luis Lavaur (1974) propone la búsqueda del origen de la actividad en el origen del vocablo, tour en inglés tomado del latín tornare, que hacía referencia en los siglos XVI y XVII al “Grand Tour” que realizaban los jóvenes aristócratas ingleses por el continente, especialmente por Francia e Italia. Con ello el viaje turístico tendría que verse como una actividad con fines de intercambio cultural que se elige libremente.

En este orden de ideas, el turismo tendría tres componentes fundamentales que le diferencian de otro tipo de viajes: la masificación, la libertad -ocio como “otium”- y la finalidad de conocimiento mediante la observación. Esta postura frente al turismo es la que se ha adoptado, no necesariamente de forma deliberada, en gran parte de los análisis sociales del turismo, desde la sociología, la antropología, la economía o la historia. Asimismo, es la perspectiva privilegiada por la política internacional para caracterizar al turismo, centrado en las actividades que realiza el viajero (Hiernaux, 2000), es claramente una visión sesgada hacia el centro, es decir desde el occidente, desde la ciudad, desde los dominantes económicamente, desde los hombres, por lo tanto es parcial y evidencia en sí misma una tendencia e ideología.

En este sentido es que muy probablemente solo se puede considerar como viajes turísticos a aquellos que se realizan desde fines del Siglo XIX, pues reúnen en sus características a las tres mencionadas, esto coincide con el surgimiento las teorías del turismo. Fue hasta mediados del siglo XX, en que los viajes como actividad del individuo dejaron de ser el motivo de principal interés cuando se hablaba de turismo y se comenzaron a introducir las preocupaciones por los impactos que ya no necesariamente eran beneficiosos para la población residente. Ello obligó a que la visión se ampliara y se incluyeran diversos elementos y factores explicativos del turismo, no únicamente centrados en las actividades del visitante. Así, el turismo se analiza desde diversas perspectivas disciplinarias (Jafari,1981), involucra temas diversos, cuestiones de naturaleza diversa, pero que en conjunto refieren algún elemento de la relación turista – anfitrión (Smith, 1992), de las actividades (Leiper, 1990; Farell, 2004), de cada uno de ellos como tales y de sus evidencias en el tiempo y el espacio (Dann, Nash y Pearce, 1988).

Bajo este marco, se puede identificar un paralelismo con las transformaciones en la teoría del turismo, que se ha trabajado desde las ciencias sociales, particularmente desde la economía y la sociología, ya sea suponiendo para el turismo las nociones sobre sociedad que se suponen para cualquiera otro fenómeno o ya sea elaborando análisis sobre la especificidad del fenómeno turístico en la sociedad.

En los primeros años en que se analiza al turismo como fenómeno social, se le estudia desde el marco de análisis de la economía clásica, con lo que nace la primera tradición o escuela de pensamiento sobre el turismo. En esta escuela se pueden incorporar todos los análisis que sobre el turismo se han realizado con el fin de cuantificar su significado económico y sus aportaciones a los indicadores macroeconómicos, su caracterización en términos de oferta y demanda, así como los análisis de los productores y consumidores turísticos. Es una visión que ha predominado en el campo académico del turismo y es la adoptada por los organismos internacionales de fomento al turismo. También durante los primeros años, surge la visión del turismo como actividad del ocio y éste a su vez como posibilidad subversiva frente a la modernidad occidental, de esta visión se desprenden múltiples trabajos que constituyen la segunda escuela de pensamiento sobre el turismo, en múltiples ocasiones enfrentada con la escuela económica. Este par de escuelas sobrevive más o menos simultáneamente con seguidores en diversos países, la mayor parte de ellos europeos, hasta la segunda guerra mundial. Tras ella los estudios sobre turismo no sólo se retoman en el viejo continente, sino que se multiplican en América, tanto en Estados Unidos como en diversas naciones latinoamericanas, toma fuerza una nueva escuela, la estructural funcionalista, que entiende al turismo como un sistema social en el que las estructuras determinadas por las funciones de cada elemento hacen que la actividad tome características propias. Esta escuela entra en diálogo con las dos anteriores y de hecho va tomando poco a poco una posición central, hegemónica en el ámbito académico. No es sino hasta la década de los noventa, con los grandes cambios en la sociedad, los nuevos rumbos que toman las ciencias sociales (Wallerstein, 1999) que también la teoría sobre el turismo se ve nuevamente interrogada. Toma nuevos bríos la escuela del ocio y se enriquece con los recientes trabajos de los sociólogos de fin de siglo XX. La historia de la teoría social del turismo apenas comienza a escribirse y muy probablemente falta más por construir que lo que se tiene elaborado hasta el momento.

De manera sintética se puede observar esta evolución en la figura 3 a continuación:

Figura 3. Evolución de la teoría del turismo

Fuente: Elaboración propia.

El turismo, actividad que surge en el siglo XIX y adquiere las características con que hoy se conoce a partir del siglo XX, comienza a vivir una serie de transformaciones con la llegada de las nuevas TIC. Los cambios radicales en la estructura territorial en que se distribuye el turismo -sitios de origen y destino turístico- así como en la división del tiempo humano que le diera origen -tiempo libre y tiempo de trabajo- llevan a una reformulación de la actividad que va más allá de lo que en un primer vistazo podría suponerse.

Aún hoy lo que caracteriza a la actividad turística, son los viajes desde un sitio de residencia habitual hacia otro de destino temporal, en los que a partir de la interacción de dos entidades, turista y anfitrión, se construye una red de nexos, significados y prácticas que con el paso del tiempo han configurado escenarios en los que se observa un territorio adaptado a ello: atractivos turísticos, vías y medios de transporte, infraestructura de servicios para el turista, instituciones de fomento y regulación de la actividad. Sin embargo en los próximos años, estas estructuras territoriales cambiarán en la medida en que cambie la naturaleza del turismo.

Capítulo 3.

El turismo en el marco de la microsociología y de las propuestas sociológicas de integración acción-estructura

A. La investigación sociológica en turismo a fines del siglo XX e inicios del XXI

Como ya se ha venido diciendo desde el capítulo anterior, el turismo es un tema que ha sido trabajado en el campo de la sociología de una manera relativamente superficial, o mejor dicho, de manera incidental. Esto es que, si bien existen un sinnúmero de estudios sociológicos en los que aparece el tema del turismo, tales estudios no están dirigidos al análisis del mismo. Como ejemplo se puede tomar el caso de diversos estudios que ahora se encuentran en boga acerca del desarrollo comunitario a través del turismo, en estos estudios, el trabajo de los sociólogos se ha centrado en las estructuras colaborativas en el nivel comunitario. En estos trabajos desde luego que aparece el turismo como actividad laboral de la colaboración comunitaria, sin embargo esto es un hecho incidental, lo mismo daría que la actividad fuera la pesca o la agricultura, lo importante para el análisis no es el turismo, sino la estructura de la comunidad. Lo mismo ha sucedido cuando se analiza el comportamiento del turista, se le observa como consumidor, haciendo uso de las herramientas e instrumentos que provee la sociología para el estudio de los consumidores, el hecho de que el consumo sea de orden turístico es también incidental.

En este capítulo la intención es mostrar aquellas aportaciones que desde estudios empíricos en sociología y turismo y de acuerdo con las herramientas utilizadas, la postura asumida por los autores, los conceptos que aplican o el sentido de los hallazgos, puedan identificarse con las posturas sociológicas que alimentan directamente y en las cuales se funda la teoría constructivista de Berger y Luckmann: la microsociología, las propuestas de integración acción-estructura. Este ejercicio tiene la finalidad de tomar las aportaciones desde la realidad para enriquecer y aportar un ángulo empírico al planteamiento propio que se desarrolla en el capítulo siguiente, la intención es que en ellas se identifiquen temas o aspectos que deben ser incluidos en la propuesta teórica o líneas de trabajo de futura aplicación.

El capítulo se inicia identificando las principales líneas de trabajo en la investigación sociológica empírica en turismo en años recientes, fines del siglo XX e inicios del XXI; en el segundo apartado, se presenta una selección de aquellos estudios que atienden preocupaciones de orden microsociológico; en tercer lugar se incluye un apartado en el que se presenta una selección de estudios en los que se hace aplicación de las teorías que argumentan la integración acción-estructura; en un cuarto apartado se muestran algunos trabajos que toman elementos de la propuesta de Berger y Luckmann como una posibilidad integradora de los dos primeros y finalmente se plantean algunas reflexiones sobre las posibilidades del análisis del turismo como un campo de estudio de la sociología y las posibilidades que esto abre para la comprensión de la sociedad contemporánea.

De acuerdo con Apostolopoulos (1996), si bien se han realizado esfuerzos para que la sociología del turismo, entendida como el estudio sociológico del turismo, cuente con un estatus reconocido en el ámbito académico, éstos aún no han cosechado sus principales resultados. Ejemplo de ello se encuentra en que la Asociación Sociológica Internacional ( Internacional Sociological Association) una prestigiada organización sociológica en el mundo, incluyó por primera vez en su historia, una sección autónoma en sociología del turismo en el XII Congreso de Sociología realizado en Madrid, España en 1990 y aceptó la formación de un nuevo grupo temático que incluyó a más de cuarenta investigadores que trabajan con “Turismo en el mundo: unidad y diversidad”, mismo que adquirió el estatus de Comité de Investigación permanente para el XIII Congreso realizado en Bielefeld, Alemania en 1994, involucrando a 80 científicos sociales en 13 sesiones temáticas, presentando alrededor de 60 “papers” enfocados en el tema de cómo “El turismo internacional elimina fronteras”. En el 2001, el número 16, volumen 2 de la revista que edita “International Sociology”, fue dedicado al tema del turismo bajo el título de “Relocating the tourist” con lo que se confirma la fuerza que va tomando la sociología del turismo en el ámbito internacional.

Por su parte, la Asociación Latinoamericana de Sociología, para el XXIV Congreso ALAS, realizado en Arequipa, Perú, en el 2003, se incluyó una mesa de trabajo en “Turismo e Impacto Social”, que muestra también un hito en la sociología del turismo en Latinoamérica, aún cuando para el XXV Congreso, ya no fue incluido un grupo temático en turismo.

Sin embargo, la sociología del turismo permanece sin ser reconocida por otras organizaciones como la Asociación Americana de Sociología (American Sociological Association) y la Sociedad para Sociología Aplicada (Society for Applied Sociology) en Estados Unidos, ni por la Asociación Mexicana de Sociología.

En cuanto a las organizaciones profesionales internacionales interesadas en el turismo, cada día crecen en número, el establecimiento de la Academia Internacional para el Estudio del Turismo en 1988 auspiciada por la Organización Mundial del Turismo ha tenido un trabajo muy activo en la promoción de la investigación turística desde un punto de vista académico. La Asociación Europea de Instituciones de Investigación, Desarrollo y Capacitación, (European Association of Development Research and Training Institutes) también ha establecido un grupo de trabajo en “turismo y desarrollo” con una agenda de trabajo muy activa en aspectos sociológicos del turismo. La Asociación de Investigación de Viajes y Turismo (Travel and Tourism Research Association) también busca fomentar la investigación en turismo y viajes en la industria y la academia. Además de una serie de conferencias internacionales en turismo patrocinadas por la UNESCO, la Unión Europea, la Organización Mundial del Turismo, la Organización Económica para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), el Banco Mundial y otras nacionales y regionales confirman el interés mundial en el turismo y sus efectos.

Apostolopoulos (1996) acerca de la ausencia relativa de estudios en turismo en las ciencias sociales, menciona que muy a pesar de la magnitud económica, cultural y demográfica y de lo que puede decir el turismo acerca del mundo moderno, permanece poco investigado; las disciplinas sociales no le han prestado atención teórica o empírica que requiere. Por ejemplo, el primer estudio antropológico del turismo data de hace tan poco como 1963 (Nuñez, 1963), la primera conferencia fue realizada en 1974 (Mathieson, 1982). Cohen ubica el primer estudio sociológico del turismo en los sesenta (Cohen, 1984), en cuanto a la sociología en inglés, la cual es la primera versión crítica del turista, al que presenta como un bobo manipulado por el sistema (Boorstin, 1964) y en otro extremo, los documentos como el de Forster (1964) quien intenta abordar el fenómeno empíricamente sin prejuicios. Incluso a fines de la década de los setenta, la mayor parte de la investigación en turismo en las ciencias sociales fue incidental a otros intereses (Jafari, 1981), Nuñez (1978) comenta acerca de la misma ausencia de interés incluso aunque dondequiera que los antropólogos van se encuentran con turistas e incluso son categorizados como tales por los locales. Valene Smith (1978) reporta cómo sus intereses sobre el tema fueron activamente desalentados. Se tiene un pequeño número de colecciones de artículos antropológicos en turismo (Graburn, 1983). Para Turner (1976) “el turismo internacional es simultáneamente la más prometedora, compleja y poco estudiada industria repercutiendo en el tercer mundo”. Apostolopoulos se pregunta “¿cómo vamos a explicar tal falta de atención a un fenómeno evidentemente significativo?” y apunta hacia algunas posibilidades, en el caso de la antropología ¿será porque estudia a “ellos” y no a “nosotros” y por tanto se deja el estudio del turista a otros? ¿Será porque las personalidades académicas encuentran difícil tomar con seriedad un área de investigación sobre un fenómeno tan próximo al ocio y al hedonismo? Un psicólogo social al respecto ha sugerido que la relativa negación del turismo en las ciencias del comportamiento se relaciona con valores profundamente arraigados en la sociedad occidental sobre trabajo y juego (Pearce, 1982).

Esta situación en cuanto a la investigación sobre el turismo no ha variado demasiado en los años recientes. Rubio (2003) afirma que la sociología del turismo en los noventa toma una nueva dimensión, que traslada al turismo de una forma de consumo masivo hacia una forma de consumo individualizado (Marchena, 1994) y que vincula al turismo al comportamiento de las sociedades industrializadas (Urry, 1990) es decir, se alejan de los análisis sobre los impactos, los “desastres” del turismo y se centran en su posibilidad como cambio social en distintas sociedades.

A pesar de esta situación, que puede atribuirse sobre todo a lo reciente de la incorporación del tema de turismo a los estudios sociológicos, Jafari (1999) afirma que hoy todo apunta a que va a seguir creciendo en poco tiempo hacia nuevas fronteras de conocimiento, introduciéndose en los círculos académicos y en la sociedad en general y existen llamados en diversos sitios y desde distintas voces que promueven una nueva sociología del turismo “ya que no han existido suficientes trabajos sociológicos del turismo, no hagamos una disciplina con los errores de antaño, la sociología del turismo puede y debe crear una disciplina sobre la base de un armazón científico que recoja la realidad de las modernas sociedades complejas, sociedades inmersas en una industria de consumo que genera una cultura del miedo, donde el turismo, dentro de las actividades recreativas de la vida cotidiana, se ha convertido en una salida para restablecer el cansancio y la fatiga crónica de las sociedades industrializadas” (Rubio, 2003: 73).

A pesar de que los estudios sociológicos del turismo no han sido suficientes, es cierto que se han realizado múltiples esfuerzos, como ya se desarrolló en el capítulo anterior, en el marco de diversos enfoques de ciencias sociales y particularmente desde diversas perspectivas sociológicas micro o macro, desde la acción o desde la estructura, por lo que a continuación se presentan aquellos que en nuestra opinión funcionan como referencia o antecedente directo para la propuesta que aquí se presenta y que tienen que ver con dos líneas de trabajo en la sociología, aquellos estudios que se han realizado bajo una fundamentación teórica de microsociología, y los que se han realizado bajo perspectivas integradoras de acción – estructura. La forma en que se ha organizado el resto de este capítulo pretende ubicar algunos estudios empíricos del turismo desde alguno de los planteamientos teóricos presentados por los autores originales, es decir el interaccionismo simbólico de Mead y Blumer, la fenomenología de Schutz, la etnometodología de Garfinkel, las representaciones sociales de Goffman, la estructuración de Giddens, el habitus y el campo de Bourdieu y la colonización del mundo de la vida de Habermas. Por último, se identifican algunos trabajos realizados directamente bajo el planteamiento constructivista de Berger y Luckmann.

B. El turismo en la microsociología

1. Estudios del turismo desde el interaccionismo simbólico

Si bien, el interaccionismo simbólico tiene en su origen como principal y más importante representante a George H. Mead, quien desde 1934 presentó su obra más famosa “Mind, Self and Society”, es a partir de los trabajos de Herbert Blumer (1969) que toma forma y se orienta en el sentido de la microsociología. Actualmente el interaccionismo simbólico ha cambiado y avanza hacia una integración con propuestas teóricas macro y se interesa por los estudios de la cultura.

El interaccionismo simbólico aborda el estudio de la sociedad a partir de las recíprocas interacciones entre personas. Su planteamiento fundamental es que el hombre crea la sociedad a partir de que se relaciona y de hecho interactúa con sus semejantes. La interacción es posible gracias a la existencia de elementos simbólicos como el lenguaje que permiten, favorecen o a veces limitan la interacción. Las pautas entretejidas de acción e interacción constituyen los grupos y las sociedades, por lo tanto se opone al estudio de las macroestructuras de la sociedad.

En el interaccionismo simbólico, la sociedad es un proceso que precede tanto a la mente del individuo como al “self”. El concepto del “self” es de singular importancia entre los interaccionistas, se entiende como la capacidad que tiene el individuo de verse a sí mismo como un objeto social, surge del proceso social: la comunicación entre los humanos. El self es la capacidad de las personas de ponerse en el lugar de otros con el fin de actuar como esos otros actúan y verse a sí mismo como lo ven otros e incluye dos fases: el “yo”, los aspectos imprevisibles y creativos; y el “mí”, el conjunto organizado de actitudes de los demás asumidos por el actor. Toda personalidad individual es una combinación de “yo” y de “mí” es decir de un “self” que algunos traducen como “símismo”.

El interaccionismo entiende el control social como la dominación de la expresión del “mí” sobre la del “yo”, esto es que la sociedad se expresa en el individuo a través de esta fase del self, en este sentido, define a las instituciones sociales como la “respuesta común de la comunidad”, respuesta que a través de la educación, se internaliza en la persona, proceso esencial para llegar a tener self.

El aspecto central de interés del interaccionismo es precisamente el estudio de la acción conjunta, que adopta formas pautadas y que se rige por sistemas de significados preestablecidos, como la cultura y el orden social, los que sin embargo no son determinantes de la acción humana.

La forma en que se entiende lo social desde el interaccionismo se concreta a partir de sus principios básicos: 1) Los seres humanos están dotados de capacidad de pensamiento, 2) La capacidad de pensamiento está modelada por la interacción social, 3) En la interacción social las personas aprenden los significados y los símbolos que les permiten ejercer su capacidad de pensamiento distintivamente humana, 4) Los significados y los símbolos permiten a las personas actuar e interactuar de manera distintivamente humana, 5) Las personas son capaces de modificar o alterar los significados y los símbolos que usan en la acción y la interacción sobre la base de su interpretación, 6) Las personas pueden introducir modificaciones y alteraciones por su capacidad para interactuar consigo mismas, lo que les permite examinar los posibles cursos de acción y valorar sus ventajas y desventajas relativas para elegir uno y 7) Las pautas entretejidas de acción e interacción constituyen los grupos y las sociedades.

Estos principios fundamentales se han transformado o modificado a través del tiempo y de las aportaciones de diversos autores como los propios Mead, Blummer pero principalmente a través de la obra de Goffman, que se analiza más adelante. Durante su largo proceso evolutivo, ha dado origen a múltiples estudios en diversos campos, siempre que se interesen por la interacción social de las personas y el uso que hacen de los significados y símbolos para su actuación. El turismo no ha sido ajeno a esta perspectiva teórica y a través de diversos momentos se han desarrollado estudios que parten de los principios básicos de la teoría o que toman algunos de ellos y los combinan con otros provenientes de diversas fuentes teóricas.

Desde el ángulo interaccionista simbólico, el aspecto de interés fundamental sería la acción conjunta, particularmente la que sucede en los espacios turísticos, entre turistas y anfitriones, entre turistas y entre anfitriones, en particular los significados y símbolos utilizados para efectuar la interacción, la forma en que son asumidos y/o modificados por los participantes y cómo son transformados ellos mismos a partir de la interacción recíproca.

Entre los estudios que se pueden mencionar con algún elemento u orientación desde el interaccionismo simbólico en el turismo están los siguientes.

Turner (1973) estudió al turismo como una forma de peregrinación, en el cual localiza la meta del peregrino (o turista) no en las fronteras espaciales o simbólicas de la sociedad sino dentro de “El Otro”, al que se encuentra en el sitio turístico, quien es el depositario de los más sagrados valores de la sociedad. Para Turner, es precisamente en la interacción, cuando las personas entran en contacto con las fuentes de su existencia y experimentan su humanidad de manera completa y disfrutan la comunidad con sus compañeros. Turner entiende a los viajes como una fuente compensatoria y como lo que abre la posibilidad para que el individuo posteriormente se reintegre a la sociedad. De esta manera los viajes tendrían un significado muy próximo a lo sagrado, desde lo profano. Aunque el trabajo posterior de Turner, la "horda dorada" (Con Ash, 1975), trabajo que por cierto es su más difundida aportación en el campo del turismo, se orientó a la crítica del turismo de masas, en el que aquí se toma, aporta un ángulo para el turismo desde el significado para los viajeros, especialmente para quienes llegan a una verdadera "comunión" con el Otro. La analogía del viaje como peregrinación, más allá de lo alegórico, aporta un vector para el análisis social de los comportamientos que se derivan de este tipo de desplazamientos y convivencias cuasi sacralizadas, sin serlo en realidad, lo cual pudiera ser un campo sumamente interesante para la sociología, pues la aparición en el mundo moderno de lo sagrado en lo profano aún cuando no sea en un marco de espiritualidad es algo que puede ayudar a comprender un poco más a la propia sociedad y sus procesos de construcción de sentido.

En este mismo sentido, aún cuando la peregrinación turística es esencialmente secular, los viajes turísticos pueden aproximarse en características y posibilidades a la odisea religiosa. Aún si son viajes recreativos a centros de "peregrinación" recreativos como Walt Disney World (Moore, 1980). Moore descubre que los visitantes a este conocido parque reconocen la naturaleza lúdica de las atracciones, del parque, del espacio visitado en general, pero aún así, la disfrutan en un sentido más amplio al encontrar compensación a lo insulso de la vida cotidiana a través de la representación completa de ser “rey por un día”, recibiendo las atenciones, los lujos y las atenciones que de otro modo no estarían en posibilidades de recibir. Los visitantes, turistas al fin, al parque de atracciones disfrutan y atribuyen valor a la experiencia turística, a lo que reciben en la interacción con los empleados del parque, no necesariamente del mismo espacio al que le atribuyen una connotación evidentemente comercializada y superficial. Para el conocimiento en general del turismo resulta esclarecedor el punto acerca del valor para el visitante de los momentos de interacción mismos, como momento culminante del viaje, más allá del espacio visitado y de las estructuras que lo sostienen. Este punto inclusive pudiera ser una llamada de atención a la sociología en general sobre la importancia y el valor de la interacción misma para los individuos.

Graburn (1989) adaptó la distinción profano-sagrado en relación con el tiempo en el turismo, en el cual el tiempo profano se refiere al tiempo “ordinario” de la vida cotidiana. En tanto que el tiempo turístico es “no ordinario” y por tanto similar al “tiempo sagrado” en escenarios religiosos, implícitamente el turismo sería una forma de moderna peregrinación. En el trabajo de Graburn, si bien lo fundamental no se encuentra en la interacción, la idea de lo profano y lo sagrado vuelve a aparecer, pero ahora en relación con el tiempo. La aportación que aquí se retoma y que en el capítulo cuatro se extiende, es la idea de la diferenciación entre el tiempo ordinario y no ordinario, desde lo que significa para el turista. Propiamente el trabajo de Graburn no podría inscribirse únicamente en el ángulo interaccionista, sin embargo la idea del significado atribuído al tiempo ha sido retomada por otros muchos investigadores en el turismo bajo esta perspectiva. Del mismo modo, la discusión sobre lo ordinario o no ordinario del tiempo es un debate constante para la sociología de la vida cotidiana y en general para la sociología de la acción humana.

Otro estudio vinculado con esta perspectiva es el que realiza Dann sobre “El turista como niño” (Dann, 1989) en el que examina las formas en que el hedonismo espontáneo es resaltado por la industria a través de su lenguaje de control social (en folletos, publicidad, guías, mensajes, etc). De esta manera, los turistas pueden verse en tanto experimentan de manera lúdica el turismo, como regresando a etapas previas de su existencia en las que oscilan entre la búsqueda de gratificación inmediata – primero el placer desde el "yo" – y los controles impuestos por los guardianes y custodios de la sociedad – seguridad primero desde el "mi"-. En este vaivén entre el yo y el mi, es que se conforma el "self" para los interaccionistas y en el caso del estudio del turismo, esto puede observarse en adultos, con las posibilidades para el análisis social que esto implica. Aquí la relevancia del estudio es que muestra, vislumbra, un ángulo del turismo como espacio para el estudio sociológico del hombre en sociedad.

Algunos estudios han extendido el enfoque interaccionista para incorporar una perspectiva freudiana en la cual el “yo” y el “mi” se traducen en “id”, “ego” y “superego” y estos conceptos son usados con la finalidad de definir los distintos estados del yo: “niño”, “padre” y “adulto”. Quienes han adoptado este enfoque de análisis transaccional en el estudio del turismo (Dann, 1989; Mayo y Jarvis, 1981) han encontrado que es aplicable a un amplio espectro de relaciones e interacciones y aporta una comprensión más completa de ellas entre el anfitrión nativo y el huésped forastero, además puede aplicarse a encuentros involucrando personas directa o indirectamente empleadas en la industria turística. Los diversos estados del yo en la interacción y comunicación entre las personas, analizadas desde este enfoque aportan una mayor posibilidad de comprensión de las respuestas esperadas e inclusive dan orientaciones a los involucrados sobre lo que pueden esperar de ellas. Este enfoque ha realizado aportaciones a diversos estudios en el ámbito de la comunicación y la educación más allá del análisis académico, dando lugar a herramientas para el trabajo, por ejemplo es el caso de algunas líneas aéreas y hoteles que utilizan el enfoque transaccional en la capacitación de su personal.

Otros investigadores han explorado la dinámica de la negociación de roles en los encuentros turísticos. Esta perspectiva se ha encontrado particularmente útil para el estudio de las relaciones asimétricas “uno a uno”, Karch y Dann (1981) por ejemplo, la aplicaron al estudio de los serios malentendidos que surgen en las relaciones turista – local, representado este último por los jóvenes que disfrutan de la playa y que evidentemente resulta en marcadas diferencias de clase, género, cultura y raza. Alcanzar un consenso en tales situaciones puede ser problemático puesto que ambas partes llevan un conjunto distinto de expectativas al encuentro. Tal conjunto de expectativas es abordado a través del interaccionismo simbólico, como las negociaciones que se presentan en la interacción a partir de las diversas expectativas de cada uno de los involucrados. Esta perspectiva, presenta un campo muy interesante para el análisis sociológico de las relaciones asimétricas, que se repite con una naturalidad sorprendente en los sitios de destino turístico y que ha sido objeto de interés de la disciplina por largo tiempo.

De los más recientes avances en el interaccionismo simbólico, están los que se dirigen hacia la semiótica y semiología, que enfatizan en el intercambio, diseminación e influencia de los mitos e imágenes, más allá de lo que en realidad se supone que representen. Siguiendo a Barthes (1984) varios investigadores han aplicado la perspectiva semiótica (Frow, 1997) al estudio de la literatura promocional del turismo, más específicamente han analizado el contenido de folletos y observan la forma en que la industria intenta controlar las próximas interacciones de turistas, staff de los hoteles y locales, a través de imágenes y descripciones verbales de los resorts. Esto es, el control de las interacciones, o por lo menos el establecimiento de medidas de observación, desde el "mi", por parte de las instituciones del turismo y asumidas por los turistas y anfitriones en la relación turística. Este ángulo aporta una interesante visión acerca del manejo de símbolos en la búsqueda de establecer formas de relación previsibles en interacciones que de otra manera se presentarían como imprevisibles entre los turistas y la gente de la comunidad receptora en el sitio de destino turístico. Este aspecto se analizará más a fondo en el capítulo siguiente.

Otros autores mencionados por Mazón (2001) que abordan el tema del turismo en tanto interacción social son Sasser y Arbeit (1976), quienes afirman que comprar el servicio es comprar una experiencia particular social o sociológica; Mars y Nicod (1984) en relación con la dificultad para especificar y establecer el límite y el contenido de muchos servicios debido al gasto de trabajo, un proceso social intencional en el que suceden algunas interacciones, entre uno o más productores y uno o más consumidores en los que la calidad de la interacción misma es parte del servicio y Pine (1987) quien afirma que muchos de los servicios para los turistas son sistemas especialmente de contacto entre personas – de diferente estatus social, cultura, formación, profesión e incluso nacionalidad y lengua- y por ello son muy difíciles de racionalizar. El aspecto del servicio, una perspectiva intensamente atractiva para economistas y empresarios, pero igualmente objeto de debate en la sociología es en realidad una parte de la realidad que no puede ser soslayado, por ello en su carácter de interacción intensa entre individuos, mediada por una relación institucional de compra-venta, resulta un campo fértil para el estudio turístico y sociológico.

El mismo Mazón, propone que algunos de los trabajos de Urry (1990), podrían ubicarse en esta perspectiva interaccionista. Urry, cita lugares en los que los contrastes están "establecidos": la contemplación de un único objeto, como la torre Eiffel, la Plaza del San Pedro, el Partenón o las Pirámides, que son famosas por ser famosas, los pubs ingleses o los "tablaos" flamencos españoles, los horizontes desconocidos de lo que se había creído familiar, como son los museos o la vida rural, el panorama de aspectos ordinarios de la vida social emprendidos por gente en contextos inusuales; el llevar a cabo actividades familiares dentro de un ambiente desconocido; o la visión de signos particulares que nos aclaran, por ejemplo, quién vivió en una casa específica o quién pintó un cuadro en particular, constituyen todos, escenas reales que son únicas o extraordinarias y percibidas con intenso placer por los viajeros, aún cuando el anfitrión no los perciba del mismo modo, tienen significados distintos para ambos. Desde este ángulo, son los espacios mismos los que tienen un significado diverso para los distintos actores, lo cual no es algo novedoso para la sociología interaccionista, pero como he mencionado antes, provee de un espacio singularmente fértil y al alcance de la mano, debería decir del ojo y el oído, del investigador social.

2. Estudios del turismo desde la fenomenología

Una segunda vertiente en la sociología micro, es la sociología fenomenológica, que abreva en la fenomenología filosófica y aunque se presenta históricamente antes que el interaccionismo simbólico, su expansión fue más lenta y un tanto posterior a aquella, sobre todo en América.

La fenomenología filosófica de Edmund Husserl, encontró en Alfred Schutz una aplicación específica en la sociología. Si bien la obra de Schutz ha sido revalorada en tiempos recientes, lo ha sido principalmente gracias a Thomas Luckmann, colaborador de Schutz y quien ha sido el principal difusor de su propuesta teórica. La principal obra de Schutz, "La Fenomenología del Mundo Social" se publicó originalmente en 1932 pero su impacto sólo se dejó sentir hasta los setenta. Aún así, sus aproximaciones al modo en que los actores crean el mundo social han servido de fuente inspiradora para múltiples trabajos en diversas disciplinas, algunos de ellos, tal vez menos de los que cabría esperarse, en el campo del turismo. Schutz intentó captar de qué manera los individuos entienden y dan sentido al mundo social que les rodea, siguió la fenomenología de Husserl en cuanto a que concedía importancia a la "actitud natural" y al conocimiento basado en el sentido común que le acompaña. Hay ciertos rasgos característicos de las prácticas que utilizan las personas para dar sentido a sus actividades cotidianas que resaltan al yuxtaponerse a la forma científica de darle sentido al mundo. Por ejemplo, frente a la racionalidad científica en la que la propia biografía se reduce al mínimo, la racionalidad del sentido común se percibe desde una perspectiva individual especial, vinculada a un tiempo y espacio concretos. Mientras que la racionalidad científica siempre duda del carácter fáctico del mundo social, la del sentido común descansa principalmente en la actitud natural o “epojé” --estado de reposo en el que no se afirma ni se niega nada--, actitud que supone que hay que dar por sentado el mundo social, a menos que se produzcan alteraciones o tengan lugar nuevos acontecimientos.

Para Schutz, el mundo de la vida en las personas es elaborado intersubjetivamente, es un acervo social de conocimiento que aporta al individuo un conjunto de tipificaciones que le permiten actuar. El ser humano actúa a partir de la elección que realiza de entre diversas posibilidades que ha experimentado a lo largo de su vida y que resultan típicas: escenarios, situaciones, personas, roles, actos, entre otros y que en suma le permiten la convivencia con otros. El mundo de la vida si bien puede tener una existencia real, sólo se experimenta de manera mediada, a través de las tipificaciones subjetivas de cada persona y tales tipificaciones se han elaborado por generaciones de personas realizando actos similares y que van sedimentando cada actividad típica, ordinaria, cotidiana. En este sentido, Schutz encuentra el análisis de todo lo social en el análisis del mundo de la vida humana, tanto en la vida cotidiana como en otros mundos de vida, como lo son el de la ciencia o el de la religión que a su vez tienen tipificaciones, roles y actividades típicas y acción humana concreta. Al interactuar unos con otros, los seres humanos dan por supuesta "la tesis general de la reciprocidad de perspectivas".

El turismo, desde la fenomenología puede observarse en dos vertientes, la primera como el mundo de la vida cotidiana de los trabajadores de empresas turísticas, incluso de los habitantes de sitios de destino turístico y la segunda como el mundo de la vida no cotidiana en el caso de los turistas cuando se encuentran de viaje visitando sitios en los que no residen. En ambos casos, suceden conjuntos de tipificaciones que permiten actuar a la persona en el momento del viaje en el que producen de manera intersubjetiva, en su relación con otros, su mundo de vida y a la larga, se van sedimentando acervos de conocimiento social tanto en los sitios de destino turístico como en los de origen, que tipifican el ser "turista" y el ser "anfitrión". Esta perspectiva, no resulta trivial y muy probablemente constituya una de las áreas de oportunidad para ser trabajadas en el futuro por el turismo y la sociología misma. Este punto se desarrolla en el capítulo cuatro y se hacen reflexiones al respecto.

La fenomenología en la sociología es uno de los pilares que toman Berger y Luckman para presentar su propuesta constructivista, por lo tanto su peso sobre todo se evidencia en las propuestas y elaboraciones que le han seguido, tal vez con menor originalidad pero con mayor desarrollo empírico. Esta es una probable razón por la que no son abundantes los estudios sociológicos fenomenológicos del turismo, sin embargo es posible señalar aquí algunos de ellos.

Habría que comenzar por lo que aporta el propio Alfred Schutz, quien a pesar de que principalmente trabajó en niveles abstractos, hizo un par de aplicaciones en sus "Ensayos Sobre Tipos Sociales" (1976), particularmente acerca del forastero y del que vuelve al hogar, indudablemente fuente de trabajo para análisis turístico. En estos tipos sociales, se asoman categorías básicas para ordenar el mundo como lo son la noción de lo extranjero y de la familiaridad. Inspirado por este trabajo y por el estudio de los forasteros en general, Hans Knebel (1973) propone una sociología del turismo en la que analiza los roles que desempeñan los turistas en relación directa e indirecta con la realidad social, así encuentra diversos roles de turista desde los que sólo se internan en un país extranjero buscando aquello que les es familiar hasta aquellos que buscan exactamente lo opuesto, alejarse de lo familiar y encontrarse con lo extraño, lo extranjero. Este trabajo de Knebel recibió poca atención pues originalmente elaborado en lengua germana, sólo fue traducido al Inglés y al Español hasta los años ochenta, cuando era más conocida la categorización que realizó Erik Cohen. Knebel buscaba en su época fundar una rama de estudio en sociología sobre los forasteros, con larga tradición en Alemania, que abordara al turismo como objeto específico.

Tal vez el trabajo más influyente desde la perspectiva fenomenológica en el turismo es el desarrollado por Cohen (1979) quien elaboró una “fenomenología de la experiencia turística” que abarca cinco modos de experiencia, que van desde el recreacional hasta el existencial. Este trabajo es uno de los más citados en toda la sociología del turismo y en general en todo trabajo que aborda el tema de la experiencia turística.

A partir del análisis fenomenológico, Cohen propone una tipología, que relaciona distintos puntos de un continuo de mundos privados construidos de viajeros individuales, que se ubica entre dos polos opuestos de la concepción de espacio característico del turismo moderno por un lado y el de la peregrinación por el otro. En este continuo encuentra cinco modos principales de la experiencia turística: el modo de recreación "recreational mode", el modo de diversión "diversion mode", el modo de experiencia "experiential mode", el modo de experimento "experimental mode" y el modo de existencia "existential mode". Estos han sido jerarquizados para abarcar el espectro entre la experiencia del turista como viajero que persigue el "mero" placer en el extranjero y lo novedoso, hasta el del peregrino moderno en búsqueda de sentido en el centro de alguien más.

En el modo de recreación, el turista es el hombre moderno, que busca en el turismo lo que en otras actividades recreativas también puede encontrar, una restauración física y mental que le genera una sensación de bienestar general y le permite volver a su centro, el trabajo o la vida cotidiana, mismo que tiene algún significado para él. El modo de diversión por su parte es tal vez el que representa la forma más criticada de turismo de masas, en la que el turista no se aleja de su centro, pues este no tiene significado en realidad, así como tampoco lo tiene el turismo. En el modo de experiencia, el turista que ha perdido su propio centro busca la experiencia, indirecta y puramente estética de la experiencia de otros. El modo de experimento se caracteriza porque la gente que no se adhiere al centro de su propia sociedad, viaja y se engancha con la vida auténtica de otros, rechaza comprometerse completamente con ella, toma muestras y compara distintas alternativas pues cree que eventualmente descubrirá la adecuada a sus necesidades y deseos. El modo existencial caracteriza al viajero que se compromete totalmente con un centro espiritual electivo. Es muy próximo a una conversión religiosa.

Más allá del esfuerzo de Cohen, muy pocos han explorado asuntos fenomenológicos en relación con el turismo; a decir de Dann y Cohen (2001), no se han investigado completamente las elaboraciones de Schutz acerca del “Fogewelt” –en razón de- y “Vorwelt” –debido a- en la motivación turística, la acción proyectada en la cual el tiempo se torna reflexivo entre el tiempo futuro perfecto o el pasado perfecto. Este podría ser un paradigma viable para examinar en profundidad las motivaciones de los turistas potenciales así como el papel que juega el discurso del material promocional en los aspectos motivacionales. También podría la noción fenomenológica de las relaciones Yo-Usted (umwelt y mitwelt) utilizarse en una aproximación de los encuentros cambiantes entre huéspedes y anfitriones. La postura fenomenológica puede aportar muchas posibilidades en el estudio del turismo y a su vez el turismo puede aportar a la sociología conocimientos novedosos al abordarse desde la fenomenología.

3. Estudios del turismo desde la etnometodología

En el caso de la etnometodología sucede algo similar que en el caso de la fenomenología, que si bien el fundamento teórico es muy completo y presenta múltiples posibilidades para el análisis del turismo, poco es lo que se ha trabajado al respecto. Esto no tiene que ver con la relativa juventud de la propuesta desarrollada por Harold Garfinkel y publicada por primera vez en 1967, tal vez tenga que ver más con la escasa difusión fuera de los Estados Unidos que recibe esta perspectiva teórica.

El término "etnometodología" fue acuñado por el propio Garfinkel, quien fundó una escuela sociológica bajo esta denominación en la Universidad de California, Los Ángeles, a partir de la publicación de sus "Studies in Ethnometodology" despertó interés por sus planteamientos tendientes a lo radical. Comparte con el interaccionismo simbólico el interés por las pautas de la vida cotidiana más que por las grandes estructuras, subrayan en qué medida el orden social es un logro negociado por los individuos, su principal campo de interés es cómo se atribuye sentido al mundo social en las prácticas de las personas. Para Garfinkel, los individuos ejercen su capacidad de acción y no son meros productos de factores sociales o biológicos, pero encuentra el fundamento en el conocimiento tácito que las personas emplean para darle sentido a la realidad y por tanto, para influir en ella. La etnometodología alude literalmente a los métodos o procedimientos con los que los miembros comunes de la sociedad dan sentido a su vida cotidiana o actúan en ella. Desde esta perspectiva, el orden social depende de los continuos actos interpretativos de los individuos implicados. El trabajo de Garfinkel fue principalmente empírico, no estaba preocupado por las grandes construcciones teóricas, de hecho afirmaba que esto es crucial para la etnometodología. Para Garfinkel, lo crucial es que a diferencia de lo que hacen los científicos, las personas que participan en situaciones cotidianas presuponen que existe una indudable correspondencia entre el mundo tal como se les presenta a ellos y como es. Además, cada individuo espera que los demás den por hecha esta correspondencia y que actúen en consecuencia. Las personas en su vida diaria utilizan "reservas de conocimiento que están a la mano" o "interpretaciones de sentido común" mediante las cuales se tipifican a ellos mismos y sus acciones. En la mayoría de las interacciones cotidianas también está implícito el presupuesto "etcétera" que se basa en que resulta razonable esperar que las cosas sean en el futuro como han sido antes, el "presupuesto o idealización de la intercambiabilidad de los puntos de vista" como al "presupuesto o idealización de la coherencia de las relevancias", el primero tiene que ver con cómo cualquier persona da por hecho que los demás verían los acontecimientos de la misma forma específica que ella si su aquí y ahora fuera el mismo que el suyo; también presupone que el resto de las personas piensa de este mismo modo. El segundo concepto se remite al hecho de que los individuos presuponen que, a pesar de las diferencias que les separan, todos seleccionan e interpretan los objetos que les rodean de una forma empíricamente idéntica. Garfinkel introdujo el concepto de "reflexividad de las explicaciones" con el que quería expresar que las personas dan sentido constantemente a lo que las rodea y que esta práctica constituye lo que se describe. Además aplicó el concepto de "indexicalidad" a los significados de los objetos, prácticas sociales y conceptos, como dependientes del contexto en el que surgen. La principal aportación a la teoría social es el reconocimiento de que los detalles de las interacciones cotidianas pueden ser cruciales para explicar la coordinación y cohesividad sociales, a través de los estudios de Garfinkel, se ha mostrado que los individuos tienen un considerable compromiso emocional con sus procedimientos interpretativos y expectativas, y que son reacios a revisar la validez de ambos cuando se enfrentan a alteraciones.

En el turismo, prácticamente no se ha estudiado bajo la perspectiva etnometodológica, que podría resultar esclarecedora específicamente en el nivel cotidiano de la interacción entre turistas y anfitriones en las que se construye significado, especialmente en aquellas en las que el idioma, los referentes culturales, la historia individual sea marcadamente distinta entre ellos y a pesar de ello logran atribuirle significado a las acciones recíprocas y llegar a acuerdos. Asimismo, sería una herramienta interesante para indagar lo que sucede cuando no se dan los acuerdos, cuando se presenta incomprensión, entre otras posibilidades. La etnometodología aporta un enfoque original para abordar las interacciones cotidianas y que las aborda no como algo trivial sino como el orden social mismo, más allá de sus probables limitaciones, seguramente tendría mucho que aportar en el ámbito turístico.

Sólo un par de estudios empíricos aplicados al turismo se pueden encontrar; el primero de ellos, un estudio realizado por McHugh, Raffel, Foss y Blum (1974) en el cual adoptaron una perspectiva etnometodológica para el estudio de los presupuestos no declarados y que forman parte de la acción y el discurso en los estereotipos y clichés turísticos tanto de turistas como de la industria turística. Más allá de los resultados, que solo pueden circunscribirse al ámbito del sitio en el que realizaron el estudio en el Reino Unido, lo valioso es el que utilizando etnometodologías es posible descubrir aspectos de la realidad turística que son dados por supuestos simple y sencillamente porque forman parte del ámbito del sentido común de las personas.

El segundo estudio es el realizado por Gerard Kyle y Garry Chick (2004), en el que exploraron las propiedades de involucrarse en actividades de ocio duraderas, desde la perspectiva de campistas en un campo agroturístico y ferial en Estados Unidos. A través del análisis de las experiencias narradas de quienes allí acuden regularmente, se averiguó acerca de los elementos con los que la feria ha sustentado su involucramiento con ella a través de sus vidas. Las experiencias más relevantes identificadas fueron las relaciones con su propia familia y amigos, específicamente aquellos inmediatos significativos, con quienes comparten la tienda, las relaciones aportaron a los informantes un sentido de su propia identidad, durante los diez días que dura la feria cada año, les permite reconectarse con su vida e historia familiar y mantener sus relaciones con amigos y familiares. Esto permite destacar que lo significativo para los campistas no es necesariamente el sitio, entendido como escenario en el que sucede la interacción, sino la posibilidad de interactuar con amigos y familiares. Aspectos como tal, sólo surgen tras investigaciones empíricas con enfoques distintos a los convencionales, como lo son las herramientas de la etnometodología.

Sobre el peso y valor del estudio del nivel micro de la interacción humana en la sociología, es la etnometodología una de las posibilidades teóricas que más ha aportado y que si bien sostiene conclusiones que se alejan de la corriente principal en el pensamiento sociológico, aporta un espacio para la discusión y la reflexión.

4. Estudios del turismo desde las representaciones sociales o enfoque dramatúrgico

El Self, concepto de central importancia para los interaccionistas simbólicos es analizado sin embargo por Erving Goffman, quien de hecho funda una vertiente muy particular del interaccionismo, a partir de su obra “Presentación de la persona en la vida cotidiana” de 1959, en la que se interesa por las representaciones que hacen las personas para mantener una imagen estable de la persona. En su origen, la obra de Goffman tiene un estrecho vínculo con el interaccionismo simbólico al centrar su interés en las pautas de interacción entre los individuos, sin embargo mantiene diferencias que permiten abordarla de manera separada.

Goffman retrató la vida cotidiana como algo complejo en donde los seres humanos utilizan sus conocimientos tácitos y prácticos para actuar. Para Goffman, las personas están permanentemente regulando su acción, enmascarando partes de sí mismas y acentuando otras en una suerte de representación. Subraya el carácter reflexivo del ser humano, capaz de regular sus acciones y en consecuencia manipular lo que le rodea para presentarse a sí mismo. Goffman se interesó particularmente por los "encuentros", las interacciones cara a cara en las que las personas están físicamente presentes.

Para explicar los encuentros, Goffman utiliza metáforas y analogías con el teatro, de allí viene lo "dramatúrgico" pues consideraba que las personas están representándose a sí mismas constantemente pendientes de sus propios actos y de los puntos de vista ajenos. Para el autor, las personas no sólo siguen un guión, sino que son las autoras del mismo y para él lo importante es la "actuación" como toda actividad individual que sirve para influir en la "audiencia" que participa en ese encuentro. El "frente" es el aspecto de la actuación que ayuda a la audiencia a definir la situación, tiene dos aspectos el "escenario" y el "frente personal", el primero se refiere sobre todo al lugar y accesorios para que se produzca la acción y el segundo tiene que ver con los elementos íntimamente vinculados con quien actúa por ejemplo el lenguaje corporal o las pautas discursivas.

En general, afirma Goffman, al interactuar, las personas tienen que dramatizar sus actividades para dar la impresión de que actúan correctamente y de que tienen las cosas bajo control. Así como hay un frente hay región trasera, que proporciona los medios para que la frontal tenga un escape emocional, en ella tienen lugar actividades de apoyo o preparatorias para la zona frontal. Un concepto central en la obra de Goffman es el de "conveniencia situacional", que hace referencia a la forma en que el significado de las acciones o conceptos depende del contexto del cual emergen, de manera que una acción determinada puede ser o no aceptable en otro contexto. Aunque Goffman nunca pretendió presentar una teoría social, sus conceptos y análisis pueden ser utilizados para analizar, como se ha hecho, diversos aspectos de la vida social. De hecho, algunos teóricos, como Giddens por ejemplo, han intentado destacar los fundamentos teóricos que subyacen a las propuestas de Goffman. En este sentido, la obra de Goffman ha sido ampliada y a su vez ha sido origen de diversos estudios, análisis y aplicaciones a muy variados temas, entre ellos los turísticos.

Los conceptos de Goffman en el caso de las interacciones en el turismo pueden favorecer el descubrimiento de aspectos originales, ya sea en el caso de los momentos de interacción entre turista y anfitrión como los que se dan entre los turistas y entre los propios anfitriones en un sitio turístico. Especialmente interesante es la primera interacción en la que tanto turistas como anfitriones se representan a sí mismos en el momento del encuentro y buscan mantenerse en ese contexto, para lo cual se preparan previamente y reciben apoyo del otro para lograrlo y todavía más aún en las situaciones en las que esto no se logra.

Dann (1977) realiza un estudio motivacional de los turistas que viajan hacia Barbados, en el que sostiene que la anomia, la cual refleja la ausencia general de normas y significado prevaleciente en las sociedades generadoras de turismo, requiere investigación en el nivel previo al viaje acerca de la experiencia turística de modo que permita apreciar de manera más completa las siguientes fases dentro de un período vacacional, es decir la de realización y la posterior al viaje. En el estudio, aporta sustento teórico y empírico de la representación de perfiles de turistas anómicos que buscan escapar del tedio de la rutina del trabajo en los sitos en que residen, en la búsqueda de una situación libre de restricciones culturales y de responsabilidades. Sorprendentemente, pocas investigaciones han continuado esta línea de trabajo en los estudios sociopsicológicos de las actitudes y comportamiento del turista en las sociedades industriales.

Un estudio multicitado fue el generado por MacCannell (1973) en el que retrata al turista como emblemático de los individuos modernos que buscan la autenticidad en tiempos y lugares distintos a los propios. En esta perspectiva, el turismo se torna en una búsqueda sagrada de sus más profundos anhelos, una forma de peregrinación secular. Cuando se combina con la dicotomía goffmaniana de “fachada-trasfondo”, los turistas intentan penetrar los falsos frentes de los escenarios turísticos para alcanzar las regiones posteriores de autenticidad. El que no siempre lo logren no necesariamente corresponde con su propia superficialidad (Boorstin, 1964) como por las características estructurales manipuladas del espacio turístico que pueden ser confundidas con lo genuino y propiciar una “falsa conciencia turística”. Mucho del trabajo de MacCannell siguió esta ruta de la sacralización de los sitios y experiencias de los turistas, esto es, sus aportaciones ampliamente reconocidas se trasladaron al campo de la macrosociología y abandonó esta primera perspectiva que si bien tiene muchas posibilidades, tampoco ha sido explorada en profundidad en el campo turístico.

Hom y Cary (2003) reconocen la distancia entre la experiencia y su representación, en su estudio, exploran lo que denominan el momento turístico desde el punto de vista del turista, en el que debido a las condiciones de espontáneo autodescubrimiento y pertenencia, el momento simultáneamente produce y difumina al turista como sujeto, en el mismo instante en que se toma conciencia y se auto representa como turista, va más allá de ser un turista. Este doble momento de constitución y disolución representa un final temporal, fugaz a la búsqueda de autenticidad, la alcanza y la pierde casi simultáneamente. En este estudio, apoyándose en las herramientas que provee la obra de Goffman, aportan el concepto de "momento de autenticidad" que para muchos otros autores es justamente la meta que persiguen quienes realizan turismo.

Claudia Bell y John Lyall (2005) presentan un estudio sobre “The Hang Nga Guesthouse” que incluye un conjunto de edificaciones en Vietnam en un complejo que combina alojamiento y atracciones turísticas, en su estudio ofrecen un retrato del edificio y la experiencia relatada de los visitantes al edificio. Es un estudio de caso en un sitio inusual que puede ser descrito como una representación cultural en una época en la que casi todo puede ser comercializado en la economía global, el sitio en Vietnam sirve como un caso de estudio ideal para la exploración de la sensualidad, encarnada y representada en las distintas dimensiones de las prácticas turísticas contemporáneas. Centrados en el concepto de escenario para Goffman, el sitio en el que se desarrolla la acción, estos autores analizan la representación que hacen los turistas y que les permite trasladarse a una época distinta, al menos a lo que ellos creen que fue. La posibilidad de que el turismo sea el proveedor de estos espacios para la representación no es un asunto que pueda soslayarse, sobre todo si tales espacios pueden funcionar como preparativos o de apoyo para futuras representaciones individuales, con lo que sus efectos podrían ser más importantes o más trascendentes que simplemente el esparcimiento. Si bien Goffman lleva la idea de la representación “teatral” a los momentos de interacción social como “representación social”, en este trabajo, los autores se apoyan en los conceptos de Goffman para mostrar que en el turismo, tanto turistas como anfitriones realizan “representaciones” de sí mismos, no sólo como ellos mismos se ven, sino como esperarían que el otro los viera. Estas posibilidades asoman desde luego a partir de la aplicación de los conceptos de la obra de Goffman y así como estos, es muy posible que puedan aparecer otros, que en suma pueden aportar nuevo conocimiento al turismo y a la sociología en general.

C. El turismo en las propuestas sociológicas de integración acción-estructura

1. Estudios del turismo desde la teoría de la estructuración

La obra de Giddens, calificada como ecléctica por muchos de sus lectores, es justamente uno de los planteamientos más influyentes en la intención integradora de perspectivas teóricas. Giddens (1984) deliberadamente vincula la acción y la estructura, aborda aspectos que resultan elementos centrales en su planteamiento teórico, como los agentes, los actores sociales, la estructura, el sistema, la dualidad de la estructura-acción.

Si bien, Giddens pretende elaborar una teoría amplia que aborde los diversos aspectos del mundo social, en todo momento se ocupa de los asuntos de la vida cotidiana, de los cuales propone que las grandes teorías tienen mucho que aprender, por ello toma elementos de Freud, de psicólogos como Erikson o Sullivan y de interaccionistas como Goffman, además de elementos importantes de la obra de Durkheim, Marx y Weber. De la combinación de estos elementos, surge su concepto central, de estructuración como el grado de influencia que tienen las prácticas sociales en la producción y reproducción de las clases.

Giddens (1984 y 1995) vincula dos ciclos temporales diferentes en su obra, por un lado el inmediato y de muy corta duración que supone la interacción entre individuos y por otro el ciclo largo que supone la vida de las instituciones, para ello propone que en el ciclo de vida humana, la reproducción de las interacciones contribuye a la que se produce en el nivel institucional. Afirma en su obra, que el individuo es competente, informado, capacitado para actuar de manera estratégica, deliberada. Un concepto clave es la "dualidad de la estructura" que propone la existencia de una especial relación entre la estructura social y la acción humana, vincula los diferentes niveles temporales y concede un mismo estatus a los análisis estratégico e institucional. A continuación se esbozan algunos de los conceptos fundamentales de su planteamiento teórico.

El autor hace hincapié en que la acción o "agencia" no tiene que ver con una "serie de actos separados" sino con un "continuo flujo de la conducta" que son los acontecimientos del mundo. En este sentido, la intencionalidad no tiene que ver, sino la capacidad de las personas para realizar la acción, así la acción es deliberada, no intencional. Esto implica que las personas son agentes en tanto tienen la capacidad transformadora de la acción, pues pueden intervenir o no. El turismo, desde este punto de vista sería la agencia en la que las personas individuales, los turistas y anfitriones intervienen con sus acciones deliberadas.

Una distinción importante que Giddens establece es la de estructura / sistema, que muchos otros autores tienden a abordar conjuntamente. Para él, estructura no es lo mismo que sistema, el segundo tiene que ver con el establecimiento de pautas en las relaciones sociales a través del tiempo y el espacio, mientras que la primera está relacionada con las reglas y recursos sociales que participan de forma recurrente en la interacción. Las reglas incluyen tanto el significado de las cosas y los sancionamientos de la conducta, los recursos pueden ser de autoridad sobre las personas o adjudicatorios sobre los objetos. Las instituciones por tanto, no son organizaciones y tienen que ver más bien con prácticas regularizadas que abarcan largos períodos de tiempo y que se extienden por el espacio, las propiedades estructurales son los rasgos institucionalizados de los sistemas sociales, a los que aportan su solidez a través del tiempo y el espacio. Bajo esta perspectiva el turismo poco a poco se ha institucionalizado en la medida en que se prolonga en el tiempo y se expande en el espacio, sería un sistema social pero no una estructura.

El concepto de Giddens de estructura se comprende mejor mediante la distinción analítica entre tres "modalidades" que existen entre la interacción y la estructura social. Estas modalidades son la comunicación del significado, la aplicación de sanciones y el uso del poder. Las personas son individuos informados que utilizan estas modalidades para conducirse en sus interacciones diarias. En primer lugar, si la interacción social se ocupa de la comunicación del significado, los individuos utilizan "esquemas" alternativos que en el nivel de la estructura social pueden tratarse como "reglas semánticas"; en segundo lugar, la aplicación de sanciones durante la interacción supone que las personas utilizan "normas" susceptibles de analizarse en el nivel de la estructura social como "reglas morales"; en tercer lugar, en la capacidad transformadora de las personas, el recurso al poder durante la interacción implica que las personas utilizan "medios" que en el nivel estructural es posible analizar como "recursos" que conllevan estructuras de dominación. Esto es que se encuentran vinculados como dualidad y sólo aparecen de manera evidente en la interacción pero éstas no existen separadas de las estructuras. Para Giddens, las estructuras son tanto el requisito para la acción de las personas como su resultado "no deseado", esto significa que los seres humanos aunque utilicen las estructuras, no pueden evitar reproducirlas, por tanto las estructuras participan de modo recurrente en el proceso de reproducción social en el nivel de la interacción. Esto significa que las instituciones participan como medio y efecto de las prácticas sociales de la vida cotidiana, del mismo modo que toda transformación, independientemente de lo radical que sea, solo puede suceder mediante el recurso a las propiedades estructurales de que se dispone y a través de su reproducción; en suma todo cambio va de la mano de la estructuración. La estructura no es una barrera para la acción, sino algo que participa esencialmente en su producción. Para la existencia del turismo existen estructuras que se producen y reproducen en el nivel de la interacción entre turistas y anfitriones, interacciones que dependen de la estructura tanto para mantenerse, por ejemplo el turismo de sol y playa, como para transformarse, por ejemplo el ecoturismo.

Giddens distingue entre integración social e integración sistémica, la social tiene que ver con la reciprocidad entre los individuos cuando unos están en presencia de otros, en tanto que la sistémica se ocupa de la reciprocidad entre grupos o colectividades a lo largo de intervalos espacio-temporales prolongados, e implica que las estructuras "vinculan" el tiempo y el espacio, en el sentido de que el conocimiento tácito de las personas ayuda a que la sociedad discurra por largos ciclos temporales y a través del espacio. Toda interacción cara a cara conduce sin pretenderlo a la reproducción de las estructuras y, al final, contribuye a vincular el tiempo y el espacio. En el caso del turismo, toda interacción entre anfitriones y turistas conduce a la reproducción de las estructuras del turismo, aún sin pretenderlo.

No toda integración sistémica sin embargo puede reducirse a integración social, hay otras clases de consecuencias no deseadas que resultan esenciales para la integración sistémica, algunos procesos que distingue Giddens y que son esenciales para la integración sistémica son: "rizos causales homeostáticos", "autorregulación mediante retroalimentación" y "autorregulación reflexiva". El primero se refiere a una serie de variables que se influyen mutuamente, serie en la que la primera variable se ve afectada por la última formando una especie de rizo; los sistemas que utilizan la retroalimentación se diferencian de los homeostáticos en que tienen cambios de dirección; y la autorregulación reflexiva tiene que ver con los procesos que utilizan las personas para incorporar su conocimiento del mundo social a sus acciones. En el turismo se puede poner como ejemplo el de un sitio de destino turístico saturado, en el que la contaminación de los recursos debido al uso excesivo se establezcan como un sistema homeostático, mismo que puede transitar a la autorregulación reflexiva si los habitantes de la comunidad receptora establecieran acciones para disminuir, limitar el uso de los recursos.

Un tema importante en Giddens (1979 y 1999), para el objeto de esta tesis, es la forma en que aborda a la sociedad moderna, en la cual los rasgos espacio-temporales son radicalmente diferentes de los que caracterizan a otras sociedades. En primer lugar, el tiempo y el espacio se convierten en criterios independientes, abstractos y normalizados con los que medir las cosas, el espacio y el tiempo suelen tratarse como si fueran universales. Se caracteriza por una "distanciación espacio-temporal" por la expansión de los sistemas sociales en el tiempo y el espacio debido principalmente a la centralización, a la intensificación de las formas de vigilancia y a la eficiencia de los sistemas de comunicación y se manifiesta en el creciente "desarraigo" de las interacciones sociales, entre los que destacan dos mecanismos: "las pruebas simbólicas" como el dinero y los "sistemas expertos" como la seguridad al volar. La confianza es esencial para ambos mecanismos de desarraigo. Son estos mecanismos los que permiten la existencia masificada de los viajes y en suma del turismo.

Si bien los trabajos de Giddens resultan relativamente recientes, han sido lo suficientemente influyentes como para que aparezcan algunas aplicaciones en el campo del estudio del turismo. Dann y Cohen (1999) presentan algunos de los trabajos realizados sobre el turismo desde la sociología e identifican algunos a los que denominan neo-durkheimianos pues abordan los temas centrales en la obra de Durkheim como la anomia, lo sagrado y las representaciones colectivas, mismos que han sido replanteados por la teoría de la estructuración en distintos niveles y momentos y enriquecidos desde las propuestas teóricas de otros sociólogos. Entre los estudios mencionados destaca el realizado por John Frow en sus ensayos sobre teoría y postmodernidad (1997) realiza una aproximación al turismo como semiótica de la nostalgia, en la que los objetos y la cultura comercializada, se transforman en referentes de la autenticidad o inautenticidad en la búsqueda del turista. De manera que el turismo se torna en una posibilidad para organizar el tiempo, esto es para utilizar el tiempo en el sentido de la acción en Giddens y proponer un orden social a través de la “nostalgia” como esquema interpretativo en el nivel de la interacción, por otro tiempo y por otro lugar, lo cual a la vez permite reconstruir el propio lugar y tiempo esto es para darle significación en el nivel de la estructura. De este trabajo se ve cómo las interacciones en el turismo proporcionan una posibilidad para la reproducción de la estructura social.

Rojas (2005) analiza el festival del Parang en Arima, Trinidad y Tobago bajo la teoría de la estructuración, en él identifica dos elementos, por una parte las estructuras en las prácticas sociales definidas a través de diversas reglas y recursos, y por otra la acción social que incluye los motivos, motivaciones, intenciones, pensamientos que carga el actor social para llevar a cabo la práctica festiva del parang como práctica social. En el trabajo, Rojas presenta las reglas del parang como práctica y los recursos con que cuentan los participantes para llevarla a efecto como festival en el que se vinculan lo turístico, lo festivo y lo tradicional. Asimismo, analiza la forma en que se mezclan los motivos, intenciones y pensamientos del actor social en su acción, vinculándolos permanentemente con la producción y reproducción de las estructuras. El hecho de que los habitantes de Arima participen en el festival permite que éste se institucionalice y aparezcan a su vez distintos organismos encargados de mantenerlo vigente, de promoverlo y de beneficiarse de él. El hecho de ser atractivo para los turistas es un elemento adicional que favorece su reproducción a través del tiempo. De este modo aparece el turismo como una posibilidad de interacción que permite la producción y reproducción de estructuras, lo cual es interesante como aspecto a profundizar en otros estudios.

Gómez (2000 y 2005) encontró en estudios realizados en Puerto Vallarta, México, que la investigación turística podría plantearse o debería de hacerlo desde la perspectiva de los actores sociales, particularmente en tanto actúan socialmente, la forma en que lo hacen y el modo en que producen y reproducen las estructuras sociales. Concluye que los actores institucionales públicos y privados tienen objetivos compartidos acerca del desarrollo turístico y que en los destinos turísticos existe una diversidad de culturas debido a las fuertes corrientes migratorias tanto flotantes como permanentes, de allí que las instituciones tienen mayores recursos para establecer las reglas. Los modos de vida de la población residente están dados, también por la estructura productiva imperante del lugar, de ahí que afirme que la cultura de los centros de playa está subordinada a la estructura económica, en términos de Giddens, las instituciones económicas no solo poseen los recursos adjudicatorios de dominación sino que establecen las estructuras de significación en los centros turísticos de playa. Esta afirmación nada trivial, tendría que ser analizada en detalle en diversos sitios turísticos, particularmente en aquellos similares a los que Gómez describe.

En un número especial dedicado al turista en la revista International Sociology (2001) se presenta un conjunto de artículos en los que se trabaja el concepto de turista en la sociología, Lengkeek y Harrison reexaminan las diferenciaciones de turistas, propuestas por Cohen bajo un enfoque interactivista, en relación con la autenticidad y subjetividad de sus experiencias en un esquema teórico más amplio, que de cabida a las estructuras sociales y al análisis institucional. Thorns y Perkins comparan la noción de turista como observador con la de turista como actor y por último Liebman Parrinello ve al turista simultáneamente como encarnado físicamente y tecnologizado. En los dos últimos, la conceptualización se hace desde la perspectiva de la acción social aunque el tema central de interés es distinguir características de la práctica del turista como tal.

Davis (2001) afirma que el concepto de estructuración ha sido aplicado directamente en sitios en los que se involucran atributos y significados y el concepto de agencia que se preocupa por la forma en que las grandes estructuras sociales afectan al movimiento turístico han producido algunos hallazgos significativos (Goss 1993; Ioannides 1995; Chang 1999; Clancy 1999; Tufts & Milne 1999; Paradis 2000).

Otros autores que han abordado el tema del turismo y la cultura de acuerdo con Mazón (2001), aunque no profundiza en los detalles en que lo abordan, son: De Kadt (1991), Turner (1991), Ash (1991), Santana (1997) quienes toman en mayor o menor medida algunas de las propuestas de Giddens en estudios en el campo del turismo, ya sea aproximándose a los actores y su accionar o a las estructuras y la forma en que éstas inciden en la actividad turística.

Es indudable la aportación que Giddens ha realizado para la sociología y por ende al estudio sociológico de la vida humana, en este sentido las aportaciones y el trabajo por él realizado son claramente aplicables al análisis del turismo y podrían aportar descubrimientos novedosos al aplicarse de manera extensa y profunda. Algunas de las ideas que tienen que ver con la forma en que desde la interacción se reproducen y producen las estructuras es tomada en la propuesta de esta tesis en el capítulo cuatro, así como las características de la sociedad moderna y la forma en que se presenta el distanciamiento espacio-temporal.

2. Estudios del turismo desde el enfoque de habitus y campo

Pierre Bourdieu, es tal vez uno de los tres teóricos más influyentes a fines del siglo XX en toda la sociología, su obra ha sido traducida a múltiples idiomas, no sólo por la solidez de sus planteamientos sino porque sus trabajos empíricos resultan ilustradores de manera congruente con sus planteamientos teóricos. La amplia diversidad de temas que ha abordado en su prolífica carrera, han sido inspiradores para múltiples estudios realizados prácticamente en todos los campos y temas que aborda la sociología. No es extraño entonces que también se encuentren trabajos en el campo del turismo que intentan abordar el fenómeno partiendo de la propuesta integradora acción-estructura de Bourdieu (1990) aplicando los conceptos centrados en la práctica, considerada como el producto de la relación entre ambos extremos, objetivista y subjetivista. En una mezcla a la que él mismo denomina estructuralismo constructivista, constructivismo estructuralista o estructuralismo genético. El núcleo del esfuerzo de vinculación está en los conceptos de habitus y de campo, así como en su interrelación dialéctica.

En vez de elegir entre las perspectivas estructuralistas y las centradas en la acción, Bourdieu pretende superar esa oposición, en este sentido para superar la oposición entre lo objetivo y lo subjetivo establece dos conceptos metodológicos, el primero es que al investigar lo que se busca es la "objetivación participante", lo cual significa que el estudioso objetiviza primero el objeto de la investigación, después analiza la validez y los presupuestos de esa objetivación y finalmente, considera las improvisaciones de las personas y los logros que alcanzan con su destreza. El segundo es el apelar a una "sociología reflexiva", que ponga en suspenso a través de la actitud crítica hacia las propias prácticas científicas que se encuentran inmersas en las propias condiciones estructurales y luchas por el poder que estudian.

Para Bourdieu, la gente sabe cómo seguir con sus actividades diarias sin la necesidad de verbalizar ese conocimiento a través de un sentido práctico. El dominio práctico se basa en la doxa o "experiencia dóxica" que tiene que ver con un mundo que se da por hecho sin reflexionar sobre él. Las ideas de sentido práctico y de doxa culminan en su concepto de "habitus" que constituye un esquema generador de disposiciones, adquiridas tácitamente durante la primera infancia y por tanto, duraderas. Tales disposiciones producen las prácticas, improvisaciones, actitudes y movimientos corporales de las personas y es lo que le proporciona al ser humano un "sentido práctico" para desarrollar un número infinito de estrategias al afrontar infinitas situaciones. Como las disposiciones se adaptan a los condicionantes de los medios sociales en los que emergen, el habitus varía con la procedencia social, según la clase a la que se pertenezca.

Bourdieu (1971) utiliza el concepto de "campo" para referirse a las áreas de la vida social en las que se presentan las luchas relacionadas con bienes o recursos valiosos. En el concepto de campo, Bourdieu se apoya en metáforas económicas, el término "capital" para referirse a los bienes y recursos que están en juego, pudiendo ser económico, social cultural o simbólico. Señala también que las estructuras no deben verse como condicionantes sino como algo que también capacita, en el sentido de que dejan margen para que se ejerza la acción social.

Bourdieu ha mostrado en repetidas ocasiones de qué manera el "sentido práctico" de los individuos contribuye sin pretenderlo a la reproducción de las desigualdades sociales. Desde el punto de vista empírico es válido sostener que el habitus es relativamente perdurable, que adquiere diferentes formas en cada clase y que se ajusta a condiciones externas objetivas.

Para el turismo, la aplicación de estos conceptos tiene también amplias posibilidades explicativas, aún cuando no sean abundantes los trabajos empíricos desde esta perspectiva. La práctica turística, en tanto se refiere a las actividades realizadas por viajeros o turistas, es en realidad parte de un habitus en las clases sociales altas y en algunas sociedades más desarrolladas, no así en las clases bajas ni en las sociedades menos desarrolladas. El interés de las clases medias por realizar esta actividad colabora de manera implícita en la legitimidad de la superioridad de la realización de este tipo de prácticas. Asimismo, el turismo puede ser visto como un campo en el que se lucha por recursos valiosos, económicos, simbólicos, culturales y sociales, en el que la lucha se presenta entre los diversos participantes en él.

Bajo la influencia de Bourdieu, no es posible dejar de mencionar el trabajo realizado por Alicia Flores (1999) sobre el gusto y su papel en la producción y reproducción social en relación con los restaurantes, en él encuentra que el gusto es un medio que se pone de manifiesto en espacios como los restaurantes para coadyuvar a la producción y reproducción social. El gusto por determinado restaurante está determinado en gran medida por el habitus de la persona y éste a su vez deviene de una posición social que tiende a ponerse en evidencia en la propia preferencia por uno u otro restaurante, con determinado tipo de cocina, de servicio o de prestigio. El acudir al restaurante refuerza, reproduce esta condición, aún para aquellos que no tienen en su habitus el acudir a cierta clase de restaurantes, por ejemplo en los denominados "gourmet". La idea de que el gusto por cierta clase de actividad en el turismo depende del habitus del individuo tendría que ser analizada ampliamente para otras actividades turísticas.

También bajo el enfoque del gusto analizado por Bourdieu, Liliana Zepeda (1996) realiza un estudio sobre la visita a los museos en la ciudad de Toluca, Estado de México, en la que identifica cómo el habitus de los –contados, muy pocos- visitantes a los museos hace evidente su pertenencia a grupos particulares de la sociedad quienes detentan el capital cultural y social de manera hegemónica en la ciudad.

El estudio de Silvia Pavón (1999) sobre la práctica turística en la Ciudad de Oaxaca, a partir del capital cultural, muestra que de acuerdo con el tipo de capital que cada turista tiene, se dan gustos y preferencias por ciertos bienes y servicios. Así, el turista que visita Oaxaca tiene características peculiares que lo distinguen de aquellos que prefieren visitar otros lugares en donde no es necesario poner en juego sus conocimientos sobre la cultura que ha dejado de existir pero de la que se conserva constancia de su existencia por los vestigios que allí se encuentran. La lucha por un capital cultural se pone en evidencia en la elección misma de un sitio de destino turístico cultural. Esta idea implica que ciertos destinos turísticos, cuando se presentan como tales, tienden a reproducir la desigualdad en la sociedad, invita por sí misma a su inclusión en los desarrollos teóricos del turismo y desde luego en los análisis empíricos sobre el mismo.

Anaya (2005) analiza el fenómeno turístico desde la perspectiva de los campos de Bourdieu, plantea que en el espacio social pueden surgir campos en el momento en que un individuo practica el turismo; sucede incluso antes de salir de viaje, en la preparación del mismo, en las agencias, en la búsqueda de información del destino, en la compra de los boletos y en cada actividad que deriva de relaciones con otros individuos de acuerdo con sus capitales construidos con base en el habitus; de acuerdo con estos se va teniendo acceso a determinadas posiciones, tanto en el espacio social como en los campos, los cuales se crean en el momento en que cada individuo se coloca en un grupo específico de su interés o en el cual tiene más conocimientos. Anaya invita a reflexionar sobre la posibilidad de que el turismo no sea un campo, sino un conjunto de campos vinculados, en los cuales no habría sólo una lucha por recursos sino múltiples luchas. Esta idea poco se ha trabajado en profundidad en otros análisis y por cierto podría constituirse en una aportación a la propia teoría social para el estudio de casos en los que aparezcan actividades en las que se "encadenen" luchas en diversos campos.

3. Estudios del turismo desde el enfoque de la colonización del mundo de la vida

La teoría de Habermas, si bien por muchos ha sido considerada como una teoría crítica, es decir vinculada a la sociología macro, debido a su desarrollo resulta difícil incluirla en ésta o en cualquier otra categoría teórica (Ritzer, 2002, 503). Ha incorporado ideas de una amplia serie de teóricos de la sociología desde Marx, hasta Mead, Parsons, Schutz y Durkheim. Aunque categorizar o denominar a una teoría tan amplia e innovadora tiene sus riesgos, aquí se prefirió el término que propone Ritzer de “Colonización del mundo de la vida” para referirse a la cuestión acción-estructura. Para Habermas (1987) en su teoría de la acción comunicativa, el análisis de la estructura se centra en el sistema social y la acción en el mundo de la vida. Aunque plantea que en la sociedad, ambas son maneras diferentes de considerar a lo mismo.

Para Habermas una acción o enunciado es racional si puede, en principio justificarse a partir de un debate abierto en el que cada individuo participa de forma equiparable. Para él, el proceso de racionalización occidental tiene un componente de racionalidad instrumental, criticado por los autores de la escuela de Frankfurt como Adorno y Horkheimer pero lleva también un componente más positivo, al que llama "racionalidad comunicativa" que tiene que ver con la institucionalización de mecanismos abiertos de crítica y defensa. Mientras la racionalidad instrumental se relaciona con el imperativo del sistema social, la comunicativa tiene que ver con el nivel del mundo de la vida.

Al diferenciar el sistema del mundo de la vida a través de la racionalidad, surgen dos problemas, en primer lugar, el mantenimiento de las dimensiones económica y política del sistema social puede erosionarse. Esto se relaciona con una "crisis de motivación" en la esfera laboral y con una "crisis de legitimidad" en el nivel político. Habermas argumenta que en el capitalismo avanzado, la política se reduce a su dimensión pragmática: se encarga principalmente de los asuntos macroeconómicos. Sin embargo, si no desempeña sus funciones económicas no puede contar con la autoridad legítima, ni con la lealtad o compromiso de la ciudadanía. Cuando la política se reduce a solucionar problemas económicos, bastan las crisis económicas recurrentes para erosionar su legitimidad. En segundo lugar, los imperativos del sistema tienden a instrumentalizar el mundo de la vida y esta "colonización" conduce a lo que Durkheim llamó "anomia" y Weber como una pérdida general de significado. Habermas no considera que la colonización del mundo de la vida forme parte de la lógica interna de la modernización, la colonización no es inevitable. Su esperanza reside en los nuevos movimientos sociales, a los que les preocupan asuntos relativos a la calidad de vida y a la autorrealización.

Si bien el tema de interés de Habermas se centra en la acción comunicativa y las aplicaciones más comúnmente identificables en la sociología empírica se encuentran en ese mismo tema, no es poco frecuente que se identifiquen a su vez estudios de otros temas fundamentados en las ideas de Habermas. En el turismo se pueden mencionar algunos, que toman parte de las ideas de este autor, particularmente aquellas que se refieren a las formas en que el sistema “coloniza” o controla el mundo de la vida de las personas.

Una de las principales contradicciones implícitas del turismo es descrita con la noción de turismo como “hospitalidad comercializada” (Dann y Cohen, 1991) El intercambio social entre anfitriones y huéspedes, basado en principios de hospitalidad, que se ve reemplazada ampliamente por el intercambio económico y la motivación lucrativa, frecuentemente enmascarado tras un ridículo frente de comportamiento amigable o incluso servil, por lo tanto se constituye como un campo fértil para el análisis desde el enfoque crítico. Esto ha sido así prácticamente desde el origen del turismo, como puede revisarse en el capítulo 2 de esta tesis, sin embargo, bajo el enfoque de la teoría de la acción comunicativa son relativamente pocos los trabajos que pueden citarse aquí. De entre los trabajos con enfoque crítico, mencionaré tres que si bien no se fundamentan directamente en la propuesta de Habermas, tocan algunos puntos ilustrados por los conceptos de su obra.

El primero de ellos, se fundamenta en el trabajo de Agnes Heller (1977), cuyo planteamiento concuerda con el del mundo de la vida de Habermas, pero expresado en tres mundos: el de los objetos, el de los usos y el del lenguaje. Bajo esta perspectiva Zizumbo (1998) aborda en un estudio de vida cotidiana en la población de Toluca, México, la forma en que se incorpora la práctica del turismo en el mundo de los objetos y en el mundo de los usos, para llegar a un análisis de la dialéctica del turismo en la vida cotidiana y su devenir histórico como parte de la alienación y liberación de la vida social. En este trabajo, la autora encuentra que si bien el turismo no forma parte del mundo de la vida cotidiana de la gente, en la medida que avanza el proceso de racionalización también el turismo se incorpora a este mundo, pero no solo bajo el imperativo económico sino como una posibilidad para la liberación individual. La aportación de Zizumbo consiste en el hecho de que aún en el proceso de colonización del mundo de la vida cotidiana específicamente tras el rostro del turismo, aparecen las posibilidades para la liberación.

Por su parte, Guzmán (2005) plantea que la industria cultural posee cada día más productos en atención a la actividad turística, como son revistas nacionales y extranjeras, secciones en periódicos, programas especiales de viajes, sobre todo los que obedecen a aquellos espacios donde las grandes inversiones turísticas hoy se encuentran concentradas. La publicidad juega un papel determinante para el consumo turístico, aunque realmente quienes se publicitan son las grandes empresas y el gobierno mexicano apoya de forma abierta los espacios con grandes inversiones que obedecen al modelo de sol y playa únicamente. El trabajo está apoyado en los teóricos de la escuela de Frankfurt pero por momentos se aproxima al análisis de la racionalidad comunicativa de Habermas.

Una posición crítica similar frente a la colonización del mundo de la vida, pero orientado a los anfitriones del turismo, es abordado por Palafox (2005) en un análisis de las transformaciones del poblado de Cozumel a raíz del desarrollo turístico, sobre todo desde el imperativo instrumental de la modernidad, la cual lleva a un crecimiento desordenado, centrado en la competencia económica y abiertamente agresivo en el que los bienes y servicios toman se establecen como reguladores y mediadores del entorno. Esta condición se incorpora cada día más al mundo de vida de los habitantes de Cozumel quienes participan en lo que denomina un "nuevo estilo de vida", entrecomillado. La idea del turismo como vía para la colonización de mundo de la vida desde la racionalidad instrumental aparece cada vez más, particularmente en los sitios de destino turístico en los países menos desarrollados, la forma en que esto forma parte de la estructura y la semilla que en sí mismo lleva para la transformación es un asunto que seguramente cada vez más será incorporado en los estudios sociológicos.

La teoría de la acción comunicativa especialmente en el tratamiento que hace acerca de la colonización del mundo de la vida abre posibilidades para analizar desde un enfoque crítico al turismo, sin que esto necesariamente suponga que se enfoque en el nivel exclusivamente macro, en las instituciones y estructuras. En este sentido cabría esperar que en el futuro se desarrollen más trabajos empíricos desde este ángulo. En esta tesis, en el capítulo cuatro, se retoman la idea de la colonización, como cierta forma de intrusión de la razón instrumental, hacia el mundo de la interacción turística.

D. Estudios del turismo desde la perspectiva teórica de Berger y Luckmann

Mucho del trabajo en sociología, especialmente en el nivel teórico, se orienta a la búsqueda de una integración acción-estructura o subjetividad-objetividad, y se da por sentado que todo esfuerzo sociológico empírico puede centrarse ya sea en el nivel micro o ya sea en el macro, lo cual pretenden mediante el apoyo en teorías, que analíticamente parten de uno u otro nivel. Las tres posibilidades teóricas presentadas en el apartado anterior parten del análisis desde el nivel macro, aunque no desdeñan el análisis micro. Especialmente Bourdieu ha procurado que sus estudios empíricos sean restringidos y generalmente busca evitar hacer formulaciones teóricas que sólo tengan incidencia en el nivel macro. Existen sin embargo también en el concierto general otros planteamientos teóricos que buscan la integración de la cuestión acción – estructura, pero que lo hacen dando primacía al nivel micro, la que interesa en este trabajo es la presentada por Berger y Luckmann, aunque hay que decir que no se trata de la única que ha realizado esfuerzos en este sentido.

La teoría constructivista de Berger y Luckmann, que fue analizada en detalle en el capítulo uno, también ha dado origen a estudios en el campo del turismo, los cuales si bien no son abundantes, permiten hacer una primera aproximación al tema. A continuación se presentan dos de ellos.

Hiernaux (2000) analiza la vida cotidiana del turismo a la que encuentra efímera pero capaz por sí misma de producir cambios sociales, lejos de las revoluciones sociales, la transformación de los géneros de vida a través del turismo ha sido tan decisiva, que logra modificar los patrones de comportamiento social en el tiempo de trabajo entendido como tiempo obligado. En este contexto, la demanda anticipa la producción, y a partir de nuevas expectativas que surgen de la vida cotidiana y de la recreación de mitos colectivos se construyen sistemas de intereses distintos que escapan progresivamente a las esferas de la producción institucionalizada. La multiplicidad de los espacios del ocio, la expansión del turismo a pesar de la crisis y su inesperada capacidad para renovar sus imaginarios penetrando inclusive en las esferas del mundo del trabajo, están generando una nueva dinámica de la cotidianeidad, que sin haber reemplazado las imposiciones del trabajo, se transforma progresivamente en su sustituto, por la lenta subversión de sus bases fundamentales, particularmente los usos de los tiempos y espacios. La sustentabilidad de la cotidianeidad del ocio, no se debe buscar en la mayor duración del tiempo del ocio, sino en la dilución progresiva del sistema de lógicas fundamentales que sustentaban el tiempo de trabajo.

Hermane (2005) en un trabajo sobre la conciencia ambiental en los espacios recreativos naturales, propone una aproximación desde la propuesta de Berger y Luckmann al trabajo y la vida familiar de las personas que laboran en el Valle del Columpio, un sitio de destino turístico enclavado en un parque nacional en México, así como a los visitantes del mismo para identificar las relaciones del ser humano con la naturaleza, en las que propone la existencia de una crisis de sentido en relación con lo que proponen los medios de comunicación para elegir la forma correcta de vincularse con el medio ambiente y cómo se combina con sus hábitos de vida tradicionales.

Si bien ambos trabajos toman fundamentos desde la teoría de Berger y Luckmann, ninguna de ellas explora en profundidad las posibilidades de análisis que proponen estos teóricos, no es desde luego su pretensión. En el caso de Hiernaux, se centra exclusivamente en el análisis de la interacción turista-turista, en la que da por supuesto que existe un anfitrión tras tal relación, no aborda su descripción en detalle. Además, dado su interés centrado en las cuestiones espaciales, hace muy poca referencia a los problemas y cuestiones temporales que se presentan en la relación turista-anfitrión. Desde luego, la finalidad que persigue Hiernaux en su trabajo no es fundamentar teóricamente tal relación turística, por lo tanto su aportación en lo que refiere a la cuestión del espacio y a la propia relación turista-turista resultan fundamentales en la propuesta que se desarrolla a partir del siguiente capítulo.

Por su parte, Hermane, desarrolla un esquema de análisis de las relaciones de los locales que trabajan para el turismo, entre ellos y con los turistas. El estudio se centra en el trabajo y en la vida familiar como elementos clave de la vida cotidiana de los mismos, la cual transcurre en el mismo espacio, aunque es categorizado en distintos niveles en función de la interacción con los otros significativos. Es entonces cuando aparece la interacción anfitrión-turista, en el marco de las relaciones tipo nosotros-ellos, lo cual para el trabajo resulta incidental, pues lo mismo pudo haberse tratado de “compradores”, “clientes” o “usuarios” a quienes se involucran en esta relación con los anfitriones. En este sentido, si bien se abordan las dimensiones espacial y temporal, sólo en una de ellas aparece o puede aparecer el turista, tratado como el “Otro” en la categoría de “ellos” es decir, en los más lejanos al centro analizado.

Si bien, Hermane no pretende hacer un estudio acerca de la relación turista-anfitrión, lo cual establece claramente delimitado, sus aportaciones sobre las dimensiones del análisis y las reflexiones acerca del anfitrión como trabajador e integrante de una familia son retomadas en el planteamiento presentado en el siguiente capítulo.

E. El turismo como objeto de estudio sociológico

El turismo puede ser analizado, y de hecho lo ha sido, desde distintos ángulos por cada uno de los planteamientos teóricos de sociología presentados en el presente capítulo, cada uno de ellos abordando los aspectos que le son relevantes.

Desde el interaccionismo simbólico, se puede afirmar que el turismo es una actividad que se presenta en la sociedad, la relación turística surge a partir de una interacción entre individuos que juegan roles construidos desde el imaginario social y asumidos/reconstruidos por los individuos en espacios y momentos específicos. Las reglas o normas sociales que rigen la interacción si bien tienen referentes desde ámbitos socioculturales simbólicos propios de la sociedad – comunidad de la que proviene cada uno de los sujetos interactuantes, por la naturaleza y origen distinto de cada uno de ellos (cultura del turista vs. cultura del anfitrión), los individuos se ven forzados a la reconstrucción de sus marcos en cada interacción. Desde esta perspectiva, el turismo sería un objeto de investigación característico de lo que se estudia desde la sociología, que en las relaciones sociales identifica tanto los marcos en los que se entablan como los momentos y razones de las divergencias/fracturas/disensiones que se presentan de manera conciente o no entre los individuos que se relacionan. En el caso del turismo este tipo de relaciones está presente de manera permanente. Tanto el turista como el anfitrión activo (Cfr. González, 2003) permanecen en un estado de permanente vigilancia/rompimiento de las normas y marcos sociales pre – establecidos.

En la relación turística sucede como en cualquiera otra relación interpersonal, tanto el turista como el anfitrión se construyen a sí mismos en la interacción, asumen el "yo" vinculado con sus procesos de autoconciencia y a la vez reproducen el "mi", lo social que han aprendido y que ven reflejado y también establecido en el Otro frente al que se encuentran. En el caso del turismo esta relación sin embargo tiene un poder constitutivo muy claro al relacionar en interacciones a personas cuyos referentes sociales, cuyo "mi" tiene antecedentes separados, elaborados por separado en sus propias comunidades de residencia.

Desde la fenomenología, la interacción turística tiene un centro desde el que toman referencia las interpretaciones de la misma interacción, tal centro es el aquí y ahora, es el individuo la fuente y referente fundamental de sentido. Las interacciones cara a cara por lo tanto son las que cargan con el peso de la construcción del mundo social de las personas, en el caso del turismo, la razón esencial, el momento central es pues la interacción cara a cara entre turista y anfitrión. Desde tales interacciones, en su repetición y reproducción, se conforma un conocimiento, primero individual y después colectivo, un conocimiento social acerca de las interacciones entre turistas y anfitriones y con el tiempo va sedimentando un acervo de conocimiento social que permite establecer relaciones tipificadas entre turistas anfitriones, roles tipificados para desempeñar las interacciones que al actuar conforme al tipo van estableciendo las normas e instituciones turísticas.

Así, las tipificaciones, los roles, las normas e instituciones constituyen un orden social del turismo, construído objetivamente de modo intersubjetivo. Tal construcción intersubjetiva es lo que permite al individuo atribuir en última instancia un sentido a sus acciones como turista o como anfitrión.

Desde la etnometodología se toma la idea de que en la interacción, el individuo tiene una capacidad reflexiva que le permite actuar conforme al sentido objetivado en las normas y orden social o deliberadamente romper con él. El turista y el anfitrión en cada interacción reproducen pero tienen la opción de romper deliberadamente con el orden social del turismo. Esto permite no sólo que el individuo actúe con libertad, o con una sensación de libertad, sino además sienta las bases de la posibilidad del cambio social, tanto en la comunidad que recibe al turista como en la comunidad de origen del mismo.

Esta última idea nos remite directamente a la discusión de la teoría de la estructuración, en la que la estructura social se reproduce en la interacción y el hombre deliberadamente actúa conforme a las normas o fuera de ellas, con lo que no significa que construya sistemas o instituciones, sino que estos tienen un atributo para el cual existen dentro de la sociedad y son a la vez fuente y resultado de las estructuras. En el turismo, los sistemas creados para la dominación, legitimación y comunicación de la actividad, surgen de ella misma pero también son fuente de estructuración de la sociedad. Las estructuras son internas en relación con las acciones de turistas y anfitriones y descansan en el conocimiento tácito y la conciencia práctica de cada uno de ellos como actores.

La multiplicidad de actores del turismo no es otra cosa sino la multiplicidad de actores en la sociedad. En el turismo desde las ciencias sociales no sólo se trata de conocer la actividad de los turistas, sino de las múltiples relaciones que se presentan antes, durante y después de los viajes de los mismos, esto involucra al sujeto social que hemos denominado anfitrión (Cfr. González, 2003) quien en sus dos tipos, tanto activo como pasivo, tienen alguna vinculación con el turista. Esto incluye a empresarios que desarrollan su actividad en torno a las necesidades de los turistas (hoteleros, restauranteros, agentes de viajes, así como las cámaras y asociaciones de estos empresarios) a quienes prestan sus servicios en estas empresas o personalmente a los turistas, atendiendo a sus necesidades (guías de turistas, promotores del turismo, empleados y trabajadores de las empresas turísticas, incluidos los sindicatos y cooperativas de estos individuos), a empresarios y trabajadores de empresas que indirectamente se benefician del turismo (empresas proveedoras de las turísticas, empresas de bienes o servicios públicos y personales que operan en sitios turísticos, las proveedoras de éstas últimas) los gobernantes y servidores públicos en sus distintos niveles que atienden asuntos vinculados al turismo (promoción y fomento, investigación y desarrollo, regulación y normalización, entre otras funciones de administración pública del turismo, incluidos los organismos multinacionales, internacionales o globales que integran a los gobiernos en torno al turismo o temas vinculados a él), los organismos ciudadanos o no gubernamentales que opinan o se vinculan con el turismo, los investigadores y académicos que estudian el fenómeno, los habitantes de los espacios rurales y urbanos en los que se desarrolla la actividad turística y que son en primera instancia los propietarios de los recursos que se aprovechan y en última instancia los que resultan afectados o beneficiados de la actividad. En este sentido y considerando todas las combinaciones que se pudieran señalar entre los posibles actores del turismo, son en realidad representantes/actores de la propia sociedad.

De la propuesta teórica de Bourdieu, la idea de que el individuo aunque tiene la capacidad para negociar el orden social en el momento de la interacción, tal capacidad estará limitada en función de su origen, de su habitus, lo cual significa en el caso de la interacción en turismo que no se debe olvidar que cada interacción es asimétrica en cierta medida y que dependerá si de la persona y su libre albedrío el producir/reproducir sentido en sus acciones, pero este se encontrará limitado al final por el habitus de cada uno. Esto supone además que en el turismo se pueden encontrar conjuntos de campos de lucha, en los que las interacciones lleven al enfrentamiento entre individuos con distintos niveles de capital cultural, social o simbólico. El cambio social así sólo se produce en tanto el individuo sea consciente de los campos en los cuales lucha y de los límites con los cuales entra al campo. Ésta última idea resulta fundamental para el caso del investigador, sociólogo en el turismo, quien tendrá que asumir este mismo principio y actuar de modo reflexivo, lo cual presenta a su vez posibilidades y limitaciones en el campo del turismo.

El sociólogo no sólo es observador, aún siendo externo al sitio en que desarrolla su estudio, mucho más fácilmente se puede incorporar en lo observado al ubicarse en la visión del turista y tiene la posibilidad de acercarse, al menos eventualmente con menores barreras a la visión del anfitrión. En el caso del turismo, todo sociólogo tiene a su alcance la posibilidad de asumir el rol de turista, desde luego, además del rol de sociólogo, lo cual no es un asunto trivial pues significa que tiene la posibilidad de tomar el lugar directamente de una de las dos partes involucradas, con lo que en principio cuenta ya con algunos elementos que le permiten “identificarse” como turista y desde ese ángulo realizar sus observaciones y reflexiones. Asimismo, al vincularse en los sitios de destino turístico con la gente que se atiende directamente con el turista, tiene la posibilidad de aproximarse y encontrar en los estudios empíricos, a aquellos sujetos cuyas opiniones, actividades y visión resultasen significativas para su investigación. Esta posibilidad podría incluso ser explorada para otros estudios sociológicos aún cuando su objeto no fuese el turismo.

De la obra de Habermas, la separación entre el mundo de la vida y el sistema social basado en la racionalidad instrumental, así como la colonización del segundo sobre el primero permite encontrar algunas condiciones importantes para el estudio del turismo. En primer lugar, el turismo permite un análisis de los sujetos en ambientes no convencionales, cotidianos, “normales” y probablemente con menor nivel de control externo. En la relación turística, al menos por parte del turista, hay una disposición libre para la realización de la misma, esta libre elección, así como la libertad para seleccionar roles y prácticas dependerá del marco desde el cual el propio turista supone y enmarca su propia acción, sin embargo le permite en muchos momentos transgredir, hasta deliberadamente violar, aquellas normas que pueden ser muy rígidas en su propio entorno pero de las que se libera al realizar el viaje. (Ver Hiernaux, 2000 o Zizumbo, 1998) Del mismo modo, la sola evocación, remembranza o recuerdo del viaje le permite revivir y resignificar con ello su propia vida, tales momentos de libertad. La peculiaridad que ofrece al sociólogo la relación turística es que al menos uno de los actores en la relación social no es el “natural”, se introduce desde fuera, en función a marcos y estructuras que en mayor o menor medida lo predeterminan, valga aquí hacer referencia a la política turística global, al fomento de la apertura de las fronteras, a la simplificación administrativa y regulativa para el turismo internacional, a los medios y vías de comunicación y de transporte, a las modas y las decisiones comerciales de los grandes corporativos turísticos globales (Tour operadores).

En segundo lugar, la forma relajada de las relaciones sociales en el turismo a su vez se extiende a cada vez más esferas de la vida cotidiana en la sociedad. En la medida en que el turismo es accesible a cada vez más personas, la libertad que el individuo percibe durante sus viajes en la relación con el anfitrión, al menos la libertad frente a las restricciones y normas de su comunidad cotidiana, invaden cada vez más los tiempos y espacios de la vida cotidiana (Ver Hiernaux, 114) con ello, el turismo toma un lugar cada vez mayor en la elaboración del sentido social completo.

Con todo ello y en cierto sentido podría decirse que en el turismo se realizan experimentos sociales con diversos niveles y categorías de control, con ello las características de conflicto entre los distintos sistemas, el instrumental y el del mundo de la vida se introducen de manera a veces brutal en la sociedad anfitriona. La sociología no solo debe, sino que tiene frente a sí la posibilidad de analizar distintos casos, con diversos niveles de extensión y de profundidad del conflicto, en distintos momentos históricos y hasta con diversos contextos espacio-temporales.

Es por todo la anterior, que entender el turismo permite también entender mejor la sociedad. Este argumento es similar al que se propone para todo estudio empírico, en el sentido de que al estudiar una parte de la sociedad, se accede a una mayor comprensión de toda la sociedad. Si bien he pretendido caracterizar al turismo como un fenómeno particular en la sociedad, esto ha sido desde los factores y aspectos que le hacen distinto, sin embargo en general es un fenómeno social como muchos otros, pues presenta características como relación entre personas en la sociedad que son comunes a muchos otros ámbitos y contextos sociales. El comprender el turismo puede entonces auxiliar en la comprensión de nuestras sociedades, con la enorme ventaja de que en principio conocemos los límites (las diferencias de la relación turística frente a otro tipo de relaciones sociales) de aquello en lo que puede auxiliar.

Encontrar soluciones en el turismo puede favorecer el hallazgo de soluciones para la sociedad en su conjunto. En la misma línea del punto anterior, el turismo es un espacio o contexto específico de la sociedad en la que se pueden ensayar diversas soluciones a aspectos conflictivos, con la peculiaridad de que la actividad turística se puede fomentar o limitar, a través de mecanismos reguladores en manos de la sociedad anfitriona y en los que el sociólogo puede aportar sus conocimientos. En torno al turismo es posible tomar decisiones que permitan/favorezcan o eviten/disminuyan la llegada de turistas a los sitios de destino, a través de límites a la inversión, restricciones administrativas, cuotas o impuestos especiales, etcétera. Esto significa que a través de la eliminación o adición de regulaciones de carácter comercial o no comercial se puede incidir en los temas sociales en controversia o conflicto en la relación turística, mismos que adicionalmente podrían ser tema para ensayarse o llevarse a otros ámbitos no turísticos.

El turismo, en suma, tiene la posibilidad de constituirse en sí mismo como un objeto de conocimiento de la sociología, hay múltiples argumentos por los que sería viable, deseable y posible fomentar el estudio sistemático del turismo como objeto de investigación, entre los que se destacan algunos a continuación:

Cuando se hace referencia al vocablo ‘turismo’, se supone un conjunto de actividades que realizan las personas cuando viajan. De hecho se hace referencia a solo cierto tipo de viajes y a cierto tipo de actividades. El hombre viaja por múltiples razones, desde la exploración, la migración o la guerra, hasta el placer, el aprendizaje o el descanso; es socialmente identificable que no todo viaje supone hacer turismo, de hecho la referencia a turismo lleva implícitos muchos de los significados que surgieron con el uso actual del vocablo, es decir, se hace referencia a un viaje de ida y vuelta que es practicado por personas que adquirieron, en términos de un contrato de compra-venta, un conjunto de servicios asociados al hecho de viajar. Es justamente el hecho de adquirir un viaje de ida y vuelta, que implica el uso de servicios que proveen ciertas ‘comodidades’ como el alojamiento, la alimentación, el uso de una moneda única, el trato con personas en el idioma propio y no en el de los otros, entre otros aspectos lo que se supone parte de un ‘producto’, tal fue el origen en el uso del término turismo en la Inglaterra de fines del siglo XVIII, un origen primordialmente “comercial” o que implica un negocio, una compra-venta de un viaje ‘empaquetado’. La forma en que este ‘negocio’ ha penetrado en tan diversos espacios de la sociedad y que se mantenga más de dos siglos después de su origen, no puede ser soslayada, de hecho, el que siga existiendo la actividad y que haya dado origen a una serie de fenómenos en torno a ella, es un argumento de peso para justificar la necesidad de su análisis sistemático. Sin embargo hoy el turismo alude no sólo al hecho de hacer un viaje o de que tal viaje implica un proceso comercial.

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, con los fuertes cuestionamientos que vivió el modo de producción capitalista y con la aparición de una corriente de pensamiento crítica de la sociedad, permitió que muchos observaran al fenómeno del turismo y se cuestionaran el por qué si los seres humanos tenían en su naturaleza el deseo de viajar, esto tenía que ser limitado a sus posibilidades económicas. Se cuestionó entonces que el turismo fuera sólo la forma de viajar de las clases altas y se pugnó por que se reconociera que el turismo es una forma de realizar recreación, una forma de practicar un ocio liberador, en contraposición al negocio, negación del ocio. En este sentido, el turismo tendría que ser entendido como una forma particular de practicar el ocio, derecho de todo ser humano y por lo tanto el estado, como estructura de organización social, tendría que proveer las posibilidades para que este derecho fuera ejercido por todos los ciudadanos por igual. Esta versión ampliada del turismo, ya no solo supone un viaje, sino supone un derecho humano, asociado a las necesidades y deseos naturales del hombre como especie. El que esta posibilidad se encuentre al alcance de muchos, mas no de todos, en la actualidad y el que realizar viajes turísticos se haya tornado en una aspiración legítima de la sociedad, es también un ángulo fértil para su análisis, pues en el fondo, analizar las aspiraciones de la sociedad es deseable para tener una mayor comprensión de ella. Sin embargo, hoy el turismo hace referencia también a otros fenómenos que van más allá de los viajes y del derecho a realizarlos.

Desde la segunda parte del siglo XX, el turismo se tornó en un fenómeno de masas, con lo que desató una serie de consecuencias en muy diversos campos de la sociedad: en lo económico, en lo social, en lo cultural, en lo ambiental, en lo político. Al observar, analizar, medir y buscar la forma de controlar sus impactos, la actividad entró en un período de auge, en el que muy diversas disciplinas científicas se acercaron a su estudio, cada una de ellas haciendo aportaciones y ampliando las posibilidades de estudiar el fenómeno. Con ello, las nociones de turismo como negocio o como forma de ocio quedan estrechas, de allí que se haya hecho uso del enfoque de sistemas con la intención de construir un objeto abordable de manera integral. Esto desde luego, como respuesta a lo que se observaba en la sociedad. La forma en que se produce el turismo como sistema, los aspectos que abarca, la estructura que adquiere y las distintas formas en que opera, son por supuesto, un campo de análisis muy fértil para las ciencias sociales. Sin embargo, la intención de abordar el fenómeno de manera holística, deja por naturaleza de abordar lo específico, lo próximo, lo cercano.

El fenómeno turístico, que sucede en la sociedad puede abordarse por lo menos desde dos ángulos de aproximación, uno macrosocial, haciendo referencia a las macro-estructuras, al sistema de relaciones entre diversos elementos; el otro microsocial, en el que se haría referencia particularmente a las relaciones sociales entre los distintos actores del fenómeno, tanto en la dimensión estructural como en la dimensión de la acción, es decir tanto en su formación y operación como fenómeno de la sociedad como en su dinámica y transformación como parte de la vida del hombre en sociedad.

Considerando lo anterior, el turismo puede ser abordado con fines analíticos desde tres perspectivas, como puede verse en la figura a continuación, que consisten en una perspectiva institucional-estructural, una perspectiva interpretativa y una que aquí denominaré metateórica, que consistiría en la intención de formular teoría de las teorías del turismo. Cada una de las perspectivas puede ser abordada por diversas disciplinas.

Figura 4. Disciplinas científicas y perspectivas para el estudio del turismo

Fuente: Elaboración propia.

Las tres perspectivas aquí propuestas a su vez pueden ser abordadas desde diversos enfoques teóricos, cada uno de ellos con sus propias herramientas, métodos, selección de temáticas, reglas, que le sean propias o afines. En el siguiente capítulo se toman las ideas aquí esbozadas y bajo el marco de la teoría constructivista de Berger y Luckmann se elabora un planteamiento que pretende integrar los elementos y presentar una entre otras posibilidades para abordar al turismo como objeto de estudio en la sociología, desde una de las tres perspectivas, un ángulo microsocial, pero haciendo un esfuerzo de integración de las dimensiones de acción y estructura.

Capítulo 4.

 El turismo desde la perspectiva de sociología constructivista de Berger y Luckman

A. Fundamentación

1. La realidad social del turismo es construida

Para entrar en detalle en la propuesta es necesario declarar y aclarar; el fundamento central de esta tesis es que la realidad social del turismo es construida. ¿Qué se entiende por esto? Básicamente que el turismo es una actividad que se realiza en sociedad y que por lo tanto existe EN la sociedad y que como tal, se elabora a través de la interacción entre los diversos actores que la conforman. Esto significa que aunque el turismo abarca múltiples aspectos de la realidad, incluidos los aspectos psicológicos o internos del individuo y que sólo suceden en él, hasta aspectos que sólo suceden de manera externa al hombre, como condiciones físicas, químicas, etc., en el marco de este análisis sólo se abordará la parte del turismo que sucede en la sociedad.

La realidad del turismo se reconoce en tanto realidad física cuando se pueden observar objetos y espacios como sucede con edificios que han sido restaurados para la visita del turismo, la realidad del turismo en el nivel individual se encuentra por ejemplo en las motivaciones y percepciones de los turistas o anfitriones como individuos. La realidad del turismo se distingue por su parte, en el nivel social por ejemplo en las relaciones entre anfitrión y turista o en las instituciones que surgen para organizar, difundir o normar el turismo. Los tres componentes de la realidad del turismo están intimamente relacionados y constantemente se refieren unos a otros, sin embargo para fines analíticos se h hecho aquí la distinción entre ellas. Esto puede ser observado en la figura a continuación:

Figura 5. Los tres componentes de la realidad del turismo.

Fuente: Elaboración propia.

Es específicamente esa parte del turismo, la social, la que aquí se concibe como una realidad construida. En tanto realidad cuenta con “elementos objetivos” y en tanto construcción implica que lo “objetivo” se alcanza a través de lo “subjetivo”. En el presente capítulo se pretende explicar de qué manera se consigue esta construcción, las implicaciones que tiene en el turismo y en otras esferas de la vida humana, en el individuo y en su entorno, en las relaciones entre individuos y grupos; con lo que se hace un planteamiento metodológico para abordar su análisis. La forma en que se abordan los temas es el siguiente: en un primer apartado se presentan los fundamentos de la propuesta teórica, qué aspecto de la realidad turística abarca ubicada en tiempo y espacio, cómo sucede la construcción a través de la interacción y cómo a su vez la estructura social se relaciona con el proceso de construcción. Un segundo apartado especifica los elementos que permiten la construcción objetiva de la realidad social en el turismo, cómo surgen tipificaciones que se sedimentan en roles, e instituciones y cómo se alcanza la legitimación a través de la conformación de sistemas sociales que surgen de un orden negociado en interacciones y establecido en normas sociales. El tercer apartado aborda los elementos que permiten la construcción subjetiva de la realidad social en el turismo en las comunidades de vida y de sentido a través de la internalización primaria y secundaria, cómo se presentan las condiciones para el mantenimiento del orden social y a su vez posibilitan la aparición de crisis y del cambio a partir de la acción deliberada del individuo. En un cuarto apartado, se especifican los límites de la propuesta teórica y se observan algunas de sus posibilidades en un esfuerzo de autorreflexión y crítica. Finalmente se presenta una visión estratégica para abordar la investigación del turismo bajo el enfoque de la sociología constructivista en el que se plantean líneas y posibilidades temáticas de trabajo.

Como ya quedó afirmado, el componente social de la realidad del turismo se construye a partir de las interacciones entre personas, de ello se pueden hacer algunas afirmaciones que subyacen a la primera: un individuo único no forma una sociedad, esta declaración al parecer no supone demasiadas dudas, para efectos prácticos es poco relevante pues todo individuo requiere para subsistir de sus semejantes por lo que desde su nacimiento, incluso antes de él, ya está integrado en una sociedad; sin embargo la siguiente afirmación puede hacer ver el sentido de la primera: que no es suficiente que existan dos individuos para conformar una sociedad, es requisito que estos individuos cuenten con los recursos y conocimientos suficientes para establecer una interacción, cuya repetición va estableciendo, va creando, construyendo la sociedad. Así un individuo único no podría de ninguna manera conformar una realidad social del turismo, tampoco lo hacen dos personas o grupos de personas; se requiere que tales personas cuenten con los recursos y conocimientos suficientes para establecer interacciones de tipo turístico y que éstas sean repetidas para que con el tiempo se construya la realidad social del turismo en determinado sitio o espacio de destino turístico. Por ejemplo, dos individuos se encuentran en la calle, aunque uno sea forastero y el otro se encuentre en su casa no establecen una relación turística. Un explorador es un viajero en solitario pero no es turista, un grupo de exploradores tampoco lo es. Un grupo de viajeros tampoco lo es. ¿qué se necesita entonces para que sí lo sean? La presencia o preexistencia de otro que los atienda, reciba. Esta presencia o preexistencia de un posible anfitrión es entonces el fundamento de la realidad social del turismo. Sin embargo, si un individuo viaja y es atendido por otro individuo, el hecho por sí mismo tampoco conforma una sociedad turística, requieren que la relación se repita una y otra vez en el tiempo y que vaya dejando evidencia “objetiva” de la relación: empresas que atienden como hoteles, restaurantes entre otros, organizaciones que promueven como las agencias de viajes, que vigilan como los organismos públicos nacionales para el turismo, etc.

En las consideraciones anteriores se va delineando la central relevancia de dos conceptos: el espacio y el tiempo en el turismo. El espacio es aquel en el que se efectúa la interacción turística es el que se denomina en la literatura del tema como “sitio de destino turístico”, haciendo alusión a la región visitada durante un viaje. Un destino turístico es en general cualquier sitio del mundo, sobre todo en el mundo moderno, con la expansión de las comunicaciones, de las vías y caminos, prácticamente cualquier sitio es susceptible de ser visitado por turistas. En términos geoespaciales, un destino turístico no se constriñe a las demarcaciones políticas establecidas por las comunidades, poblaciones, regiones, entidades, países o provincias sino que obedece a una lógica espacial turística que lo significa como un solo destino. Cualquier sitio que cuente con vías de comunicación hoy en día es un posible destino para los viajeros turísticos. Por ejemplo la Riviera Maya, destino turístico que abarca varios sitios, es prácticamente un corredor de kilómetros de costa en el que se han establecido hoteles, servicios para el turismo y poblaciones flotantes de empleados y trabajadores turísticos. Otro ejemplo menos evidente pero igualmente ilustrativo es la ubicación de la zona arqueológica de Teotihuacan como atractivo incluido en el destino turístico de la Ciudad de México, a pesar de la distancia a la que se encuentra (alrededor de 40 kilómetros del centro de la Ciudad) Es no sólo percibido como elemento del destino turístico Cd. de México sino que así es promovido y de esa manera está estructurado para funcionar. De hecho la oferta de hoteles para turistas que visitan Teotihuacan se ubica en la Ciudad de México. Destino turístico incluso puede ser una región entre países como el caso del conocido “mundo maya” que abarca una parte de México, Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador y parte de Nicaragua o un país completo.

Sin embargo, definir como espacios del turismo al abarcado por los destinos turísticos sería visualizarlos de forma excesivamente simplificada, debido a que tanto anfitriones como turistas le otorgan significado a sus espacios de manera diferente. Los espacios del turismo son aquellos en los que se manifiesta la interacción turística, a partir de las prácticas de los anfitriones como anfitriones y de los turistas como turistas. Esto es que los espacios del turismo son a su vez construidos por los actores participantes en la interacción, lo que implica que el espacio turístico tiene además de una componente objetiva y físicamente observable como territorio geográfico, también un componente subjetivo, que proviene de los individuos que en el interactúan. Tal componente subjetivo es precisamente el significado que para el turista o el anfitrión tiene el espacio, que si bien es distinto para cada uno, coincide al menos en parte, tal coincidencia es lo que le confiere el atributo de turístico al espacio. Es común que haya áreas consideradas turísticas y áreas que no lo son en un mismo sitio, por ejemplo en Acapulco, la zona turística abarca un par de calles paralelas a la costera que bordea la Bahía y el resto no es considerado así, incluso en los propios planes de desarrollo turístico municipales y del Estado de Guerrero.

Los anfitriones, quienes residen en una localidad visitada por turistas, perciben como territorios turísticos en su propia comunidad a aquellos espacios en los que se reúnen los turistas: las playas, los parques naturales y recreativos, las plazas públicas, los centros comerciales, los hoteles, los restaurantes de cierta calidad “turística”, los aeropuertos, las terminales de autobuses. No todos los espacios son compartidos por el anfitrión con el turismo, existen amplias zonas de las ciudades o regiones que no consideran como territorio del turista. Un ejemplo dramático de la separación percibida entre los territorios propios y los turísticos o compartidos, se puede ver en la separación entre la zona turística y el área habitada por la población local en Cancún. Estas percepciones de la ciudad como propia, de “nuestro” espacio se van formando con la vida cotidiana, a partir de la experiencia diaria y de los significados que se atribuyen a los propios espacios como espacios tipificados. Es así que el espacio se torna territorio propio o compartido. En el turismo el territorio compartido es el considerado espacio turístico para el anfitrión.

Por su parte, para los turistas, el espacio turístico es percibido como aquel por el que libremente puede transitar y que si bien considera ajeno, resulta “apropiable” cuando menos durante periodos temporales limitados. El espacio turístico incluye aquellos sitios en los que el turista desarrolla alguna de las actividades propias de su viaje: alojamiento, alimentación, descanso, recreación. Por ejemplo, en Veracruz los visitantes recorren sitios tradicionalmente dispuestos para el uso del turista: el malecón frente al puerto, el mercado de artesanías y la plaza central en la que se realizan actividades y eventos culturales. En Acapulco recorren las playas y centros de diversión ubicados en la costera. El espacio se le presenta al turista como un paisaje ajeno, pero que puede disfrutar durante el tiempo que dure su estancia, y que se extiende al territorio que recorrió para llegar al sitio de destino: los caminos y vías terrestres, aéreas y acuáticas que debió transitar para llegar. Este conjunto de espacios se transforma en imágenes y momentos que serán evocados como parte de la vivencia del turista sobre el sitio visitado. Algunos sitios promueven la ruta de tránsito misma como vivencia turística, tal es el caso del recorrido que realiza el ferrocarril de Chihuahua al Pacífico, en el tramo que va de Creel a Divisadero en el Estado de Chihuahua.

Las imágenes y momentos acumulados en la vivencia turística constituyen en suma los elementos de la imagen con la que el turista identifica el sitio al que viajó. Estas imágenes pueden o no corresponder con lo que el anfitrión supone, o con lo que venden los promotores de la actividad. La separación entre lo que se promueve y lo que vive el turista es muy fácilmente identificable al reconocer que en general catálogos, guías y folletos de turismo sólo incluyen las “mejores fotografías” en los “mejores ángulos” de los sitios turísticos y el turista al visitarlo se encuentra a veces con una realidad muy distinta. Sin embargo, no es tan claramente perceptible la distancia entre la concepción del anfitrión y la del turista respecto a un sitio específico, un par de ejemplos pueden ilustrar esta situación, en la ciudad de Veracruz, se cuenta con una playa destinada a uso del turismo, denominada Villa Rica y que se ubica aledaña al acuario de la ciudad, en ella el habitante local sabe que “se bañan” los turistas y ellos prefieren hacerlo en otra ubicada frente al fraccionamiento Costa Verde, aunque cualitativamente se ofrece prácticamente lo mismo en ambos sitios. En otro ejemplo, existe un restaurante –bar tradicional en el centro de Veracruz, un par de cuadras fuera de la zona turística, llamado “Mar del Plata” que para los locales es considerado un sitio sin especial atractivo, sin embargo el visitante puede observar en él lo tradicional veracruzano mezclado con cualidades cosmopolitas que se asocian a la cultura de los puertos mercantes.

Hay desde luego espacios turísticos para turistas o anfitriones que físicamente coinciden, sin embargo, la forma en que son comprendidos, recorridos, así como los significados que les son atribuidos por parte de cada uno de ellos, los hacen mucho más disímiles de lo que a simple vista pudiera parecer, en este sentido existen asimetrías en la forma en que se caracteriza el territorio turístico, sea desde la perspectiva de una o de otra de las partes. Es por ello que muchas veces, el beneficio que puede o no recibir una comunidad a partir de la presencia del turismo resulta poco tangible. Por ejemplo, existen diversos sitios rurales en el Estado de Quintana Roo que cuentan con gran riqueza en lo que se refiere a biodiversidad, que se promueven como sitios para la práctica del ecoturismo y que reciben visitas de grupos de turistas constantemente y que son llevados a recorridos por agencias de viajes establecidas en las áreas urbanas de Cancún y la Riviera Maya. En estos casos los anfitriones no residen en los sitios naturales y son de hecho parte de los grupos de turistas visitantes, sin embargo ven en los sitios naturales un modo de vida, a diferencia de los visitantes turistas que ven en ellos un sitio de esparcimiento.

El turismo se construye en la interacción entre turista y anfitrión, por lo tanto, desde la perspectiva que se ha venido desarrollando aquí, el turismo se efectúa para el turista durante su tiempo de descanso y para el anfitrión en su tiempo de trabajo. Esta distinción de los tiempos, tiene origen en el concepto occidental de que el tiempo de trabajo es el que estructura la vida cotidiana de los pueblos y sus individuos. En el tiempo de descanso, relativamente marginal aunque creciente en los últimos dos siglos, es en el que se origina el rol de turista. Producto de la interacción de ambos roles aparece el turismo como el encuentro de tiempos de descanso-trabajo. Para un empleado hotelero el tiempo del turismo en realidad es un tiempo de trabajo en tanto que para el huésped del hotel, este mismo tiempo es obviamente un tiempo de descanso. Analíticamente, el tiempo del turismo como construcción social, se puede esquematizar en tres momentos: el de prefiguración, el de la interacción cara a cara y un tercer momento que aquí se denominará de estructuración.

El primero de los momentos, el de la prefiguración, tiene una orientación hacia la internalización de la realidad, hacia lo subjetivo. Tiene que ver con los momentos en los cuales no hay presencia física de la entidad alterna, esto es cuando el turista no se encuentra frente al anfitrión y viceversa. Por ejemplo, cuando el empleado hotelero se encuentra preparando materiales o equipos o manteniendo en punto las instalaciones para ser usadas por los turistas. O también cuando el turista está en proceso de planeación de su futuro viaje o cuando se encuentra alojado en el hotel pero no está en contacto con ningún anfitrión.

Cuando el turista no está presente frente al anfitrión, éste último construye su realidad cotidiana con la perspectiva de que en el futuro se encontrará con el turista. Las actividades que realiza el anfitrión, que le confieren una identidad como tal, provienen de un acervo social de conocimiento que es compartido por otros anfitriones y que es asumido por cada individuo desde su historia personal, pero también desde la historia de su comunidad de vida. En el sitio de trabajo, son los compañeros, los colegas, los próximos significativos quienes muestran e indican las formas “correctas” de atender a los turistas, los aspectos que “son buenos” para los turistas y aquello que se debe preparar o tener a punto para atraerlos, atenderlos y obtener algo de ellos. Es claro que este momento se da en las comunidades anfitrionas de manera cotidiana, es parte de la vida de quienes dedican su actividad a la atención, organización y evaluación del turismo en los sitios de destino. Es un momento que sin embargo aunque se origina en una dimensión social, sólo se establece y se formula en la subjetividad individual. La naturaleza de este momento implica la ausencia del turista en el presente pero anuncia su inminente presencia en el futuro, sea que este futuro posible se realice o no. Por ejemplo en Veracruz la ciudad se acondiciona para recibir el festival del carnaval cada año, se colocan graderías y baños públicos portátiles, conexiones provisionales a la red eléctrica, las empresas contratan personal extraordinario, etc, con la expectativa de que en el futuro se presenten visitantes para convivir en el carnaval, aún cuando se sepa de antemano que éste puede verse afectado aún por las condiciones climáticas o incluso por una baja en la afluencia de turistas atribuible a factores externos o ajenos a ellos.

En el caso del turista, también se da este momento de prefiguración del turismo, este momento no exige la presencia física del anfitrión, de hecho ni siquiera exige la realización de un viaje. El solo hecho de que el individuo tenga la previsión de realizarlo y por tanto, de establecer interacciones con anfitriones, es lo que caracteriza a este momento. Las interacciones previstas, son más o menos estereotipadas, tipificadas a partir del acervo social de conocimiento con que cuenta respecto a determinado sitio de destino turístico. El futuro turista prevé de manera distinta su rol como turista cuando viajará por ejemplo a un destino de playa que cuando viajará por ejemplo a las montañas; qué actividad pretende realizar y la satisfacción que busca en cada caso será completamente distinta. Lo común o coincidente en todo ello, es la naturaleza de la previsión, que se hace con base en lo que otros significativos, los turistas, le han compartido directa o indirectamente; en este sentido tiene un referente social e histórico tanto en el nivel individual como en el comunitario, sin embargo sólo se formula en la subjetividad del turista. Es un momento orientado hacia el futuro, pues es un momento que anticipa, que prevé, que adelanta. En este momento el futuro turista comienza a construirse como tal, aún cuando lo haga en un sentido negativo, es decir, planteándose a sí mismo como no-turista o como futuro-turista. Es el caso por ejemplo cuando nos imaginamos la estancia en nuestro futuro viaje, cuando lo planificamos, incluso cuando lo compramos en una agencia de viajes.

El segundo momento es el que en la práctica da origen al turismo, de hecho es el punto de origen de la realidad socialmente construida: la interacción cara a cara entre individuos. En el turismo es el momento en que los roles dejan de ser subjetivos y son asumidos en la acción individual y social. Es el momento culminante del turismo, pues aunque fugaz, es el momento en que se presenta con carácter objetivo en el mundo de la vida de cada individuo participante y su evidencia se da en el tiempo presente. Desde luego, las interacciones son múltiples y cada una de ellas persigue un fin distinto, por lo que cada individuo acude a un cúmulo de tipificaciones que se hacen evidentes en el uso de símbolos, lenguaje, actitudes y acciones que son tomados desde el acervo con que cuenta cada uno. Por ejemplo, funciona en el momento en que el turista anuncia al recepcionista en un hotel que tiene una reservación. Este anuncio lo hace como una demanda típica de un turista también típico, es decir en el rol tipificado de turista y el recepcionista la resuelve asumiendo el rol típico del anfitrión, es decir, el rol tipificado de anfitrión. Este momento es por lo tanto pre-estructurado, sin embargo, es a su vez estructurante, puesto que con cada interacción, los individuos aportan elementos novedosos, que no necesariamente provienen ni del acervo social, ni de la historia individual, probablemente ni siquiera del momento de prefiguración del turismo y que tienen que ver con el nivel de la conciencia individual y con el contexto en el que sucede la interacción. Un ejemplo hipotético de esto sucedería si el turista en el momento de ver a la recepcionista decidiera que debe decirle que se ha enamorado de ella, en lugar de anunciar que cuenta con una reservación. De hecho esto sucede más frecuentemente de lo que pudiera parecer y tiene que ver con la liberación de los roles cotidianos expresado de una manera singular. Este momento de interacción es sumamente singular puesto que implica la interacción de ambos roles, anfitrión y turista, es en realidad cuando existe de manera tangible el turismo en un sentido fenomenológico, es el momento en que el turismo se hace objetivo, es una realidad tangible y evidente, de allí su importancia central en esta propuesta teórica. Es durante ese fugaz momento que el turista es turista y el anfitrión es anfitrión en todo el sentido en que se identifica socialmente a tales roles. Aún así, es justo el momento en que se reconstruye la realidad social y por lo tanto permite la posibilidad de crear una realidad distinta en cada interacción.

El tercer momento del turismo, es el momento de la estructuración, es un momento que tiende a hacerse permanente, es el tiempo en que tanto turistas como anfitriones dejan de tener un significado individual, personal y se transforman en actores típicos, que con sus actividades construyen entidades sociales, que se vuelven relativamente permanentes a través del tiempo, a través de las constantes interacciones. Las manifestaciones físicas de este momento son las más evidentes, pues pueden ocupar claramente un lugar en el territorio, en los sitios de destino turístico. Son las que en otro campo de conocimiento se han llamado “huella ecológica” de la actividad humana. Tanto por las manifestaciones físicas como por la estructuración de significados e identidades sociales, este momento tiende hacia la objetivación, hacia lo externo del sujeto. Este es el momento que queda registrado en la historia, en la identidad de la colectividad, en el carácter de los pueblos, tanto de quienes viajan (Hiernaux, 2000) como de quienes reciben a los viajeros. Es un momento que se acumula hacia el tiempo pasado. En este tiempo se encuentra la historia del turismo por ejemplo, pero también la historia de los viajes y las historias de viaje.

En esa proyección hacia el pasado, se puede indagar directamente sobre las manifestaciones del turismo en los sitios de destino turístico, pues en ellos se pueden recuperar algunas de las características de la relación turista – anfitrión en cada época. Asimismo, es factible investigar a través de la historia oral, la aparición y conformación institucional –en su concepción sociológica- del turismo y de los viajes tanto en sitios de destino turístico como en sitios emisores de viajeros turísticos.

En toda la historia del turismo, la evidencia de la actividad se ha concentrado en los sitios de destino turístico y se ha desarrollado en los tres tiempos aquí señalados, de manera secuencial y acumulativa; sin embargo, en el siglo XXI esto parecería estarse transformando, como resultado de las nuevas tecnologías de información y comunicación, esto es, se están gestando las condiciones para que la realidad turística como hoy se observa sufra transformaciones críticas, esto se analizará más adelante.

2. La interacción turística

El centro de construcción de la realidad turística es la interacción turística, aquella en la que se vinculan personas que se presentan a sí mismas como anfitriones o como turistas; la interacción turística se da en el turismo moderno necesariamente en los sitios de destino turístico, por lo que exige que el turista haya realizado un viaje fuera de su lugar de residencia. Esto, sin embargo, no siempre fue así y probablemente no lo será por mucho tiempo, lo que destaca el carácter fugaz de la interacción misma, consecuencia de un viaje, que ha sido caracterizado convencionalmente como la condición necesaria para reconocer al turismo. A pesar de su fugacidad, la interacción existe y deja a su paso una serie de consecuencias tanto de índole material como inmaterial. Tales consecuencias no son en sí mismas parte de la interacción turística, sin embargo dado que su existencia se presenta gracias a la existencia real de tal interacción, ha sido comúnmente aceptado que se estudie y analice a tales consecuencias como parte de un “sistema turístico”, mismo que sin embargo en esencia no sería un elemento fundamental del fenómeno turístico como realidad social. Estos sistemas en el turismo juegan un papel importante como parte de la organización social para legitimar ciertas relaciones y roles tipificados, como se analizará más adelante.

La interacción turística es el elemento en el que se fundamenta y del cual depende el fenómeno turístico en la sociedad, la presentación “cara a cara” de las personas que asumen el rol de turista frente a las personas que asumen el rol de anfitriones, construye a la vez que es construida por, la realidad social del turismo. En una relación hipotética entre un recepcionista en un hotel y un huésped solicitando atención, en el momento en que interactúan cara a cara construyen, al renovarla, la realidad turística, pero a su vez al actuar cada uno en un rol, uno de ellos como recepcionista atendiendo al turista y el otro como turista siendo atendido por el recepcionista lo hacen conforme a las tipificaciones que socialmente han aprendido o experimentado anteriormente, es decir desde una realidad turística previamente construida. De manera simultánea se presentan la construcción –al renovar la realidad social- y la prefiguración, durante la interacción turística, de allí su centralidad en este análisis.

Las personas pueden presentarse como turistas o como anfitriones debido a que existen en la sociedad de manera tipificada los roles de turista y de anfitrión, al momento en que se presentan ante el Otro, asumen las características, también tipificadas, de tal rol y lo asumen, también de manera tipificada. Esta posibilidad de asumir el rol es lo que permite que suceda la interacción, de modo que las personas se introducen en una realidad previamente construida a la cual se asumen o adaptan. En el mismo ejemplo hipotético, el recepcionista hace lo que generalmente hacen los recepcionistas en los hoteles al atender a los huéspedes y el huésped actúa conforme a lo que supone o sabe que hacen generalmente los huéspedes al ser atendidos por los recepcionistas en los hoteles.

Sin embargo, existe la posibilidad y de hecho así sucede, de que las personas deliberadamente decidan no asumir los roles de la manera en que los reconocen socialmente y se permitan modificarlos, redirigirlos o incluso asumir otros roles previamente construidos y tipificados. En el ejemplo del recepcionista y el huésped, si de pronto uno de ellos decidiera dejar de asumir el rol que socialmente le corresponde y actuara de manera distinta, si lo hiciera de manera radical por ejemplo si el recepcionista se negara a atender al huésped, muy probablemente sería coaccionado por Otros para “corregir” su actitud, lo mismo si el huésped se negara a ser atendido por el recepcionista. Sin embargo, si la modificación se hace de manera más sutil, por ejemplo si el recepcionista decidiera comportarse de manera más jovial o personal que de la manera en que generalmente se comportan los recepcionistas, tal vez comience a construir una realidad turística distinta. El que las personas asuman o no el rol de turista o anfitrión y por la forma en que lo asuman se muestra implícito el hecho de que realizan acciones deliberadas, tanto en uno como en otro caso contribuyen a que el rol se mantenga a través del tiempo y por lo tanto tienen a su alcance un poder estructurador del turismo. Es en este sentido que en la interacción se construye subjetivamente, o mejor intersubjetivamente, la realidad social del turismo. Ver figura 1.

Figura 6. Construcción social del turismo

Fuente: Elaboración propia.

El turismo surge de las interacciones tipificadas entre individuos que prefiguran, desempeñan, prevén o suponen los roles de turista y anfitrión. Desde esta perspectiva, el turismo es una construcción social, cuyo carácter histórico está ligado a la forma en que la sociedad da sentido a ambos roles y a la interacción entre ellos, por lo tanto adquiere significados distintos en función del contexto histórico temporal y espacio territorial en el que se ubique. Puesto que en esta perspectiva el turismo depende de la construcción social de los roles de turista y anfitrión, se deduce entonces que se trata de un producto de la sociedad, por lo tanto, debería decirse con mayor propiedad, que los “turismos” dependen de las diversas construcciones sociales de los roles de turista y anfitrión en diversas comunidades y se reconstruyen, se recrean, se reproducen con cada momento de interacción. La interacción entre individuos nunca se presenta exactamente igual, ni siquiera entre los mismos individuos, aún cuando intentaran asumir sus roles lo más apegados al tipo ideal posible, se presenta alguna condición particular que la hace distinta, que hace que además del rol típico, los individuos asuman otros roles socialmente tipificados aunque no correspondan a los roles típicos de la interacción turística típica. Por ejemplo: Un huésped que interactúa constantemente con un recepcionista en un hotel, como sucede durante una estancia larga, de varios días o de un par de semanas, en su trato con el recepcionista muy probablemente vaya alejándose del rol típico de huésped siendo atendido por un recepcionista y asuma un rol de mayor “familiaridad” con él. Esta situación desde luego que puede propiciar que Otros rechacen la nueva forma de interacción e incluso coaccionen a los individuos para que “retomen” el rol típico. Sin embargo si la forma renovada de interacción se mantiene, toma a su vez la posición de interacción típica, como sucede en los sitios de alojamiento de largos períodos, por ejemplo en los cruceros. La tripulación de un crucero sabe que a medida que pasa el tiempo que dura un viaje en particular, la naturaleza de las interacciones con los pasajeros va cambiando pero en ningún momento deja de ser típicamente turística. Tanto la interacción típica entre los roles asumidos por la tripulación de un crucero como por los asumidos por recepcionistas de hotel en su atención a los turistas son consideradas interacciones típicamente turísticas, aún cuando ambas sean tan distintas y aunque cambien en el tiempo.

Por otra parte, el momento de la interacción tiene un papel fundamental en la dimensión individual, así como lo es en el ámbito de lo social: el individuo se construye a sí mismo en la interacción. Sobre este punto, hay que destacar que cada persona tiene un concepto de sí mismo, el “Self” de los interaccionistas, en el que vincula la conciencia de sí mismo, el “yo” con lo que ha aprendido y conocido a lo largo de su vida en repetidas interacciones previas con otros, el “mi”. Así, al menos en una parte el individuo se construye a partir de sus interacciones, lo que en el turismo significa que el turista y el anfitrión se reconocen como tales y aprenden a actuar como tales a través de las múltiples interacciones con otras personas que le aportan experiencia sobre la forma de actuar del turista y del anfitrión. En este sentido se habla cada vez más comúnmente de los viajeros “experimentados” y del “turista maduro”, queriendo dar a entender que se trata de personas que tienen diversas experiencias de viaje y por lo tanto “esperan un servicio esmerado y experiencias nuevas” en otras palabras, el viajero con más experiencia de viaje reconoce más fácilmente los roles típicos que espera que asuman los anfitriones y otros turistas pero a la vez, tal vez paradójicamente, espera vivir situaciones cualitativamente distintas en cada viaje. Por su parte, los anfitriones con mayor experiencia se ocupan de transmitir a los más nuevos, la “forma correcta” de tratar con los turistas, que no es otra cosa sino el rol socialmente tipificado del anfitrión en su atención hacia el turista. En este último ejemplo se ve claramente que los roles se enseñan y se aprenden, incluso de manera institucionalizada, como se analizará más adelante en este capítulo.

En el caso del turista, los Otros frente a quienes se construyen los individuos, pueden ser turistas también, que le brindan no sólo un marco de referencia, sino en muchas ocasiones le brindan modelos a seguir, se constituyen en Otros significativos. Sin embargo la figura paradigmática frente a quien se construye el turista como tal es el anfitrión, quien funge como el espejo frente al que se mira el turista. Los anfitriones son quienes le permiten, al alejarse de ellos (“Yo no soy anfitrión”) identificarse a sí mismo como elemento de un conjunto de personas que asumen roles tipificados (“Nosotros somos turistas”). Para el caso del anfitrión, lo anterior también es válido. Esto es, que los anfitriones se alejan del turista para identificarse a sí mismos como integrantes de un conjunto de personas que asumen roles tipificados (“No somos turistas, somos recepcionistas, camareros, tripulación de crucero, etc”).

La persona, para entrar a la interacción, hace acopio de sus conocimientos y recursos, que le hacen “competente” para desempeñar el rol de acuerdo o en desacuerdo con lo que la sociedad establece y en ambos casos contribuye a la construcción, como reproducción o como producción de la realidad social del turismo. Para desempeñar el rol de turista, el nivel de competencia en el mundo moderno, prácticamente se adquiere gracias a la capacidad económica para realizar viajes, aunque éste no es el único recurso necesario. Un turista experimentado no es sólo una persona que viaja mucho, como por ejemplo quien viaja constantemente como parte de su actividad laboral, sino una persona que ha vivido o experimentado una serie de situaciones de interacción con diversos anfitriones. Sin embargo, quienes “evalúan” su nivel de competencia son otros turistas experimentados, cuando conversan acerca de sus experiencias de viaje. Para desempeñar el rol de anfitrión por su parte, en el turismo moderno se requiere a la persona que viva un proceso institucionalizado de formación, y esta capacitación queda asumida como elemento característico del rol, socialmente legitimado a través de sistemas educativos conformados para ello y por ende previamente estructurados para la persona. Sin embargo, y a pesar de ello, el anfitrión también puede deliberadamente asumir un rol distinto o introducir características novedosas a su acción, con lo que construye también la realidad social del turismo, ya sea como reproducción o como producción. Por ejemplo, un cocinero puede decidir modificar los menús que o el orden de servicio de los platos, un mesero puede optar por ser descortés o un botones puede elegir dar indicaciones imperativas a los huéspedes al llegar a la habitación.

En suma, es a través de la interacción turística como las personas construyen la realidad social del turismo y a la vez se construyen a sí mismas como ejecutantes de determinado rol socialmente tipificado. Las tipificaciones en el turismo se van estableciendo, sedimentando a través del tiempo, en lo que constituye un acervo social de conocimiento turístico que provee el andamiaje que funge como estructura social del turismo, construida para futuras interacciones.

3. Interacción y estructura: lenguaje, prácticas y conocimiento turísticos

La interacción turística tiene la capacidad de “objetivarse” mediante productos de la actividad humana, que se establecen más allá del momento de interacción, esto es que a través de productos se manifiesta la interacción aún cuando haya sucedido en otro momento. Algunos de estos productos son la significación (el uso de signos visuales para el turismo o el lenguaje del turismo), las prácticas que realizan los anfitriones y los turistas fuera del momento de la interacción y los acervos sociales de conocimientos de los cuales dispone cada uno de los participantes en la interacción turística. Estos productos resultan tangibles y observables en los sitios de destino turístico, aún en temporadas o momentos en los cuales no están presentes los turistas, por ejemplo la señalización destinada al turismo, la presencia de anuncios en idiomas distintos al propio de la zona, las actividades de formación o educación para el turismo, la presencia en el lenguaje cotidiano del “argot” del turismo, entre otros posibles ejemplos.

Estos productos que de alguna manera indican o evidencian la interacción como realidad social objetiva son los que también favorecen la estructuración. A la vez que señalan la posibilidad o la existencia de interacciones turísticas en el nivel individual, apuntan también hacia la existencia de estructuras sociales que sostienen al turismo más allá de los momentos de interacción. Por ejemplo, la existencia de señales que indican la presencia de atractivos turísticos como museos, artesanía, playas, entre otros en los sitios de destino turístico, apuntan a la presencia de posibles interacciones turísticas en el lugar pero a la vez a la existencia de una estructura organizacional que sostiene tanto la posibilidad de la interacción como la presencia de los productos de la interacción. El uso que las personas hagan de estos productos permite que las estructuras se mantengan o se fracturen y se transformen. Las personas se organizan para sostener, mantener, legitimar, comunicar estas estructuras en instituciones que operan en forma de sistemas sociales, lo que se analizará en detalle más adelante en este mismo capítulo.

La significación en el turismo tiene una relevancia particular, pues es común, sobre todo en el caso del turismo internacional, que los participantes en la interacción turística no hablen el mismo idioma, por lo que requieren acudir a recursos de lenguaje y símbolos visuales o auditivos que les permitan comunicarse. Muestra de ello es la señalización en diversos idiomas en aeropuertos, puertos y estaciones de ferrocarril. En toda interacción es requisito el que los participantes sean competentes para comunicarse, en el caso de la interacción turística esto no es distinto, por lo que a través del mundo pueden observarse los múltiples símbolos visuales y auditivos que se utilizan para identificar diversos servicios, actividades y normas de la práctica turística y que se busca que sean comprendidos tanto por turistas como por anfitriones. Del mismo modo, en los sitios de destino turístico es cada vez más común que se solicite a los anfitriones que dominen además de su lengua nativa, una que sea comprendida por los turistas que generalmente acuden al sitio, entonces el inglés, el francés, el alemán y cada vez más el japonés y el chino mandarín se convierten en la segunda o hasta tercera lengua de los anfitriones. Por ejemplo, en Cancún y en la Riviera Maya, es más importante que las personas que desean laborar en la hotelería dominen otros idiomas además del español que cualquier otra capacidad o competencia. Desde luego que el dominio de la lengua que se requiere a los anfitriones no es amplio, sino centrado en los conocimientos del “idioma técnico del turismo” que les permita sostener interacciones coherentes con los turistas, durante la interacción turística socialmente tipificada. A su vez, al turista se le insta, particularmente a aquel que no desea aislarse y establecer o al menos abrir la posibilidad de establecer interacciones con los anfitriones, que domine un nivel mínimo de expresiones en el idioma “para viajeros”. Evidencia de esto puede verse en la gran cantidad de diccionarios y otras publicaciones con “expresiones coloquiales útiles para los viajes” en los idiomas de los sitios turísticos.

Además de las expresiones que permiten la comunicación en la interacción, el lenguaje mismo se va transformando de modo que se construye un sistema simbólico separado de la interacción turística misma pero a la vez constituyente esencial de la misma. Este sistema simbólico se refiere a significados de las interacciones turísticas que las circunscriben pero también les dan un sentido. Por ejemplo, una gran cantidad de expresiones técnicas que provienen de la hotelería norteamericana se van instalando en el argot del turismo, siendo utilizadas incluso por los turistas, algunas de ellas: “check in – check out, VIP, bell boy, tip, entre otras muchas. Tales sistemas son autorreferentes puesto que el significado se refiere a algo que sucede dentro del propio sistema, esto es que todo símbolo semántico en el lenguaje requiere del uso de otros símbolos semánticos para adquirir significado, lo que de manera objetiva lo separa de la interacción cara a cara, lo establece como estructura en la sociedad. Esto quiere decir que si bien las expresiones utilizadas en el turismo pueden ser vistas como un sistema de comunicación, por sí mismas no suponen la interacción turística. Estos sistemas simbólicos posibilitan la acumulación de experiencias de repetidas interacciones turísticas tanto en el nivel biográfico como en el histórico, con lo que se va conformando un cúmulo, un acervo social de conocimiento sobre un campo semántico en particular, en este caso el del turismo. Muchas expresiones y usos del lenguaje verbal o no verbal se van haciendo cada vez más propias del turismo y de quienes en él participan, adquiriendo sentido únicamente dentro del propio turismo. Por ejemplo, la señal de apuntar con el pulgar y el puño cerrado hacia un lado, si se ejecuta al pie de una carretera, muy probablemente se puede interpretar como una petición de ayuda para viajar sin pagar, en tanto que esta misma señal realizada en otro sitio o en otro contexto podría no significar nada para quien lo observara.

Las prácticas turísticas, entendidas como las actividades realizadas por turistas y anfitriones fuera de la interacción, son a su vez objetivaciones de la interacción, sin embargo son también fugaces, temporales, pero que tienen la posibilidad, mediante el lenguaje, de formar parte del acervo social de conocimiento turístico. De esta manera las prácticas cotidianas de los anfitriones en tanto tales y de los turistas como tales, forman parte a través de su acumulación de la estructura social del turismo. La persona en el momento de realizar alguna actividad, la refiere al turismo gracias a la existencia de un acervo de conocimiento previo y al repetirla contribuye a la reproducción y producción del mismo, y por ende de la realidad social del turismo.

El conocimiento en el turismo es adquirido por las personas a través de su vida, de un acervo social de conocimientos del turismo que les permite actuar, comunicarse y presentarse ante la interacción turística de acuerdo con o en relación a lo que socialmente se supone que tendría que realizar. Por ejemplo, alguien que nace en un sitio de atractivo turístico como es el caso de Cancún, a través de su vida va asumiendo no sólo los conocimientos de lo que hacen turistas y anfitriones en el sitio, sino también la forma en que interactúan y las diversas situaciones que se presentan, o se pueden presentar en el transcurso de tal interacción. Por su parte, quien nace en un sitio principalmente de origen de turistas, es decir un sitio emisor como puede ser cualquiera de las grandes ciudades de hoy, por ejemplo la ciudad de México como sitio emisor de turistas, a lo largo de su vida, se va formando una idea de la forma en que actúan los turistas en general y de qué forma se comportan los turistas que residen en la ciudad de México, los sitios que prefieren visitar, las actividades que realizan antes, durante y después de sus viajes, incluso la forma en que interactúan con los anfitriones en poblaciones o sitios turísticos.

El acervo social de conocimientos no se encuentra repartido por igual en los distintos estratos de la sociedad, ni en las diversas sociedades, de hecho tanto su acumulación como su producción y reproducción se efectúan de manera desigual. Tanto para acceder a la posibilidad de actuar como turista como para la de actuar como anfitrión, las personas tienen que obtener un determinado conocimiento, mismo que posteriormente aplican de manera tácita o práctica; una vez realizado esto, tienen la capacidad de compartir ese conocimiento y la posibilidad de decidir hacerlo o no. De hecho, por lo general el acervo de conocimiento no se distribuye de manera igualitaria, esto es resultado de la misma forma en que se va conformando el propio acervo, de las tipificaciones socialmente aceptadas y de la decisión individual de compartir o no el acervo. En el caso de los anfitriones, las formas de actuar tipificadas, por ejemplo las que efectúa un mesero, son aprendidas a lo largo de la vida y de un entrenamiento especializado que es impartido o distribuido a individuos seleccionados para ello, dicho de otro modo, no a todas las personas se les comparte el conocimiento de lo que típicamente debe hacer un mesero. Para el caso de los turistas esto es un poco menos claro, pero también sucede, la persona aprende a ser cierto tipo de turista, en preferencia a otros tipos, de hecho la práctica de ciertos tipos de turismo requieren del practicante una serie de compromisos, aprendizajes y condiciones, por ejemplo el turismo de golf, el turismo náutico o el turismo de deportes de aventura, requieren a sus practicantes de cierta condición económica, de cierto nivel de aprendizaje y de la aceptación por parte de otros turistas “expertos”. De lo anterior, se desprende que socialmente van surgiendo instituciones que median, que controlan el flujo del acervo social de conocimiento turístico, como se analiza más adelante.

B. Realidad social objetiva del turismo: institucionalización y legitimación

1. Institucionalización en turismo: tipificaciones y orden social

La actividad humana en general tiende con su repetición a la habituación, es decir a convertirse en habitual, que puede repetirse sin esfuerzo aunque sin perder su significado. En el turismo, los viajes para los turistas y la atención al turista para el anfitrión suceden de forma habitual, este hecho propicia que se haga innecesario que en cada interacción se defina la situación por parte de cada uno de los participantes, lo que abre la posibilidad para la deliberación y la innovación. Cuando la acción habitualizada se tipifica de manera recíproca por los distintos tipos de actores, aparecen las instituciones. En el turismo, cuando los anfitriones y turistas reconocen recíprocamente que determinada actividad es típicamente realizada por cierto tipo de actor, entonces comienzan a surgir instituciones como las de servicio al turista, las de regulación del turismo, las de promoción, entre otras. Además, a partir de la interacción habitualizada de los propios turistas por su parte y de los anfitriones activos por la suya, también surgen instituciones del turismo.

Toda institución tiene una historia, es decir, no surge de inmediato en la interacción, y tiene que ver con el control de lo que determinada persona “debe” hacer en determinado momento. De hecho, en esto reside lo tipificado de las acciones y de los actores, de manera recíproca las personas tienen acceso al conocimiento de lo que “deben” hacer frente al otro en determinada circunstancia, lo que da pie al orden social en el turismo. Esto quiere decir que el hecho de que los anfitriones y los turistas reconozcan de manera recíproca que en la interacción entre ellos “deben” actuar de una manera y no de otra es lo que da pie a la posibilidad de la habitualización de las interacciones y por ende al surgimiento de un comportamiento institucionalizado, “ordenado”, vigilado simultáneamente por los anfitriones y turistas que en él participan. Por ejemplo, un mesero atendiendo a un comensal, se convierte en un acto habitualizado en la medida en que tanto meseros como comensales saben que “deben” actuar de una manera y no de otra. Si algún individuo en determinado momento decidiera dejar de hacer lo que “debe” hacer, es muy probable que Otros, ya sean otros comensales u otros meseros, lo llamen al “orden”. Esta es la base del orden social del turismo y que en términos reales trasciende barreras de lenguaje, fronteras y nacionalidades.

Para la persona común y corriente, las instituciones aparecen como algo “objetivo”, que estaban allí antes de sí mismo y que muy probablemente seguirán estando después de ella. En el turismo, a los anfitriones y turistas las instituciones les son propiamente presentadas de manera externa y coercitiva, sólo cuando aparece una segunda generación. Esto es, cuando tanto turistas como anfitriones encuentran a la institución como algo permanente y anterior a ellos mismos. Hipotéticamente, si dos personas se encontraran sin conocimiento previo de lo que debe hacer un mesero y de lo que debe hacer un comensal, pueden llegar a establecer los acuerdos suficientes entre ellos para actuar de tal manera, sin embargo toda su vida, tal actuación tendrá esta connotación de ser un acuerdo entre dos partes que se conocen e interactuaron cara a cara; es sólo cuando aparece en escena una segunda generación de meseros y comensales, que no acuerdan entre ellos la forma de interactuar sino que la aprenden de la primera generación. Para esta segunda generación la interacción aparece como algo “externo”. En la práctica del turismo, muchos roles tipificados y lo que “deben hacer” quienes asumen tales roles aparecen institucionalizados. Más aún, el propio fenómeno turístico aparece como una institución, que les es externo a todos los participantes, algo que objetivamente, al menos aparentemente, existía antes de todos los individuos que hoy interactuamos en la sociedad. Desde el punto de vista de la vida cotidiana, el turismo ya existe antes de nuestra capacidad racional de reconocerlo, lo aprendimos de otros y lo compartimos con otros, siempre partiendo de algo ya pre-existente.

De esta manera, el turismo aparece como una institución en la sociedad, que además ha sido abordado institucionalmente desde un segundo o tercer orden, al existir una preparación formal para trabajar en el turismo y para estudiar al turismo. Esto ha permitido que la institución se legitime no solo en la dimensión del conocimiento de la vida cotidiana, sino en el del conocimiento científico. Esta condición, permite que el turismo como tal adquiera un carácter similar al que otras actividades humanas en sociedad, que le confieren una apariencia de permanencia, de ser inamovible para cualquier individuo en particular.

No toda tipificación conduce al surgimiento de instituciones, sólo aquellas que sedimentan de manera intersubjetiva, esto es que además de tener un significado compartido por un grupo de individuos y de ser objetivada en un sistema de signos, tienen la característica de ser compartidas únicamente de forma sistemática en un proceso de “educación” de manera controlada por expertos, conocedores exclusivos del significado de las acciones. En el turismo esto es así, pues se crean organismos y asociaciones que fungen como instituciones que cuentan con expertos, quienes se encargan de controlar y compartir a individuos seleccionados los conocimientos institucionalizados: los diversos roles que asume el personal en las empresas anfitrionas, pero también los roles que asumen los viajeros como “tipos de turismo”: turismo de convenciones, turismo náutico, turismo de golf, turismo de aventura, ecoturismo, entre otros muchos tipos de turismo.

El orden social surge con el conocimiento de los deberes propios y de los del otro, tanto en el nivel personal como en el institucional, por ello es que la aclaración de sus características es fundamental en esta propuesta teórica.

2. Los roles en el turismo

El actor social en el momento de la interacción se identifica con las tipificaciones de comportamiento objetivadas socialmente, pero vuelve a ponerse a distancia de ellas cuando reflexiona posteriormente sobre su comportamiento. Esta distancia entre el actor y su acción puede quedar en la memoria y proyectarse a futuras interacciones, así el actor y su acción se aprehenden no como individuos sino como tipos, un mesero que aprende a ser mesero tiene a través de la reflexión la posibilidad de comprender que no está aprendiendo a ser “José” su instructor. Cuando la tipificación aparece en el contexto de un cúmulo de conocimiento objetivizado, compartido por un grupo de actores, se puede hablar de “roles”. Cuando desempeñan roles, los individuos comparten el mundo social, cuando lo “internalizan” el mundo cobra vida para ellos subjetivamente. Para el aprendiz de mesero, el mundo de los meseros se hace real subjetivamente con la internalización del rol, en tanto que al desempeñarlo, comparte ese mundo social con otros meseros, sus instructores, los comensales y otros muchos roles tipificados.

El turismo como hoy lo conocemos es un fenómeno social, que se identifica con el desempeño de dos roles fundamentales, el de anfitrión y el de turista. Ambos roles son construcciones sociales, en el sentido de que incluyen actividades, actitudes, prácticas, significados, representaciones, códigos y pautas de conducta que los identifican y que son idealmente compartidos por muy diversos individuos a lo largo de diversas comunidades. En este sentido los roles “existen” independientemente del individuo que los desempeñe, se han tipificado. Los roles son tipificaciones de lo que son los individuos, a la vez que una distinción de aquello que no son. Una persona que desempeña el rol de turista no es a la vez su anfitrión, del mismo modo que una persona que desempeña el rol de anfitrión no es a la vez turista, aunque en ambos casos el desempeño del rol depende de la existencia del alterno y de que alguna persona lo desempeñe en una situación de interacción concreta. Esto es, que un mesero puede ser mesero únicamente en tanto atiende a un comensal, de otro modo, podría estar asumiendo otro rol, incluso el de comensal, si fuera atendido por otro mesero.

A pesar de lo anterior, es muy difícil en el mundo actual que existan personas que nunca en su vida hayan visto a un turista, y son cada vez menos los que nunca lo han sido, al menos por instantes durante algún viaje. Es así que el turismo hoy puede ser considerado como un fenómeno mundial y a la vez como un fenómeno inmerso en la normalidad, en lo cotidiano. En este sentido el rol de turista es cada vez más compartido globalmente y cada vez más asumido por los individuos en algún momento de su vida. De este hecho se desprende una realidad inobjetable: el rol de turista es un concepto compartido por diversas sociedades, sin embargo sólo se cristaliza en el momento en que los individuos lo asumen y es reconocido por su otro correspondiente, el anfitrión. De este modo, la comunidad de sentido de los turistas tendría una manifestación territorial tendiente a lo global, al mundo entero, al menos al mundo occidental. En tanto que la comunidad de vida, en la que se establecen realmente las relaciones turista-anfitrión es en la comunidad de vida del anfitrión, en los sitios que se denominan destinos turísticos. Como ya se ha dicho, prácticamente cualquier sitio en el planeta entero es susceptible de convertirse en destino turístico, por lo que las comunidades de vida de los anfitriones se transforman en sitios de destino turístico a partir de la presencia de turistas, de forasteros que asumen el rol de turista. Por ello los sitios que reciben grandes cantidades de turistas, en relación con su número de habitantes, son considerados turísticos, como Cancún, Acapulco, Veracruz, La Riviera Maya, Ixtapa, Los Cabos, entre otros sitios en México. Por su parte, las grandes ciudades son consideradas sitios emisores de turistas principalmente, por ejemplo la Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, aunque todas ellas cuentan con “zonas turísticas” al interior de sí mismas.

El rol de turista sólo se puede asumir en el nivel individual a partir de la interacción con algún anfitrión, sea algún individuo, grupo de personas, organismo o empresa, incluso con la simple presencia del turista en un espacio que se reconoce como propio de Otros. En general, el rol de turista es una tipificación de las acciones que lleva a cabo un individuo de frente al anfitrión.

Por su parte, el rol de anfitrión sólo se puede asumir individualmente en el momento de la interacción del anfitrión con el turista, sea éste un individuo, grupo de individuos, organización, incluso la previsión de la futura o posible presencia de individuos que provienen de comunidades distintas a la propia. En general, el rol de anfitrión es una tipificación de las acciones que lleva a cabo un individuo frente al turista. En consecuencia, el turismo no es otra cosa sino la construcción social de la relación entre ambos roles. Es también, como lo son cada uno de los roles por separado, una construcción social, un conjunto de interacciones tipificadas entre dos actores sociales también tipificados.

Esto implica que las actividades del anfitrión en su rol de anfitrión, pueden incluir algunas que no suponen que se encuentre en presencia del turista, pero que son realizadas con tal previsión, posibilidad o intención. Del mismo modo, las actividades del turista en su rol de turista, incluyen aquellas que presuponen, presumen, implican o prevén la presencia del anfitrión, ya sea en tiempo precedente o simultáneo a la visita turística. En un sentido amplio, el turismo se da en el momento en que se presente cualquiera de los dos actores centrales, puesto que ambos existen únicamente como tales, desde el punto de vista social, uno en función del otro. Esto quiere decir a su vez que el surgimiento del turismo va ligado a la elaboración social de los roles de turista y anfitrión. Esto puede visualizarse claramente con un ejemplo: Cancún existe como es hoy gracias a que espera la llegada de turistas, independientemente de que en determinado momento los anfitriones no estén realizando acciones frente a turistas, como sucede en las temporadas bajas. En Cancún el turismo existe socialmente dado que en él se reconstruyen constantemente los roles de turista y de anfitrión, aún sin la presencia de alguno de ellos.

Ambos roles tienen la peculiaridad de que se han construido socialmente en comunidades diversas pero interconectadas principalmente gracias a los viajes que realizan los turista, por supuesto, compartidos hoy de manera global gracias al uso de las tecnologías de información y comunicación y de la existencia de las redes económicas mundiales. Los conceptos se han construido simultáneamente tanto en las comunidades de origen como en las de destino de los turistas. Este peculiar carácter trans-comunitario en el reconocimiento del origen de los actores que intervienen en la interacción, se da sólo en otro caso en la sociedad, el de las migraciones, fenómeno ampliamente estudiado por los sociólogos.

En el rol de anfitrión, se incluye a distintos actores sociales (González Damián, 2005); en primera instancia a quienes desempeñan el rol de manera activa, con el conocimiento de que su rol como anfitrión se desempeña en la interacción turística: los empresarios del turismo y de actividades económicas vinculadas a él, como son los hoteleros, los restauranteros, los agentes de viajes, los operadores de servicios y atracciones turísticas, parques temáticos, museos; los empleados de toda la industria turística y de sectores vinculados directa o indirectamente a ella; las dependencias e instancias de gobierno que fomentan y regulan la actividad; las instituciones educativas, los organismos de investigación, las organizaciones ciudadanas y los organismos internacionales que se ocupan de su análisis y fomento. Todos ellos constituyen su fragmento de realidad a partir de su rol como anfitrión, en este sentido son anfitriones activos en la relación turística.

Por su parte, están también los anfitriones pasivos, quienes propiamente no desempeñan un rol que les identifique como tales, sin embargo son quienes se constituyen como el espejo, el Otro frente al que se identifica el turista. Se trata de los habitantes del sitio de destino turístico, a quienes en última instancia visitan los turistas y quienes de manera conciente o tácita permiten la visita de éstos últimos y comparten sus recursos con ellos. Podría argumentarse sin embargo que estas personas dado que no se construyen a sí mismos como anfitriones, puesto que no interactúan directa o concientemente con los turistas no tendrían que recibir esta denominación. Sin embargo, puesto que se constituyen como el Otro frente al que el turista se hace distinto y de hecho en la práctica los residentes de una comunidad de manera automática se identifican como distintos a los turistas o “fuereños” y por tanto distintos a ellos. En este sentido, la relevancia de este grupo de personas es fundamental en la construcción del rol de turista, por ello es que se ha optado por denominarles anfitriones pasivos, con lo cual se les incluye en el rol de anfitrión.

En el rol de turista, se incorporan todos los viajeros que abandonan temporalmente su sitio de residencia habitual y se trasladan a otro, en el que propiamente desempeñan este rol. El ser turista, podría parecer un modo menor de ser, esto es, un rol social con el que apenas es necesario identificarse, sin embargo Hiernaux (2000) hace un análisis detallado de lo que aporta el tiempo dedicado al turismo en la vida cotidiana a la construcción social de la realidad, en él observa que “en una creciente valorización del tiempo del ocio, las sociedades actuales han aprendido que se puede enfrentar la lógica del trabajo, y generar espacios de mayor autonomía”, con lo que destaca que la relevancia fundamental, constitutiva del turismo y particularmente del rol de turista va mucho más allá de la simple “puesta en escena” de un papel con el que nadie encuentra identificación alguna. De hecho si se pregunta a los viajeros fuera de su lugar de residencia si se identifican a sí mismos como turistas, pocos lo harán puesto que suponen que el ser “turista” hace referencia a individuos que aceptan una oferta estandarizada y poco auténtica de servicios destinada a usuarios “poco exigentes”. Sin embargo, esta es una generalización hacia cierto tipo de turista.

En un análisis detallado del rol de turista, se observa que se desempeña en distintas formas típicas, dependiendo de las actividades realizadas y la forma en que se establecen las relaciones con el mundo de vida de los anfitriones. Una clasificación que presenta la diversidad de posibilidades en estas relaciones, es la de Smith (1992) quien habla de turistas integrados y no integrados o aislados, dependiendo del grado en que se relacionan con los anfitriones y la cultura local. En un extremo se encuentran los totalmente integrados-aventureros, mochileros- y en el otro extremo se encuentran los turistas que aunque visitan un destino turístico, lo hacen en una suerte de “burbuja protectora”, aislada de las normas, costumbres y cultura local, en apartados servicios creados exclusivamente para ellos, que operan de la forma en que acostumbran en su sitio de residencia.

3. Legitimación en el turismo: instituciones y normas

En el mundo moderno, los viajes están cada vez más incorporados a la vida cotidiana del hombre, en los que participan prácticamente todos los pueblos del orbe, como lo permiten ver los datos del turismo mundial: 700 millones de turistas internacionales en el año 2002 y que de acuerdo con análisis de la organización mundial del turismo (OMT, 2004) representan apenas el 20% de los viajes reales puesto que el 80% se realizan sin cruzar fronteras nacionales. Esto es equivalente a afirmar que durante el año 2002, la mitad de la población mundial realizó al menos un viaje a algún destino tipo turístico. En este sentido, cabe esperar que existan prácticas habitualizadas, roles tipificados y de hecho instituciones que sostienen el orden social del turismo en prácticamente todo el mundo.

En los sitios de destino turístico se asienta la industria que atiende a las necesidades y ofrece satisfactores a los turistas, desde los aspectos básicos como hospedaje y alimentación especialmente preparados pensando en los visitantes forasteros hasta aquellos servicios y bienes que si bien se elaboran y proveen orientados a la población local, complementan la oferta turística. En términos económicos, la oferta turística se integra por todos los servicios directamente orientados al turista como hoteles, restaurantes, transporte turístico, agentes y guías de turismo y aquellos bienes y servicios que satisfacen necesidades que se les presentan ya establecidos en el punto de destino: servicios bancarios, de correos, gasolineras entre otros muchos. La comunidad que recibe al turismo tiene pues una relevancia fundamental pues es la propietaria de los recursos del destino turístico, a los cuales el turista únicamente visita.

Los habitantes de los sitios de destino turístico son pues quienes organizan y promueven el turismo a través de sus gobiernos e instituciones y organismos supranacionales o no gubernamentales, son quienes proveen la oferta que satisface la necesidad del turista y quienes posibilitan que el turismo exista como tal. Son quienes reciben en su caso los beneficios o perjuicios de la actividad y son también quienes voluntaria o involuntariamente le dan forma al estilo de turismo y de turista que acude a los destinos, sin embargo las instituciones en el turismo se han formado y se encuentran cada vez más establecidas originadas desde las interacciones en los sitios de destino pero establecidas para favorecer a grupos de individuos que no se encuentran en ellos. En el turismo moderno, las instituciones interesadas en promoverlo y mantenerlo, son las que operan en el ámbito de los sistemas sociales conformados a partir de la racionalidad instrumental, que buscan el beneficio económico y que por tanto se han desarrollado de una manera asimétrica, puesto que la acumulación de conocimiento tiende a concentrarse en pocas personas y grupos. Las instituciones en el turismo, aunque surgidas de la propia interacción social entre individuos, se tornan externas y son “apropiadas” como instrumentos para ejercer acción coercitiva para favorecer a determinados grupos de individuos que cuentan con el conocimiento y los medios para hacerlo: los gobiernos, los empresarios, los grupos religiosos, entre otros.

Las instituciones en el turismo, en la búsqueda de mantenerse, establecen procedimientos para permitirlo. Es aquí donde aparece la legitimación, como proceso de objetivación de significado “de segundo orden”, esto es que produce nuevos significados que sirven para integrar los ya atribuidos a procesos institucionales dispares. Es el proceso de explicar y justificar la existencia de las instituciones, cuando podría no ser tan clara su necesidad para las personas con las que entra en interacción y que las podrían encontrar coercitivas y rígidas. Por ejemplo, en México durante años, tras cada momento de crisis se ha debatido a diversos niveles la necesidad o no de contar con una Secretaría de Turismo, dependencia del gobierno encargada de sostener desde el punto de vista del propio gobierno, las instituciones en el turismo. A pesar de estos debates, el gobierno de México cuenta con una Secretaría de Turismo, oficinas de turismo en los gobiernos municipales y estatales, así como comisiones de turismo en el Congreso.

Las instituciones en el turismo generan instrumentos reales para sostenerse, a través del consenso, de las leyes, incluso del uso de la fuerza. Las instituciones que permanecen en el tiempo logran establecer una mezcla adecuada entre procesos de legitimación eficaces y la congruencia en términos de sentido con las actividades para las que fue creada. En el caso del turismo existen instituciones que se mantienen y se han fortalecido, entre ellas las empresas de servicios de alojamiento, de restauración, los organismos de promoción turística en el gobierno, los organismos internacionales como la Organización Mundial del Turismo, por mencionar algunas que operan como organismos en el sistema social. Y existen otras con mayor fortaleza aún, que se entrelazan con otros campos simbólicos como el de las tradiciones que aunque no se conforman como organismos, si establecen normas de comportamiento integradas a la cultura, un ejemplo de estas sería la "hospitalidad". Las instituciones de este tipo son fuente de sentido y funcionan como estructuras sociales que permanecen a través de generaciones y entre diversas sociedades.

El propio turismo como se mencionó antes, ha adquirido la condición de institución para la sociedad, por ello es que por sí mismo es fuente de sentido y funciona como estructura social que permanece a través del tiempo. Resulta fácilmente observable el hecho de que prácticamente cualquier comunidad conoce hoy la forma en que se presenta el turismo, los roles que desempeñan turistas y anfitriones, las implicaciones que tiene para una comunidad local, entre otros aspectos que forman parte de la vida cotidiana, se han habitualizado.

Para que las instituciones permanezcan en el tiempo no sólo se requiere de la dotación de sentido a las actividades a cargo de las instituciones y de su legitimación, también es necesario que se establezcan mecanismos de control para favorecerlas, en algunos casos de modo extremadamente coercitivo, las leyes y normas y un aparato con la capacidad para hacerlas aplicar. En el turismo es cuando aparecen las leyes y normas para favorecer el tránsito libre de personas y para promover la actividad turística aún en contra de los deseos de quienes se opusieran a ello. Esto es que la institución impone sus pretensiones incluso por encima de las que provienen de la interacción entre individuos. Con ello, muchos individuos a pesar de saber que en la interacción pueden salir del rol tipificado y crear una forma de sociedad nueva, se sienten reprimidos y vuelven a asumir el rol tipificado. El turismo al institucionalizarse, crea mecanismos de control para favorecer su propia existencia, a través de los roles tipificados, de las leyes que promueven el turismo, de las acciones de los gobiernos de los países que no sólo promueven la actividad turística sino que asumen las directrices emanadas de otros organismos mundiales y crean dependencias y organizaciones para regular, promover, planificar e incluso para financiar la actividad; surgen empresas propiedad de la iniciativa privada para atender a una creciente industria de la hospitalidad que brinda alojamiento, alimentos y bebidas, servicios de viaje, de información turística entre otras. En México el gobierno por ejemplo ha creado una secretaría de turismo en el poder ejecutivo federal, dependencias similares en los ejecutivos estatales y municipales, un consejo de promoción turística y un fondo para el financiamiento del desarrollo turístico, comisiones de turismo en los poderes legislativos federal y de cada uno de los estados, entre otras dependencias encargadas del turismo en el país. El turismo como institución cuenta con todos estos mecanismos de control que favorecen su legitimidad y lo sostienen como institución. Ante todo ello, es muy poco, al menos así parece, lo que puede hacer una sola interacción entre turistas y anfitriones.

Con esto no se quiere afirmar que las instituciones y la ley jueguen sólo un papel perverso o negativo, sólo se pone en relieve la forma en que operan en la práctica. Si no lo hicieran así correrían el riesgo de perder legitimidad, perder sentido y tal vez desaparecer, con la complicación de que además podrían dejar a las personas en muchos casos con la obligación de definir sus interacción a cada momento, a falta de los referentes estructurales frente a los cuales puede en última instancia construirse la persona y construir su realidad social. Las instituciones por tanto son necesarias en la construcción dialéctica de la sociedad, pero también pueden ser, utilizando la terminología de Giddens, "resultados no deseados" de la acción humana deliberada. Aquí valdría la pena hacer una reflexión sobre un tema ampliamente debatido en sociología del turismo, acerca de la discriminación que sufren los habitantes de un sitio a manos de sus coterráneos cuando atienden a turistas externos: un mesero aprende socialmente el rol de mesero, que entre otras cosas le solicita que en su trabajo dé preferencia a los turistas extranjeros y no así a los comensales locales, ¿será que en verdad el mesero requiere de hacer esta distinción para que su propio rol mantenga su legitimidad y no desaparezca? Tal vez sería ir demasiado lejos afirmar algo así, pero la práctica cotidiana en sitios turísticos parece confirmar esta posibilidad, baste observar lo que sucede a la entrada de algún centro de entretenimiento (discoteques, clubes privados, etc.) en temporada alta en Cancún, en donde los jóvenes queriendo acceder al sitio, literalmente se agolpan frente a las puertas mientras un grupo de vigilantes locales seleccionan, a su libre decisión, quiénes y cuándo pueden entrar, casi siempre teniendo preferencia por aquellos que parecen ser turistas. Situaciones así, hacen evidente que se observan “resultados indeseables” de acciones humanas deliberadas, sin embargo para las instituciones del turismo, necesarias.

C. Realidad social subjetiva del turismo: internalización

1. Internalización primaria y secundaria en el turismo

Los individuos no nacen como miembros de una sociedad, sino con una disposición hacia la socialidad, el que de hecho se integren en ella requiere de un proceso de socialización. Desde niño, la persona se identifica con otros significativos, acepta y se adapta a los roles que para ella aparecen como "ya dados". El punto de partida en este proceso es la internalización, la aprehensión o interpretación inmediata de un acontecimiento objetivo en cuanto expresa significado, o sea, en cuanto es una manifestación de los procesos subjetivos de otro que en consecuencia se vuelven subjetivamente significativos para uno. En el caso del turismo esto sucede en la formación y capacitación para interactuar en el turismo, conociendo y aceptando los roles de anfitrión y/o turista, esto es cuando el mesero aprende a ser mesero y cuando el comensal aprende a serlo a su vez.

La aprehensión no sucede a partir de creaciones autónomas y separadas, sino que comienza cuando el individuo "asume" el mundo en el que ya viven otros. Sin embargo el asumir es un proceso original pues el mundo asumido puede ser creativamente modificado o hasta re-creado. En la forma compleja de internalización no sólo se es capaz de comprender el mundo en el que los otros viven sino que ese mundo se apropia, esto es que no sólo se vive en el mismo mundo, sino que se participa cada uno en el ser del otro. Esto significa en el campo del turismo, que el anfitrión vive la internalización cuando es capaz de comprender el mundo de los demás anfitriones, se ve a sí mismo como parte de ese mundo de anfitriones y sabe que es visto por los otros anfitriones como un anfitrión más. No sólo es suficiente por tanto que el mesero aprenda las técnicas del servicio a comensales, sino que se vea a sí mismo como mesero y que sepa que los otros meseros le ven como tal.

La socialización primaria es la primera por la que el individuo atraviesa en la niñez, por medio de ella se convierte en miembro de la sociedad, en tanto que la socialización secundaria es cualquier proceso posterior que induce al individuo ya socializado a nuevos sectores del mundo objetivo de su sociedad. Podría pensarse en una primera aproximación, que en el turismo sólo se presenta la internalización secundaria, sin embargo esto no es así, particularmente en el caso del desempeño del rol de turista. En el mundo occidental y en los sectores sociales de cierto nivel de ingreso, ser turista es algo que se aprende desde la niñez con la internalización primaria. Es el mismo caso de los niños que viven en sitios de destino turístico en los que el contacto con el turista se da desde temprana edad, más aún cuando la actividad de atención al turista conforma el modo de vida de la familia en la que el niño se socializa, como en el caso de las empresas familiares de servicio turístico, o también el caso de sitios como la Riviera Maya por ejemplo.

En el caso de la formación y capacitación profesionalizada para laborar en el turismo, los anfitriones atraviesan por un proceso estructurado, establecido institucionalmente y altamente regulado y legitimado, de internalización secundaria. En él se preparan para ingresar a un campo de especialistas en determinada área del acervo social de conocimiento como puede ser la hotelería, la planeación turística, la administración de restaurantes, la atención al turista en hoteles y servicios de viaje, entre otras muchas áreas específicas de especialización como sean requeridas en la sociedad anfitriona en la que el individuo se forma.

El turismo, más específicamente los viajes, fungen también como un medio de internalización secundaria para los turistas, que acceden a sitios distintos a los que les permitieron la internalización primaria, aprenden sin duda y extienden su campo de experiencia para incluir a Otros, que desempeñan roles distintos en campos simbólicos distintos y con instituciones, tipificaciones y normas distintos a los propios. El turista expande su realidad social. Lo mismo sucede con el anfitrión aunque de manera un tanto indirecta y no tan evidente, a partir de la posibilidad de interactuar con los turistas y la parte de acervo social de conocimiento del cual son portadores. Un anfitrión en Cancún, por ejemplo, en su interacción con turistas provenientes de prácticamente todo el mundo, aprende roles tan diversos como aquellos que le resulten accesibles a través de múltiples conversaciones y miradas. El peligro que se puede asomar en esto es precisamente la multiplicación de campos simbólicos que incidiera en la fragmentación del sentido para los anfitriones en su propia comunidad, como se verá más adelante en este mismo capítulo.

2. Comunidad de vida y comunidad de sentido en turismo

Todos nacemos y nos criamos dentro de comunidades de vida que además son en diversos grados, comunidades de sentido. Esto significa que toda comunidad de vida tiene concordancias de sentido o que pueden extraerse del acervo histórico de sentido pero que no necesariamente coinciden totalmente. Hay comunidades de vida en las que el individuo participa apenas en alguna concordancia y otras en las que el sentido compartido es mayor. Sin embargo, la mayoría de las comunidades de vida anhelan alcanzar un grado de sentido compartido entre el mínimo y el máximo. En el turismo, tanto turistas como anfitriones atraviesan a lo largo de sus vidas por múltiples comunidades de vida, los turistas en el sitio de origen del viaje y los anfitriones en el sitio de destino de los primeros. Además, en la interacción en los sitios de destino turístico, éstos se tornan en comunidades de vida entre turistas y anfitriones. Por ejemplo, para un turista que residiera en la ciudad de Toluca, se relaciona con una comunidad de vida en ella, pero si viaja a Cancún por ejemplo, se relacionaría con otra comunidad de vida en tal sitio, ambas son distintas pero son “sus” comunidades de vida. Por su parte, un residente en Cancún, se relaciona con su propia comunidad de vida en esta ciudad. Si ambos, el viajero y el residente en Cancún, se encuentran en éste último sitio, tienen la posibilidad de compartir una tercera comunidad de vida.

Resulta claro de ello que los turistas tendrán una mayor concordancia de sentido, esto es que se identificarán en mayor medida con las diversas comunidades de sentido, al interior de las comunidades de vida de origen que en las de destino turístico. La persona residente de Toluca se identifica más con las comunidades de vida en la ciudad de Toluca, que con las que se relacionara en otro sitio. Por su parte, el anfitrión disfruta de un grado mayor de concordancia de sentido en las comunidades de vida del sitio de destino turístico, donde reside, que en las de los sitios de origen de los turistas. El residente en Cancún se identifica con las comunidades de vida en esta ciudad, aún cuando conozca las comunidades de vida de otras ciudades a partir de la interacción con los turistas, esto es que sus prácticas, lenguaje y cotidianidad tienen mayor concordancia de sentido con quienes tiene un contacto más permanente.

Sin embargo, el hecho de que en los sitios de destino turístico se manifiesten múltiples comunidades de sentido con la visita de los turistas que provienen de muy diversas comunidades de vida, favorece la interacción entre múltiples referentes de sentido. Para el anfitrión esto confiere un carácter plural a su propia comunidad de vida, en la que pueden coexistir múltiples sistemas de valores. Tan variados que pueden estar yuxtapuestos o ser contradictorios, lo que a su vez favorece la aparición de sociedades propensas a las crisis de sentido subjetivas e intersubjetivas en los sitios de destino turístico. Un claro caso de ello sucede en la ciudad de Cancún, situación que se hizo evidente cuando tras el paso del huracán Wilma en el año 2005, los habitantes se lanzaron a las calles para “saquear” tiendas, oficinas y a todo aquel que tuviera “algo”, se hizo evidente la ausencia de una comunidad de sentido con un único sistema de valores que permitiera establecer redes de colaboración entre los habitantes.

En el caso del turista sin embargo, también puede presentarse esta fragmentación en los sistemas de valores, pues con los viajes, los turistas se disponen al contacto directo con otras comunidades de vida con las que probablemente tengan concordancias de sentido mínimas o cercanas al mínimo, sin embargo, si alguno o algunos de los esquemas de valores de las comunidades o sociedades visitadas se internaliza y forma parte del mundo de vida cotidiano del turista, éste a su vez puede ser el vehículo para que subrepticiamente se incremente el grado de pluralidad en su comunidad o sociedad de origen. De hecho, puede decirse que la existencia del turismo en la sociedad es un factor que posibilita la elevación del grado de pluralismo, esto es de la coexistencia de múltiples sistemas de valores en una sola comunidad de vida.

3. Internalización y estructura social en el turismo

La socialización se da siempre en el contexto de determinada estructura social en específico, por ello es que se puede hablar de socialización exitosa, cuando los individuos perciben una elevada simetría en la realidad objetiva y subjetiva, esto es que la identidad en términos de realidad subjetiva se ajusta a las manifestaciones de la realidad objetiva. Esto es una posibilidad ideal, en las sociedades con una compleja distribución del acervo de conocimientos, en las que éstos son mediados por algunos actores e instituciones, es mucho más probable que se dé una socialización deficiente, si esto se presenta de manera amplia y extendida puede introducir tensión e inquietud en la estructura social y amenazar los programas institucionales mismos. En el turismo esta situación se puede presentar cuando hay una deficiente formación para realizar viajes o para ingresar como anfitrión al mundo laboral. En un primer momento, cuando es sólo el individuo quien no ha alcanzado una socialización exitosa, es él mismo quien sufre las consecuencias, es separado de su trabajo o es castigado socialmente. Sus errores impactan también en los Otros, tanto en sus colaboradores como en los demás integrantes del mismo mundo de vida. Es claro entonces que cuando el fenómeno sucede, no con una persona, sino de modo generalizado, lo que se trastoca es el propio turismo, las instituciones y el mundo de vida de las personas mismo.

La socialización deficiente no sólo sucede cuando hay una formación parcial, mediada por otros, sino puede ser resultado de las condiciones de la propia estructura social. Tal es el caso de la sociedad moderna, que ofrece a las personas múltiples esquemas de valores desde diversas instituciones, que por cierto cuentan con un sentido objetivo que se ubica en la esfera de la racionalidad instrumental pero que a la vez pretenden conectarse a valores de mayor orden, orientados a modificar u orientar el mundo de vida de las personas. Es el caso del conflicto al que Habermas denomina “colonización del mundo de la vida” y que Berger y Luckmann denominan “pluralismo moderno”[1] . En el turismo esto sucede cuando las instituciones de turismo y las empresas pretenden modificar los valores y cultura locales para que los empleados se adapten a un “estilo empresarial”, en el fondo lo que están haciendo es intentar legitimarse conectándose a valores del mundo de la vida cotidiana de las personas cuando su campo de sentido es puramente instrumental. Como aquí se ha dicho, esto puede atentar contra la propia estructura social y al final contra las mismas instituciones y las personas. Casos en los que este fenómeno se manifiesta de forma abierta pueden nombrarse en diversas latitudes, pero baste mencionar lo sucedido en Cancún, después del paso del Huracán Wilma en Octubre del 2005, cuando la gente, los anfitriones del turismo, salieron a las calles para realizar actos de vandalismo y de saqueo a las tiendas, hoteles e incluso a otras casas habitación.

Es cierto que las personas como individuos reflexivos tienen la capacidad de crear y transformar en la interacción a las estructuras sociales, pero también es verdad que éstas existen y que de alguna manera condicionan las posibilidades individuales para formar parte de una comunidad de vida, de sentido y en general de una sociedad. Las instituciones a pesar de su capacidad para autosostenerse, existen gracias a la competencia humana, así que el individuo mismo puede modificarlas a favor de la sociedad y de las personas, los medios están a la vista y al alcance de todos, a través de la búsqueda de una mayor simetría entre las realidades subjetiva y objetiva, a través de una mejor distribución del acervo social de conocimiento y de la separación de áreas de acción institucional para evitar la superposición de esquemas de valores y de sentido. El turismo, como se ha venido afirmando a lo largo de esta tesis, tiene grandes posibilidades como campo en el cual se favorece la libertad individual para actuar deliberadamente, para interactuar.

4. Mantenimiento y transformación de la realidad social subjetiva del turismo

La realidad social subjetiva para su mantenimiento requiere del ejercicio de instrumentos que la refresquen y la aproximen a lo objetivo, a las manifestaciones reales. En la medida en que la realidad social se ha internalizado, la persona tiende a "alejarse" de la interacción misma y ésta tiende a hacerse "menos real", por ello es necesario que las interacciones sean repetitivas para mantener viva la sensación de "realidad" en la subjetividad humana. Sin embargo, en términos de sociedades, es a través de procesos intersubjetivos que se mantiene la realidad social subjetiva, por ello es que el diálogo entre individuos es el instrumento por excelencia. El diálogo y la existencia de estructuras de plausibilidad específicas para su mantenimiento son las herramientas de las que dispone la persona para mantener "viva" la realidad subjetiva. En el caso del turismo en la interacción se presenta el diálogo cara a cara entre turistas y anfitriones y los contextos en los que se efectúa, los espacios turísticos y la temporalidad del turismo aportan las estructuras de plausibilidad necesarias. El diálogo cara a cara entre mesero y comensal, recepcionista y huésped, agente de viajes y viajero, es lo que le da permanencia viva a la realidad subjetiva del turismo. El diálogo entre individuos acerca de situaciones cotidianas que se han tipificado en la vida humana es lo que le hace alejarse de lo típico y ser vivida como real por el ser humano. Esa subjetividad, en términos compartidos, por ejemplo en grupos de turistas llegando a registrarse a la recepción de un hotel o de grupos de turistas comiendo en un restaurante, divirtiéndose en la playa, haciendo recorridos por los sitios históricos de una ciudad, son lo que le hacen vivir la realidad de manera subjetiva a los individuos, tanto a anfitriones como a turistas. Sin embargo, en el turismo moderno estas condiciones se están modificando sutilmente o en algunos sitios y situaciones de manera radical.

La aparición y constante repetición de los viajes con fines de descanso, de recreación, para aprovechar el tiempo libre, a través de la historia de la sociedad es lo que permite que el turismo se mantenga vigente; el hecho de que se institucionalice en la sociedad y que logre crear los mecanismos para legitimarse y permanecer, pero que constantemente son renovados por las interacciones entre individuos que asumen los roles tipificados y actúan de manera habitualizada, es lo que asegura su permanencia entre las actividades humanas. Así las personas logran hacer coincidir una realidad social objetiva, institucionalizada, con una práctica individualizada, presente en el aquí y ahora y por tanto cargada de una connotación de subjetividad para cada individuo que participa de ella. El turismo, de ser una actividad eminentemente comercial, por tanto heredera de la razón instrumental, se ha introducido en la vida cotidiana de las personas y parecería muy difícil o poco probable su extinción.

Durante casi dos siglos, el turismo se ha caracterizado como una actividad que el hombre puede realizar en su tiempo libre, esto es en aquel tiempo en el que no tiene que cumplir con obligaciones de trabajo o relacionadas con él. El turismo se ha realizado en el tiempo de descanso, pues requiere de una separación de la actividad cotidiana para llegar a un sitio de destino turístico. Hoy sin embargo, las cosas pueden ser muy distintas, a través de las tecnologías de información y comunicación, los sitios distintos al propio son accesibles de forma inmediata y automática, lo cual tiene una doble implicación en el caso del turismo: por una parte el turista ya no está obligado a desplazarse para acudir a su destino y disfrutar de sus paisajes o por la otra parte, cuando se desplaza a un sitio turístico ya no necesitaría regresar a su sitio de trabajo para continuar con él. De hecho, muchos de los trabajos actuales que sólo requieren una atención telefónica o virtual, ya no necesitan de un espacio formal para oficinas, por lo que el turista podría serlo de forma prácticamente permanente. Esto transforma radicalmente la concepción del turismo como consecuencia de la realización de viajes durante el tiempo libre. En realidad la transformación es más profunda aún, pues la línea que separa el tiempo libre del tiempo de trabajo se vuelve cada vez más tenue, cuando no desaparece por completo.

En la medida en que en los próximos años, los trabajos accedan a nuevas y mejoradas tecnologías de información y comunicación, se posibilita que las personas ya no requieran de un espacio de trabajo en la oficina o la fábrica, así como tampoco de un horario rígido o preestablecido. Las horas de trabajo y las horas libres se combinarán en un todo, las semanas de trabajo romperán su estructura actual y a la larga incluso los períodos vacacionales, para el turismo todavía temporadas altas, tenderían a desaparecer. Esto abre la apuesta a un futuro “nuevo nomadismo” (Attali, 1992) en el que los individuos se desplazarían libremente por diversas comunidades, combinando trabajo y turismo en todo momento, de una manera más libre que la que hoy se conoce.

El esquema de los viajes a través del territorio que hoy caracteriza al turismo: origen-tránsito-destino-tránsito-origen difícilmente podría mantenerse, tanto turistas como anfitriones estarían presentes -presencial o virtualmente- simultáneamente en sitios alternativamente de origen o de destino, incluso en diversos sitios a la vez. Esta nueva realidad, tenderá a romper con las estructuras vigentes hoy y con los significados que se atribuye a los diversos sitios, lugares, espacios por los que transcurre la actividad turística. Supone la supresión de la dicotomía del espacio -origen/destino- o incluso a la multiplicación -simultaneidad de lo virtual- de los mismos. Las consecuencias en la conformación de comunidades e identidades en esta nueva realidad aún están por conocerse.

Si la manifestación territorial del turismo se suprime/multiplica con las tecnologías de la información; la secuencia de los momentos del turismo se trastoca, el tiempo presente será el que adquiera una preeminencia fundamental, esto significa en el marco del análisis realizado en este capítulo, que el tiempo de la interacción ya sea presencial o mediada, será la forma hacia la que tienda la acumulación de momentos. Esto supone breves periodos, cuando no inexistentes de prefiguración, pero también incide en una menor posibilidad de estructuración. Esto será un resultado previsible de la multiplicidad de interacciones con alta indefinición de sitios de procedencia y destino, lo que incidiría muy probablemente en un desvanecimiento acumulativo de las instituciones –en su concepto sociológico- y con ello de la evidencia objetiva de los viajes y del turismo. En cierto sentido, tendería a desaparecer el sistema turístico que actualmente es el paradigma central para el estudio del turismo a partir de sus manifestaciones y consecuencias tangibles. Por ejemplo, una persona que trabajara viajando, con la tecnología de la información puede vivir momentos “virtuales” en su oficina atendiendo asuntos de trabajo y otros momentos “reales” viviendo el turismo en alguno de sus viajes, pero también podría vivir momentos “reales” de trabajo durante alguna reunión en alguno de los puntos en que se detiene en sus viajes y momentos “virtuales” de turismo, preparando su llegada a un nuevo sitio de descanso, no tendría sitio de origen o de destino, todo sería un permanente tránsito.

Las tendencias actuales apuntan precisamente hacia la aparición de un nuevo turismo, tal vez al que habría que denominar “ciberturismo” con espacios múltiples y territorios indistintos para anfitriones y turistas; así como a la muy probable desaparición de las estructuras institucionales del turismo como hasta ahora las conocemos o al menos hacia una conformación alterna a la que actualmente es vigente. Esta tendencia como sucede con todo lo vinculado al desarrollo tecnológico, se presentará de manera desigual en las distintas sociedades, algunas velozmente se acercan al ciberturismo en tanto que otras van quedando al margen, cada vez más aisladas de él. Para el turismo, como hoy se conoce, estos desequilibrios llevarán muy probablemente a momentos críticos en la elaboración de sentido para las diversas comunidades, de anfitriones y turistas, en las que todos pueden ser por momentos anfitriones, por momentos turistas o simultáneamente ambos.

C. Límites y posibilidades de la sociología constructivista del turismo

El turismo se instala cada vez más a lo largo y ancho del orbe, en diversas sociedades y sitios, con características generales que nos permiten entenderlo como el mismo fenómeno pero también con características específicas que lo perfilan de acuerdo con cada contexto particular. Esto sucede como dualidad, tanto en el nivel de la interacción humana y con ello en el nivel del mundo de la vida como simultáneamente en el nivel estructural en el que transforma instituciones y conforma sistemas sociales. Puesto que esto es así, muy probablemente a lo largo del tiempo habrá necesidad de que las sociedades mismas incrementen su conocimiento sobre el turismo y las formas en que se incorpora en ellas. En este ámbito la sociología constructivista provee un marco útil y una herramienta metodológica muy completa para aproximarse al conocimiento de la actividad, desde el nivel de la interacción pero con alcances hacia los niveles estructurales.

Con este fin es que se ha desarrollado la presente propuesta, a la que con seguridad aún le sobran vacíos y vertientes para el debate y análisis de los conceptos aquí manejados: la construcción de la realidad turística, la institucionalización como proceso de la construcción objetiva y la internalización como proceso de la construcción subjetiva, los roles de los actores involucrados, las comunidades de vida y de sentido en el turismo, así como los diversos aspectos y momentos en los que cada concepto encuentra soporte.

Cabe, sin embargo, hacer una autorreflexión para señalar algunos límites que se desprenden del propio planteamiento y que le impiden, al menos en la forma en que ahora se presenta, extender su dominio a otros campos. Más que marcar debilidades, la intención aquí es señalar las acotaciones de la propuesta, cuando menos algunas de ellas.

En primer lugar está el problema de la construcción de la realidad. Como se ha venido mencionando desde capítulos anteriores y en éste mismo, no toda la realidad es construida. Evidentemente la realidad completa excede los límites de la experiencia humana y por tanto resulta no solo antropocéntrico sino temerariamente radical el afirmar lo contrario. El debate filosófico idealismo versus realismo, además de encontrarse fuera del campo de análisis de la presente propuesta, difícilmente aportaría elementos para sostenerlo. Lo que sí resulta relevante para esta propuesta es el debate acerca de si toda la realidad social es construida o si existen nichos más allá de la construcción humana que aparecen sin la mediación de la interacción social.

A este debate es evidente que la sociología constructivista no puede dar una respuesta totalmente satisfactoria. El argumento central si bien es que efectivamente, TODA la realidad social se construye, no todos los elementos que influyen en su construcción provienen de la interacción humana, por supuesto algunos provienen del medio, incluida la vertiente histórica, en el que se construye y otros elementos son tomados de los procesos mentales y de la conciencia humana individual. En este sentido, al encontrar aspectos que pueden caracterizarse como externalidades a las que se deja la puerta abierta, esa misma apertura puede dejar entrar otros muchos aspectos insospechados; desde los más extremos vinculados a un nuevo naturalismo social que proponen la posibilidad de que ciertos códigos genéticos ya “dados de por si” y anteriores al hombre mismo, predispongan o perfilen de antemano algunas pre-condiciones para la interacción social; hasta las posiciones próximas a las “espirituales” que proponen la existencia de una entidad superior que de alguna manera interviene o hasta predestina las posibilidades humanas para la interacción social. La propuesta constructivista no ofrece respuestas completas a todo ello, pero tampoco lo considera parte de su ámbito de aplicación. Sin embargo, una salida así al afirmarse que esa parte no está dentro del campo de la propuesta constructivista ¿podría constituirse en una frontera artificialmente formulada? ¿no se trata esto de un procedimiento instrumentalmente racional, sin desearlo?

El mayor problema en relación con la construcción de la realidad sin embargo no lo plantean los argumentos del párrafo anterior, sino la propia dificultad para sostener que si bien la realidad se construye, conforma estructuras que para el individuo aparecen como si fueran objetivas, “dadas por supuestas”. La única fórmula que conocemos para comprender esta afirmación, y todas las que acompañan a la posibilidad del constructivismo, es plantearla en términos dialécticos es decir, la realidad social es objetiva y también es subjetiva, pero no de forma exactamente simultánea, sino en un permanente proceso dialéctico.

El segundo límite que es necesario señalar, propio de la propuesta constructivista es el hecho de que no toda relación social es necesariamente una interacción social. Afirmar lo contrario sería no sólo una falsedad, sino un argumento insostenible. En lugar de ello, el planteamiento que aquí se hace, propone que es en la interacción desde donde efectivamente se negocia la construcción de la sociedad, de ninguna manera se afirma que todo lo social implica interacción. Lo que se plantea es que efectivamente, la construcción de la realidad se negocia en la interacción, pero existen aspectos de la sociedad que no forman parte de tal interacción y permanecen en suspenso como no-negociados hasta que efectivamente lo son. Esto significa que en cada interacción no se pone en juego la totalidad de la construcción social, sino sólo aquel fragmento de la realidad social que resulta de competencia, de contexto inmediato, de relevancia para el momento específico de interacción, los actores involucrados, su historia tanto a nivel biográfico como general y su espacio tanto específico de la interacción como el construido, en términos de Goffmann esto equivaldría a la Definición de la Situación. Este planteamienteo, implica que las estructuras, las instituciones, el lenguaje, las tradiciones, todo aquello que no forme parte “viva” de la interacción, no es negociado, aunque forme parte del acervo con el que acuden las personas a la interacción. Por otro lado, lo que sí resulta cierto, bajo esta misma reflexión, es que todo lo social es susceptible de ser negociado, en cuanto forme parte “viva” de la interacción.

El tercer límite que la presente propuesta se ha establecido es el abordar sólo lo que se denomina “turismo” en la sociedad moderna, lo que como se vio en el capítulo segundo, no resulta fácilmente delimitable. Más aún, la propuesta sólo se centra en el fragmento de la realidad turística que corresponde a lo social. Seguramente para quienes, como sucede hoy en los ámbitos especializados en el estudio del turismo, esto resulte extremadamente limitado y limitante, pues muchos de los esfuerzos en investigación que actualmente se proponen en el ámbito turístico lo hacen pretendiendo una visión holística, que busca abarcar todos los aspectos de la realidad turística, lo que les ha llevado a acudir a las teorías de sistemas. Por supuesto, que tal aproximación al turismo es extremadamente valiosa, sin embargo aquí se considera que puede en ocasiones ser extremadamente amplia y poco valiosa en el nivel concreto. Por su parte, el planteamiento que aquí se presenta, centrado en la construcción de la realidad social del turismo, puede abrir líneas de trabajo que complementen al especificar, lo que de manera general abordan los planteamientos holísticos.

Además, el turismo al ser observado desde el ángulo del constructivismo de Berger y Luckman, seguramente deja fuera la posibilidad de analizarlo desde otras vertientes constructivistas o no de la perspectiva microsociológica. Al entender al turismo como el producto de las interacciones repetidas, habitualizadas entre anfitriones y turistas se corre el riesgo de observar sólo una de las fuentes que originan, mantienen y favorecen la transformación de la actividad, que muy bien podría estar soportada en algún otro pilar, sea de interacciones o no entre roles tipificados. Dicho de otro modo, el hecho de que la interacción adquiera un carácter central en esta propuesta no tiene que ver con una visión simplificada o simplificadora de la realidad, como pudiera parecer en un primer vistazo, mas bien tiene que ver con el reconocer la importancia de la interacción cara a cara en la construcción de la realidad social del turismo.

La importancia central de la interacción cara a cara, con toda la carga espacio-temporal, de intersubjetividad que implica, no debería confundirse con una pre-condición necesaria para la existencia de la realidad social del turismo. De hecho el turismo existe de manera anterior para la sociedad actual de manera objetiva, de manera externa a los individuos que hoy pueden llevar a efecto interacciones turísticas; inclusive se podría suponer exactamente lo opuesto, es decir, que la realidad social del turismo es una pre-condición necesaria para que se presenten interacciones cara a cara entre anfitriones y turistas. Ni la primera ni la segunda afirmaciones serían exactas, aunque ambas son ciertas en parte, la realidad social objetiva del turismo en esta versión constructivista requiere de las interacciones entre turistas y anfitriones así como éstas a su vez requieren de una realidad social institucionalizada de la cual puedan tomar los roles tipificados y asumirlos de manera habitual en su vida cotidiana. Esto es así dada la premisa central del constructivismo: el hombre produce sociedades, pero a su vez la sociedad produce hombres. Cualquier intento por reconocer sólo una de las partes de esta afirmación conduciría al desconocimiento de la posibilidad de un constructivismo, por supuesto esto puede ser objeto de críticas y de señalamientos, como de hecho sucede, sin embargo es el fundamento central de toda la propuesta.

Con estos fundamentos y premisas, una vez que son aceptadas, es posible analizar lo que sucede en el turismo, con las herramientas y siguiendo los caminos que traza la noción central constructivista de la realidad social del turismo. Esto a su vez puede ser visto también como una limitación, sin embargo también es verdad que cualquier propuesta teórica tiene sus límites, sus herramientas, sus reglas, sus posibilidades y limitaciones, las que pueden ser modificadas o superadas a través de la propia reflexión y de la aplicación empírica de su investigación. En esta línea de pensamiento, es que a continuación se presenta una propuesta programática para la investigación del turismo bajo el enfoque constructivista.

D. Planteamiento programático-metodológico

1. La investigación sociológica del turismo

El turismo, como interacción social es un campo fértil para la investigación sociológica, su presencia en la sociedad y en la vida cotidiana de las personas es mucho más significativa que lo que al revisar lo escrito en el ámbito académico sobre el tema pudiera parecer. A continuación se presentan algunos antecedentes sobre las principales líneas de trabajo que se siguen en la sociología del turismo y en un segundo apartado se presenta el planteamiento que se desprende de la propuesta teórica presentada en esta tesis.

La sociología tiene antecedentes sobre el estudio del turismo, ya desde las investigaciones sobre forasteros que realizaran Von Wiese y Glüksmann en la década de 1930-40, los estudios sobre turistas de Forster y Boorstin 1964, Young y MacCanell (1973) o Turner y Ash (1975), incluso la elaboración de una sociología del turismo en el trabajo de Knebel en (1960), en Lanquar (1985), Cohen (1984) y Apostolopoulos y otros (1996). Estos trabajos dan cuenta de lo que se puede estudiar en el turismo desde la sociología y que Cohen observa en cuatro grupos temáticos:

El turista. Centrado en los comportamientos sociales de los viajeros orientados hacia la integración o el aislamiento de la comunidad local que los recibe.

La relación turista-locales. Cuyo foco de atención es específicamente lo que sucede en la interacción entre individuos en sitios de destino turístico.

La estructura y función del sistema turístico. Cuya finalidad es la identificación y caracterización de los procesos e instituciones que configuran las estructuras y sus dinámicas en el turismo.

Las consecuencias del turismo en las comunidades locales. Se interesa por lo que sucede en la sociedad que recibe turistas, los cambios en términos culturales, ideológicos y en la estructura social local.

Los dos primeros grupos, debido a su naturaleza y características claramente corresponden al campo de interés de la sociología micro y los dos finales a la sociología macro, sin embargo todos ellos se encuentran relacionados, tienen puntos de confluencia y posibilidades para ser abordados desde cualquier ángulo sociológico. En este sentido, se han retomado aquí para indicar las áreas, ángulos, temas, tópicos y asuntos que se trabajan desde la sociología micro con la finalidad de que en el siguiente apartado del capítulo se aborden de manera específica en aquellos que surgen de la propuesta teórica de sociología constructivista que aquí se defiende.

Investigación sobre el turista

La investigación acerca del turista incluye aportaciones muy variadas sin embargo destacan los análisis estadísticos del perfil del turista a partir de sus características demográficas y socioeconómicas (Por ejemplo: Burkart y Medlik 1974: 80-103) y son los estudios promovidos por los gobiernos y por los organismos internacionales de turismo como la Organización Mundial de Turismo o la Asociación Internacional de Transporte Aéreo, pues son los datos que permiten medir el crecimiento de la actividad y estimar sus dimensiones futuras. Es a través de estos estudios, que se ha identificado claramente el turista promedio: de sexo masculino, joven o adulto, residente de alguna ciudad (Dumazedier 1967: 124-61; Scheuch 1981: 1094) A esto hay que agregar que además la mayoría de los viajes son realizados por ciudadanos de países industrializados y quienes lo hacen en mayor número de ocasiones y por mayor tiempo son los de más altos ingresos. Esta caracterización del turista es la que ha penetrado en el acervo de conocimiento social de la mayor parte de las sociedades como “turista típico”, misma que es extremadamente simplificadora pero a la vez excluyente y discriminadora de todos aquellos que no cumplan con el perfil típico.

 Aunque tradicionalmente a través de los años se han realizado investigaciones sociopsicológicas del turismo (P.L. Pearce 1982; Stringer 1984) acerca de muy diversos temas como la motivación, el choque cultural experimentado en el destino turístico, la decisión de viaje, las actitudes en el viaje y la satisfacción; más recientemente se han desarrollado trabajos propiamente sociológicos en los que se aborda la motivación del turista y la experiencia deseada en el contexto de temas estructurales y símbolos culturales de la sociedad moderna (Dann 1977; MacCannell 1973, 1976; Cohen 1979; 1982:1-6) MacCannell planteó la idea de que el turismo moderno es una especie de equivalente a las peregrinaciones religiosas de la edad media, en las que el turista busca “experiencias auténticas” en el sentido de que las ha perdido en el sitio en el que reside, con los procesos de alienación, estandarización, la excesiva comercialización, entre otras condiciones de la vida moderna, lo que le ha llevado a buscar en “otros” sitios aquello que ha perdido en el propio. Si bien esta propuesta ha suscitado una gran cantidad de trabajos (Por ej: Buck 1978; 221-2; 1978; Schmidt 1979) Papson 1981; Graburn 1983) también ha sido criticado ampliamente y modificado (Cohen 1979; Nash 1981; 462; Greenwood 1982; Schudson 1979: 1252-3). La idea de la búsqueda de autenticidad y el choque encontrado cuando se cumplen o no estas expectativas en el viaje turístico es aún un campo de trabajo privilegiado para quienes desarrollan investigación sociológica del turismo.

El hecho de que no existe un “rol único” de turista sino que varía fuertemente en motivaciones, estilo de viaje, actividades, etc. abre la posibilidad de que se analicen detalladamente a través de múltiples investigaciones, las tipologías de roles de turistas (Por ej.: Cohen 1972; Smith 1977) y el estudio detallado de cada uno de ellos: el turista masificado organizado e individual, el explorador y el aventurero así como sus actividades, motivaciones, significados y construcciones en diversos contextos, sitios y regiones.

Investigación sobre turistas y locales

Este segundo campo es el que principalmente interesa aquí, pues se ocupa de la interacción entre turistas y locales o “anfitriones e invitados” (Smith: 1977), según Cohen esta tiene tres principales dimensiones: interacción entre individuos, percepciones y actitudes. En cuanto a la primera de ellas, la interacción entre individuos, fue Sutton el que inició el análisis y la caracterizó como “series de encuentros entre visitantes que viajan en búsqueda del placer y anfitriones quienes están relativamente estacionarios y que tienen la función de atender a los visitantes en sus necesidades y deseos” (1967:220) Tales encuentros son en esencia transitorios, irrepetibles, asimétricos y los participantes en ellos están orientados hacia la gratificación inmediata en lugar de hacia mantener una relación continua. Este planteamiento ha dado origen a diversos estudios acerca de la transitoriedad y de la asimetría de la interacción, asimismo acerca del grado en que se ve influida por dos sistemas socioculturales, el nativo y el que emerge a partir del turismo y la evolución de la transición del primero al segundo de los sistemas. De tales estudios se pueden encontrar temas que van desde la hospitalidad y el trato anfitrión – huésped hasta el abierto rechazo al turista por parte de los locales. A su vez, esto lleva a la fundamentación de esfuerzos orientados hacia la profesionalización (de Kart 1979: 58-9) por parte de autoridades y promotores del turismo. En general estos asuntos pueden ser abordados por análisis sociológicos.

Las actitudes y percepciones mutuas entre turistas y locales han sido principalmente estudiada sdesde la perspectiva de los locales, esto es, desde la forma en que son percibidos cuando comienzan a llegar a algún sitio y la evolución de la actitud y percepción del rol del turista. Doxey (1976) propuso un modelo evolutivo consistente en cuatro etapas: euforia, apatía, molestia y antagonismo. Particularmente en los casos en los que se evidencia el antagonismo, se desarrollan diversos estudios acerca de sus orígenes, consecuencias y formas de resolverlo.

Investigación de la estructura y función del sistema turístico

Este desde luego es un ángulo que ocupa a otros enfoques sociológicos de corte macro, sin embargo lo que aquí interesa es la forma en que surge algo que puede denominarse sistema a partir de las relaciones entre personas, entre turistas y locales. Noronha (1977) elaboró un modelo general del desarrollo del turismo que consiste de tres etapas: I. descubrimiento, II. respuesta local e iniciativa y III. institucionalización, mismo que se ha observado en diversos sitios (Butler 1980) pero muy probablemente no es correcto para muchos otros, lo cual abre la posibilidad de realización de un conjunto importante de estudios al respecto.

Investigación de los impactos del turismo

Plantear el tema de impactos del turismo inmediatamente hace pensar en una estructura de pensamiento causal, en la que todo efecto tiene una o un conjunto de causas de las cuales depende tanto en una dimensión temporal de sucesión como en una dimensión teórica o explicativa. Esta estructura de pensamiento estaría divorciada de antemano de la que opera en la sociología micro, sin embargo, vale la pena hacer una revisión de los temas que surgen de este planteamiento puesto que muchos de ellos pudieran encontrar interpretaciones más ricas si se trabajan bajo enfoques alternativos a los usados de manera convencional por los estudiosos del turismo. De hecho esta es el área más trabajada en sociología del turismo aunque principalmente se ha referido a las comunidades anfitrionas, el impacto del turismo en las comunidades de origen de hecho se desconoce.

En relación con los impactos, se entiende que éstos surgen en función del crecimiento de la actividad turística y lo que se ha trabajado en investigaciones sociales es en la identificación, medición y caracterización de los impactos asociados a diversos niveles de desarrollo turístico. En principio se distingue entre aquellos impactos de carácter socioeconómico de los impactos socioculturales. Los del ángulo socioeconómico cubren ocho principales tópicos: entrada de divisas, ingreso, empleo, precios, distribución de beneficios, propiedad y control, desarrollo e ingresos gubernamentales. Por su parte, los impactos socioculturales de acuerdo con Cohen, se clasifican en diez tópicos principales: involucramiento de la comunidad en redes más amplias, la naturaleza de las relaciones interpersonales, las bases de la organización social, el ritmo de la vida social, migración, división del trabajo, estratificación, distribución del poder, desviación y costumbres y artes.

El turismo desde su aparición y durante su evolución en un sitio específico provoca modificaciones en todos los temas de la vida social, algunos calificados como positivos y otros como negativos, pero todos ellos significativos para la comunidad estudiada. En este sentido resulta valioso identificar aquellas áreas que podrían ser trabajadas desde ángulos de la sociología micro, a partir de las relaciones entre individuos.

Todos los temas aquí mencionados, pueden desarrollarse a través de estudios del turismo en diversos contextos, espacios y momentos, cuya consecuencia sería la conformación de un corpus de información sobre el turismo, que permitiría sentar las bases para un mayor y mejor conocimiento sobre el fenómeno.

2. Líneas temáticas generales en sociología constructivista del turismo

El estudio del turismo desde la sociología constructivista podría enfocarse en prácticamente cualquier línea temática, desde aquellas que tradicionalmente han sido objeto de investigación de la sociología micro hasta aquellas que lo han sido desde otros paradigmas teóricos de la sociología. Si bien esto es posible y deseable, es necesario especificar una propuesta programática que permita esquematizar aquellos aspectos y temas en los cuales podrían realizarse mayores o más significativas aportaciones. Es por ello que a continuación se presenta un primer esbozo a esta propuesta programática y metodológica.

En la investigación sociológica constructivista, la pregunta central que se plantea el investigador es el “¿cómo?”, esto hace referencia a la preocupación por descubrir las formas en que se construye la sociedad; más que encontrar explicaciones desde sus causas y consecuencias, lo que interesa es comprender cómo se estructuran sus formas, dinámica, procesos y significados. En este sentido cualquier tema dentro de esta propuesta tendría que abordarse desde la búsqueda de respuestas a la pregunta ¿Cómo…?. Asimismo, las respuestas que se construyen en la sociología constructivista, se filtran a través de tres dimensiones fundamentales, una dimensión temporal (que orienta sus respuestas desde la pregunta ¿Cuándo …?) una dimensión espacial (que orienta sus respuestas desde la pregunta ¿Dónde?) y una dimensión de sentido (Que orienta sus respuestas desde la pregunta ¿Quién?).

Estas serán pues las tres dimensiones seleccionadas para construir la propuesta programática y metodológica para la investigación del turismo desde la sociología constructivista, que una vez vinculadas con la propuesta teórica presentada antes en este mismo capítulo conducen al siguiente esquema:

1- Dimensión de sentido. En esta se identifican dos comunidades básicas de sentido: la del anfitrión o comunidad de destino, la del turista o comunidad de origen y se construye en el momento de la interacción una tercera que sería la comunidad de la relación turista-anfitrión. Estas comunidades se identifican claramente con las denominaciones ampliamente utilizadas en las ciencias sociales: yo-nosotros, tu-ustedes es decir, con las categorías identidad – alteridad.

2- Dimensión temporal. En esta se identifican tres momentos en la relación turística: antes o previo, durante o momento de interacción y después, posterior o de estructuración de la interacción entre turistas y anfitriones. Los momentos antes y después de la interacción son los que permiten su estructuración, es decir son los que establecen las condiciones para cada momento de interacción, se crean y recrean a partir de cada momento de interacción.

3- Dimensión espacial. En ella se identifican dos espacios concebidos así por las comunidades de individuos participantes en la relación turística: el espacio en el que se encuentra el individuo o “aquí” y el espacio en el que no se encuentra el individuo o “allá”.

Con un esquema de análisis así, es posible identificar diversos ámbitos y áreas temáticas para desarrollar investigación del turismo bajo el enfoque de sociología constructivista, de entre las diversas posibilidades, se señalan algunos a continuación. (Ver cuadro 2).

Cuadro 2: Líneas temáticas en la investigación turística con enfoque de sociología constructivista.

Dimensión espacial: AQUÍ Dimensión espacial: ALLA
Dimensión temporal: Antes y después de la interacción Dimensión de sentido: Comunidad del anfitrión Línea temática 1: Planeación/Evaluación del sitio de destino Línea temática 2: Promoción del turismo
Dimensión de sentido: Comunidad del turista Línea temática 3: Disposición hacia el turismo Línea temática 4: Planeación/evaluación del viaje
Dimensión temporal: Durante la interacción Dimensión de sentido: Interacción Turista-Anfitrión Línea temática 5: Interacción turística inmediata Línea temática 6: Resignificación del sitio de origen
Ruptura de la dimensión espacial: Aquí y Allá
Simultaneidad en la dimensión temporal Inexistencia de comunidad de sentido Línea temática 7: Desaparición del turismo
Multiplicidad de comunidades de sentido Línea temática 8: Ciberturismo
Fuente: Elaboración propia.

Finalmente, las tres dimensiones sufren una alteración en la sociedad actual, con la irrupción de las tecnologías de comunicación e información: en cuanto a la dimensión temporal, podemos observar que los momentos se vuelven simultáneos, esto es que el antes y el después se hacen menos evidentes y sutiles, las interacciones son sincrónicas o diferidas por alguna de las partes o por las dos. En la dimensión espacial, los lugares se fracturan y el aquí y el allá se diluyen y mezclan, las interacciones se presentan simultáneamente en dos sitios o incluso en el espacio virtual. En cuanto a la dimensión de sentido, la alteración de las dos anteriores presenta dos amplias posibilidades: o se multiplican las comunidades de sentido de manera simultánea y ubicua o por el contrario, desaparece toda posibilidad de conformar alguna comunidad de sentido.

Línea temática 1: Planeación y evaluación del sitio receptor

En este ámbito, es en la comunidad anfitriona en la que el turismo adquiere un significado vinculado al trabajo y a la vida cotidiana, en el que a través de la experiencia y la acumulación de incontables encuentros de interacción frente a los turistas, el turismo va conformando estructuras operativas. Se presenta en el ámbito espacial llamado comunidad de destino turístico o simple y llanamente destino turístico, antes y después de la interacción en el que adquieren forma y aplicación los conceptos de planeación y evaluación de la actividad turística y en la que de manera directa o indirecta se toman decisiones que permiten, favorecen o limitan la existencia y crecimiento de la actividad turística. Desde el punto de vista del anfitrión aparecen como temas importantes de estudio: La preparación del sitio anfitrión, la formación para la atención del turismo, el concepto propio de anfitrión como posible identidad, la hospitalidad, el concepto de turista así como la evolución misma y las transformaciones de los conceptos, la vida cotidiana extra-turística del anfitrión, la estructuración de la imagen y el concepto mismo del sitio anfitrión, la preparación de normas, políticas y planes del turismo, la caracterización de los efectos de la interacción turística en la comunidad local en la estructura socioeconómica y sociocultural, la preocupación por la conservación del patrimonio y el ambiente natural para el turismo. Todos estos temas y aspectos socialmente compartidos en la comunidad del anfitrión desde las prácticas, el lenguaje y la cultura.

Línea temática 2: Promoción del turismo

En esta segunda línea temporalmente ubicada simultáneamente antes y después de la interacción pero centrada espacialmente en el espacio ajeno o en el denominado “allá”, en el espacio del turista cuando no es turista pero que tiene la posibilidad de serlo.

Desde esta perspectiva, que de alguna manera se refiere a las imágenes y conceptos que el anfitrión se construye acerca del sitio de origen de los visitantes, incluye o puede incluir temas como: la promoción del sitio turístico en otros lugares, las pre-nociones sobre el turista y los turistas específicos con determinado origen, la conformación de conceptos sobre los turistas, las temporadas y los sitios de origen de los mismos, las nociones sobre el resto del mundo desde los medios de comunicación y desde la globalidad del turismo así como las imágenes, intenciones y deseos respecto a la realización de viajes y del turismo, es decir, en la posibilidad misma de jugar el rol de turista abandonando el de anfitrión y todo lo que en términos de identidad-alteridad pueda extraerse de estos temas.

La importancia del análisis de este ángulo de la interacción turística puede permitir a su vez identificar aquellos aspectos de la relación turística para el anfitrión y que son referidos a los espacios propios del Otro, es decir del turista, inciden de alguna manera en la conformación de la identidad propia del anfitrión.

Línea temática 3: Disposición hacia el turismo

En la tercera línea, espacialmente ubicada en el sitio de origen del turista, pero que se ubica en la dimensión temporal de manera simultánea antes y después de la interacción directamente turística, es decir antes del viaje y después del viaje, en los momentos en que el turista ya no es tal, pero que tiene la posibilidad de volver a asumir el rol en el futuro. Surgen, socialmente desde luego, los conceptos de turista y anfitrión socialmente compartidos en su comunidad desde las prácticas, el lenguaje y la cultura, la evolución y cambio de los conceptos, los deseos y motivaciones hacia el turismo, la evocación y recreación del momento turístico, la caracterización de los efectos de la interacción turística en la comunidad del turista en cuanto a la estructura socioeconómica y sociocultural así como la expectativa y satisfacción de los viajes realizados.

Es en esta línea en la que se pueden encontrar también las motivaciones para realizar los viajes y las experiencias vividas en los anteriormente realizados, incluidos los temas tratados actualmente de la búsqueda de “la autenticidad”[2] en los viajes turísticos.

Línea temática 4: Planeación y evaluación del viaje

En la línea cuatro que se presenta en la dimensión temporal simultáneamente antes y después de la interacción turística, desde el punto de vista del turista pero ubicada en el sitio de destino turístico, es decir en el sitio en el que vive el Otro, el anfitrión. Se presenta cuando el turista no es tal, pero potencialmente puede serlo y de hecho entra en procesos de planeación y/o evaluación-incorporación de las experiencias del viaje a la vida cotidiana. En esta perspectiva se pueden trabajar temas como: las prenociones del destino turístico, la información sobre destinos turísticos y su empatía con los deseos y necesidades y expectativas sobre el destino y el servicio esperado, la estructuración de las actitudes hacia las comunidades anfitrionas tanto positivas como negativas y que tienen que ver con la experiencia vivida y acumulada en el acervo socialmente compartido respecto a determinado sitio de destino turístico.

Este ángulo es el que ha suscitado interés entre diversos sociólogos actualmente pues identifican en el turismo la posibilidad de favorecer un cambio duradero en las estructuras sociales de la vida cotidiana de aquellos que han viajado o que planean hacerlo.

Línea temática 5: Interacción turística inmediata

Esta línea sería el centro de atención de estudios desde ángulos etnometodológicos o interaccionistas simbólicos, es la relación turística inmediata, que se presenta en el sitio de destino turístico y en el que se construye una comunidad de sentido singular, la turística que es ajena tanto a la comunidad de origen como a la de destino pero que adquiere significado y relevancia justo en el momento en que se produce el encuentro frente a frente entre los actores involucrados. En este momento fugaz pero fuertemente estructurador de la sociedad, se presentan temas como: la atención al turista y calidad del servicio, las actitudes y percepciones entre anfitriones y turistas, el conocimiento de la cultura local y choque cultural, la construcción del concepto de visitante, la recreación, ocio y uso del tiempo libre, el análisis del movimiento turístico: sitios abiertos al turismo y sitios vedados al turismo y la caracterización de los roles de turista y de anfitrión en el sitio turístico.

Línea temática 6: Resignificación del sitio de origen

Esta línea, por cierto poco explorada en la sociología del turismo, que se presenta durante la interacción turística inmediata pero en una dimensión espacial distinta, la del sitio de origen de los turistas, que se transforma temporalmente en un “allá” o sitio temporalmente ajeno. Bajo esta línea se agruparían temas como: la colección de momentos, situaciones e incluso los objetos de “recuerdo” para llevar a casa, la nostalgia por el sitio dejado y el deseo de terminar el viaje, las facilidades e infraestructura para hacerlo, las costumbres y prácticas “ajenas” o del “forastero” desde el punto de vista del local, entre otras posibilidades que tendrían que comenzarse a explorar.

Línea temática 7: Desaparición del turismo

En la sociedad actual, como resultado de las posibilidades que traen consigo las nuevas tecnologías de información y comunicación, en las que las distancias y tiempos se acortan y prácticamente desaparecen, existe la posibilidad y en muchos casos ya se está presentando, la inexistencia de comunidades de sentido, de origen o de destino y mucho menos de interacción, esto se diluye en las ya abordadas por Berger y Luckmann (1997, 59-79) crisis de sentido y que abren la posibilidad de trabajar en torno a temas como: las modalidades del turismo virtual, la desaparición o negación del turismo, la fragmentación y extinción de las estructuras e instituciones para el turismo, los marcos desde los que se establecen las estructuras de significación bajo las modalidades de viajes virtuales, la crisis de los conceptos de turista y anfitrión, de viaje, hospitalidad, entre otros muchos aspectos que están en la posibilidad de entrar en crisis en la sociedad.

Línea temática 8: Ciberturismo

El extremo opuesto a la línea anterior, ya sea como parte de las crisis de sentido o como resultado o alternativa de salida a tales crisis, se encuentran temas como: la integración de nuevos sentidos, estructuras e instituciones enfocadas a un renovado turismo que no depende de sitios de origen ni destino y posiblemente tampoco de una sucesión temporal antes, durante y después de la interacción: el ciberturista o turista postmoderno, el ciberanfitrion o anfitrión postmoderno y las posibles estructuras, acciones, prácticas, lenguaje y cultura asociada a estos nuevos conceptos: el ciberturismo.

Si la manifestación territorial del turismo se suprime/multiplica con las tecnologías de la información; la secuencia de los momentos del turismo se trastoca, el tiempo presente será el que adquiera una preeminencia fundamental, esto significa en el marco del presente análisis, que el tiempo de la interacción ya sea presencial o mediada, será la forma hacia la que tienda la acumulación de momentos. Esto supone breves periodos, cuando no inexistentes de prefiguración, pero también incide en una menor posibilidad de estructuración. Esto será un resultado previsible de la multiplicidad de interacciones con alta indefinición de sitios de procedencia y destino, lo que incidiría muy probablemente en un desvanecimiento acumulativo de las instituciones –nuevamente en su concepto sociológico- y con ello de la evidencia objetiva de los viajes y del turismo.

Las tendencias actuales apuntan precisamente hacia la aparición de este ciberturismo con espacios múltiples y territorios indistintos para anfitriones y turistas, así como a la muy probable desaparición de las estructuras institucionales del turismo como hasta ahora las conocemos. Esta tendencia como sucede con todo aquello vinculado al desarrollo tecnológico, se presentará de manera desigual en las distintas sociedades, algunas velozmente se acercan al ciberturismo en tanto que otras van quedando al margen, cada vez más aisladas de él. Sin embargo, en el caso de la actividad turística estas desigualdades, estos desequilibrios llevarán muy probablemente a momentos críticos en la elaboración de sentido (Berger y Luckmann, 1967) para las diversas comunidades, de anfitriones y turistas.

Conclusiones

La sociología en su devenir histórico ha atravesado por diversos momentos y épocas, prácticamente en todas ellas el debate teórico ha permanecido en un primer plano, tal vez más que en otras disciplinas. El debate en lo teórico ha discurrido desde las críticas y argumentaciones sobre sus elementos fundamentales, ontológicos y epistemológicos hasta los métodos y formas de aplicación de la teoría en temas, contextos y etapas históricas concretas. Visto así, en realidad es el debate teórico lo que permite avanzar al pensamiento sociológico y lo que le otorga una dinámica constante en la que los conceptos y paradigmas válidos o al menos generalmente aceptados en determinado momento, contexto o temática aplicada puede dejar de serlo en cualquier instante.

La permanente transformación del debate teórico encuentra sus fuentes no sólo del análisis en el nivel de las grandes teorías sociales, también lo hace a partir de aportaciones que provienen de cualquiera de los ámbitos de la sociología aplicada. Por ello es que el debate teórico resulta enriquecedor en cualquiera de sus ámbitos.

Uno de los debates que han acompañado a la sociología prácticamente en toda su historia es el debate acción – estructura, debate que tomó nuevo impulso a fines del siglo XX con el auge de las propuestas teóricas integracionistas, es decir, aquellas que surgieron justamente destacando el hecho de que en mucha de la teoría trabajada anteriormente no hacía énfasis en la vinculación entre lo objetivo y lo subjetivo en lo social. Hoy, prácticamente todo sociólogo reconoce que la sociedad tiene elementos objetivos y subjetivos, los elementos subjetivos son aquellos separables como estructuras que existen más allá de la existencia humana en tanto que los subjetivos se encuentran en la naturaleza misma de la acción humana. Prácticamente ningún sociólogo sostendría exitosamente una posición extrema, sin embargo el debate continúa, centrándose en la forma en que se resuelve la relación entre acción y estructura, ya sea dándole primacía a uno de los dos o a los dos simultáneamente.

Justamente en este punto es en el que aparece la propuesta constructivista, que plantea que la realidad social es fundamentalmente construida, pero tal construcción tiene dos fuentes, las estructuras objetivas que anteceden al individuo y la acción misma del individuo sobre tales estructuras. En ese sentido la realidad social se construye permanentemente y tanto las estructuras de manera pura, como la acción absolutamente libre son inalcanzables para el hombre puesto que no puede salir de la relación misma. Con un planteamiento así, con las implicaciones que lleva en sí, ha causado gran polémica y así como ha sumado adeptos, ha dado elementos a muchos detractores.

En la polémica desatada por la propuesta constructivista, han surgido también nuevas lecturas y variadas aproximaciones que hoy han llevado a la coexistencia de múltiples constructivismos, algunos destacan o asumen sólo una parte o fragmentos del planteamiento y otros asumen o toman otros, a los que suman aportaciones de otros autores, disciplinas y ámbitos. Es por ello que para hablar de constructivismo ya no es suficiente con mencionarlo, es necesario referirse a las fuentes y revisar los elementos que plantea la fuente. La seleccionada en este trabajo es la propuesta de Berger y Luckmann. Muy probablemente ninguno de ellos se autodenominaría constructivista, tal vez Luckmann podría, en sus trabajos recientes, suscribir el término, sin embargo, dada la vorágine que hoy existe en torno al término, lo más probable es que no se mostrara muy dispuesto a enmarcar su planteamiento teórico bajo tal etiqueta.

No obstante, he preferido denominarle constructivista debido a que justamente se centra en el quid del debate, en la forma en que se construye la realidad social. La elección de Berger y Luckmann por cierto, se posiciona en la sociología de la vida cotidiana, puesto que para ellos el punto culminante y de partida de la sociedad misma es el momento de la interacción cara a cara entre individuos, que es precisamente en donde se produce y reproduce la sociedad a la vez objetiva y subjetiva. Desde luego que los autores en ningún momento niegan la existencia de estructuras macro, al contrario las reconocen e identifican utilizando la terminología fenomenológica, heredada de Schutz en los acervos sociales de conocimiento, las instituciones, la intersubjetividad. Sin embargo, su propuesta teórica se instala en la vida cotidiana como centro, no el único, de construcción de la sociedad. Como propuesta teórica proviene de la sociología del conocimiento y aunque era conocida desde la década de los setenta, su verdadero auge se da a fines de siglo XX y su influencia se ha dejado sentir en diversas áreas del conocimiento y específicamente en sociología en prácticamente todos sus campos de aplicación.

Una de las áreas de aplicación de la sociología, aunque poco desarrollada aún, es precisamente la sociología del turismo, cuyos planteamientos teóricos históricamente han ido siempre detrás de las formulaciones teóricas de la sociedad. Esto es, dada su relativa novedad como área de aplicación y el hecho de que aún existen contados grupos de investigadores en el tema, la teoría en sociología del turismo no se ha conformado como un campo separado con dinámica propia, antes bien, sus avances provienen de la teoría sociológica en general.

Esta situación no es inexplicable en realidad, si se considera que la misma teoría del turismo, no únicamente desde el ángulo sociológico, es un área muy poco desarrollada en las ciencias sociales. De hecho, los mismos estudiosos del turismo señalan esta condición y es una de las preocupaciones vigentes en el ámbito del estudio del turismo.

El turismo para la gran mayoría de los autores considerados fundamentales en su estudio (Jafari, Leiper, Cohen, Smith, entre otros) es estudiado como la actividad que hoy conocemos, con la masificación de los medios y vías de comunicación y transporte. Esto es, se estudia al turismo como una actividad humana que surgió como una transformación de los viajes que ya existían desde que el hombre existe como especie y que adquieren una forma específica, a la que se puede llamar turística solo a partir del siglo XX. Antiguamente los viajes se realizaban con fines de exploración, descubrimiento, migración, estudios, etc. Aún en el caso de quienes realizaban viajes por el puro placer de viajar, la aventura literalmente se constituía como una expedición, en la que se sabía cuándo se dejaba el hogar pero se desconocía cuándo y aún si se lograría regresar a él. Fue hasta el advenimiento del transporte masivo: ferrocarril, barco y autobús, que se posibilitó la disminución en los costos del traslado abriendo la posibilidad a más gente de viajar y que los tiempos y distancias se “acortaran”. Esto permitió que no fuera necesario dejar el empleo, la escuela ni las costumbres cotidianas para salir de viaje sino temporalmente, es decir se abrieron fragmentos de tiempo para salir de lo cotidiano y entrar a lo desconocido con la certeza de que se volvería al punto de origen, que quedaría a salvo y con un curso normal, al cual sería posible regresar en cualquier momento.

Para atender las necesidades de estos nuevos viajeros surgieron un conjunto de empresas e individuos que en conjunto reciben la denominación de “prestadores de servicios turísticos” o proveedores del servicio, y que incluyen a los individuos que operan empresas de alojamiento, alimentos y bebidas, transporte, de orientación y guía para el turista, operadores de parques naturales, de atracciones y otros, en general todo aquel que labora en alguna empresa orientada a atender las necesidades del turista a cambio de una remuneración.

De ello, se ha dicho que la actividad turística es una actividad de gran relevancia económica, puesto que genera ingresos para los inversionistas en este tipo de negocios, genera empleos y distribuye la riqueza originada en ciertos espacios a otros en los que sin la existencia del turismo, tal vez no hubieran llegado tales recursos.

Tales han sido las dimensiones de la industria turística, como se ha dado en llamar a este floreciente sector de la economía, que ocupa en el mundo el segundo lugar en cuanto a contribución al ingreso agregado en las naciones, lo cual ha llevado a que se le analice e investigue mucho más en el ámbito económico que en el social y cultural.

Esto a su vez ha llevado a una comprensión parcelaria del fenómeno, pues lleva a suponer a la mayor parte de los estudiosos del turismo que ésta es la estructura socioeconómica sobre la que funciona un sistema abierto, compuesto por elementos como: oferta turística, demanda, patrimonio turístico, comunicación turística, medios de transporte, espacio turístico. Si este supuesto fuese cierto, entonces sólo se podría denominar turismo al fenómeno que surge cuando existen sus elementos en funcionamiento, más aún, sólo podría decirse del turismo que es una actividad puramente económica, que existe en tanto exista un “intercambio”, mismo que es objeto de medición cuantificable.

La posición que aquí se sostiene es mucho más amplia, se reconoce al turismo como un cúmulo de actividades humanas, a las que el sujeto atribuye un significado particular, más allá de lo que establezcan los discursos oficiales, las leyes y los analistas del impacto económico del mismo.

Esta idea de turismo se corresponde con las representaciones sociales del mismo, pues incluso desde el nivel del sentido común se atribuyen significados al turismo que exceden las definiciones formales si sólo se viera como actividad económica. No hay que olvidar que como actividad humana que se da en la sociedad, adquiere significado social, intersubjetivamente construido, como sucede con cualquier otra actividad humana. Tal significado puede ser compartido, intuido o por lo menos supuesto por cualquier integrante de la sociedad en que se presenta, independientemente de que el integrante tenga el carácter de experto, lego o informado (Cf. Schutz:1973) respecto a la actividad. En otras palabras, el turismo es reconocido como tal hasta por el hombre menos informado sobre turismo. No es necesario ser especialista en turismo para identificarlo cuando sucede. No es necesario haber estudiado una serie de conceptos y teorías para reconocer a un turista, y sin embargo como saben bien los especialistas del ramo, el turismo es un concepto sobre el que abundan las definiciones operativas parciales y escasean los conceptos generales.

Dado que el turismo es identificable a partir de las actividades que realizan sujetos específicos incluso desde el nivel del sentido común, debe ser posible enunciarlos formalmente y en un lenguaje académico que posibilite su estudio y análisis, a partir de su construcción social intersubjetiva. Es necesario refrescar el análisis de estos conceptos desde un ángulo cualitativamente distinto al que se le ha dado en la teoría del turismo mayoritaria desarrollada en el siglo XX, lo cual es justamente el ejercicio fundamental planteado en la presente tesis.

A este respecto, como se puede reconocer en el contenido de esta tesis, en el turismo y particularmente en la sociología del turismo se observa una notable ausencia de elaboraciones teóricas desde el nivel micro, existen varios planteamientos que se centran en las relaciones macro: estructuralistas, críticas y de sistemas, sin embargo, muy marginalmente se han tratado los asuntos microsociológicos del turismo. Es justamente en ese vacío en el que pretende posicionarse la presente propuesta, que tendrá que ser objeto de escrutinio tanto entre los especialistas en el tema como frente a la realidad que pretende abordar.

En la elaboración de la teoría se tomaron los elementos fundamentales para explicar la relación turística en el nivel micro bajo el enfoque de Berger y Luckmann, se parte de los conceptos de turista y anfitrión, se describe su interacción y se ubica en tres dimensiones: la espacial, la temporal y la de sentido.

En relación con el turista, se ha dicho que todos podemos serlo si reunimos algunas características específicas, que tienen que ver con viajar, desplazarse fuera del lugar de residencia. Sin embargo, se reconoce que no todos los viajes pueden ser considerados turísticos: existen las migraciones, los viajes de exploración, de conquista o intervención militar, entre otros y que por sus características no podrían ser considerados “turísticos”. En este sentido cabe destacar algunas de las características de los viajes que sí pueden ser considerados como viajes turísticos:

Son viajes de ida y vuelta, temporales y en los que la expectativa del que viaja está centrada en la certeza de que llegará el momento de regresar a una cotidianidad “normal”.

Son viajes que suponen la existencia de una infraestructura que permite la realización del viaje (vías de comunicación y medios de transporte) y la estancia “cómoda” del viajero durante el tiempo que permanece fuera de su hogar (hoteles, restaurantes, otros servicios)

Son viajes cuyo costo es financiado por el viajero a través de su actividad laboral o empresarial cotidiana.

Son viajes motivados por un conjunto muy diverso y complejo de factores pero que en general pueden denominarse “placer” y no vinculados al deseo de establecerse ni realizar alguna actividad “cotidiana normal” alterna a la de origen.

El turista es pues el viajero, no cualquier persona que viaja sino aquel que lo hace temporalmente, que ha salido de su sitio de residencia, suspendiendo sus actividades y relaciones interpersonales cotidianas, para entablar relaciones y realizar actividades que corresponden a lo que socialmente se han tipificado como actividades que realiza un turista tipo. En otras palabras, puede afirmarse que un turista es aquel que actúa conforme a lo que la sociedad atribuye al tipo “turista”; por lo tanto el tipo “turista” es una construcción social intersubjetiva, que se ha sedimentado a partir de la interpretación de las interacciones entre turistas y “no-turistas” a lo largo de la historia.

Por ejemplo, si en camino de casa al trabajo observamos a un grupo de personas que admiran la arquitectura y el paisaje urbano, que toman fotografías, consultan mapas, podemos suponer que son viajeros turísticos y que presumiblemente todos ellos sean turistas. En realidad no podemos estar seguros de que sean o no turistas de acuerdo con las definiciones que hace la Organización Mundial del Turismo o los principales escritores del tema, sin embargo, para nosotros en ese momento se incorporan a nuestro acervo de conocimiento como sujetos individuales que confirman el tipo que hemos construido intersubjetivamente. Es decir, sean o no turistas, su comportamiento y la imagen que representan confirman el significado que le hemos atribuido a comportamientos e imágenes similares: personas que no conocen el lugar propio como nosotros lo conocemos, sujetos ajenos a nuestro espacio y nuestro tiempo, ajenos a nuestra comunidad de vida y de sentido, en general a nuestro mundo de vida, pero que se incorporan a él con el fin de admirarlo, apreciarlo y después dejarlo.

Existen asimismo otros elementos que confirman, amplían y reestructuran el significado que le atribuimos al tipo turista, siguiendo con el ejemplo, si al momento de pasar junto al grupo que vimos, les escucháramos hablar en un idioma desconocido para nosotros o identificable como extranjero (inglés, francés, italiano, etc.), más aún si interactuáramos con ellos y a través de la conversación nos confirmaran que se encuentran de viaje y que están en nuestra comunidad como turistas: Personas que provienen no sólo de mundos de vida distintos al propio, sino que voluntariamente deciden aproximarse a él, a nosotros como constructores de ese mundo, no con el fin de apropiarse o integrarse a él, sino de conocerlo y posteriormente volver a su propio mundo de vida.

Pongamos un ejemplo desde el punto de vista opuesto, cuando salimos de paseo, si estamos con nuestra familia en una población que comenzamos a conocer y nos encontramos consultando mapas, tomando fotografías, caminando por las calles que otros utilizarían para realizar actividades cotidianas, para admirar el paisaje urbano, tomar fotografías y observar costumbres distintas a las nuestras, seguramente los pobladores de tal sitio nos identificarían como turistas, independientemente de nuestra conciencia al respecto, aún cuando individualmente no estemos ejerciendo concientemente una identidad como turistas. Podríamos incluso “simular” la actividad de un turista o transformarnos en turistas en nuestra propia comunidad. Estos asuntos no son relevantes en la construcción del significado del concepto de turismo, sin embargo, para la integración de las estadísticas de la actividad supondrían dificultades prácticamente infranqueables.

Este segundo ejemplo pretende mostrar cómo el concepto de turista se construye intersubjetivamente, es decir, no depende de lo que individualmente, como sujetos hayamos decidido sobre nuestras acciones o sobre las de otros, el ser o no ser turista depende más del grado de identificación de las actividades realizadas por los individuos con las actividades que realiza el tipo generalizado de turista que de una convicción personal, subjetiva.

Con estas ideas en mente, un análisis similar se realiza sobre el concepto de anfitrión, como espejo del turista, es decir como el “otro” frente al que el turista se construye, aquel que es el “propietario” del mundo de vida que se visita en los viajes turísticos. Si bien existe poca literatura sobre el tema bajo este enfoque, no se debe olvidar la relevancia en el turismo de la comunidad que recibe al turista, es decir de los habitantes de la población que se ha convertido en destino del turismo, quienes habitan estos sitios y viven cotidianamente en ellos. A quienes en prácticamente la totalidad de la literatura turística se les ha tratado como a “ellos” a quienes el turismo debería de beneficiar pero que en general se encuentran al margen. En el mejor de los casos forman parte de folklore local, que es a su vez parte del “atractivo turístico” del sitio.

El habitante de la comunidad receptora es quien acoge al sector turismo, en muchos casos es quien le da vida, un carácter y personalidad específica, es de quien surgen los empleados que ocuparán los cargos y puestos abiertos por la actividad a través de las empresas y son quienes a la larga reciben de buen grado o rechazan a los externos, a los turistas.

Las comunidades definitivamente reciben el impacto de la actividad turística, ya sea a través de los ingresos económicos, del cambio en la estructura de la producción a través de la inversión de los empresarios del turismo, o ya sea a través de influencias al comportamiento y las costumbres, a vicios y enfermedades desconocidas sin el turismo.

La comunidad receptora en general, entendida como sociedad que acoge turistas se ha organizado y se ha especializado, existen organismos que atienden directamente al turista: las empresas prestadoras de servicio turístico. A la vez existen organismos dedicados a la promoción del turismo, su organización, regulación y creación de infraestructura que lo facilite: los organismos de gobierno especializados en el turismo. En el caso de México estos son la Secretaría de Turismo en el nivel federal y las oficinas de turismo en los gobiernos estatales y municipales en el ámbito del poder ejecutivo y las comisiones de turismo en el Congreso de la Federación y en los Congresos Locales en los Estados.

El anfitrión difícilmente se identifica a sí mismo como tal, puesto que si partimos del análisis hecho sobre el papel de turista, encontramos que el anfitrión es quien habita el mundo de vida que el turista sólo visita, es quien realiza actividades que pueden calificarse como cotidianas o “normales” en los espacios y tiempos que el turista comparte sólo en un nivel de referencia. Aquí habría que destacar el punto de la temporalidad: el turista decide en qué momento visita al anfitrión, en tanto que éste último sólo decide si recibe o no al turista, no decide el momento en que puede ser visitado por un turista en particular. Desde luego, las fiestas y eventos que se organizan en determinado momento buscan delimitar este tiempo de manera deliberada.

Sin embargo, al igual que en el caso del turista, no es necesario que como individuos nos identifiquemos como anfitriones, basta con que los turistas nos identifiquen como habitantes del mundo de vida que se visita, para ser considerados como aquellos “otros” que dan consistencia al significado de los viajes turísticos.

Por supuesto que algunos anfitriones son más conscientes de su papel, sobre todo aquellos que tienen como actividad la de atender directamente a los turistas. En cierto sentido son los anfitriones activos, aquellos que se identifican como “prestadores de servicios turísticos”, cuya actividad laboral cotidiana adquiere sentido a través de su relación interpersonal con el turista.

Bajo este mismo tenor, podemos considerar como anfitriones pasivos a aquellos que habitan un mundo de vida visitado por turistas y que son identificados como tales por los turistas. Por ejemplo, puede suceder que un turista observe a personas que transitan por las calles de la ciudad que visita y supone que realizan actividades cotidianas como ir al trabajo, a su casa, a la escuela, a visitar conocidos, amigos o familiares, independientemente de que se tratara de otros turistas. Que las personas que observa el turista sean o no habitantes de la población que le recibe, en términos de la construcción social del significado de las actividades de la comunidad local para el turista, no sería relevante. De hecho la relevancia se encuentra en que las actividades que realiza el observado por el turista y los significados que éste último le atribuye a tales actividades le permiten suponer un mundo de vida ajeno al propio.

De lo anterior se desprende que el turismo puede ser comprendido como la relación que se establece entre el turista y el anfitrión, con las siguientes características:

Es una relación entre personas que provienen de dos mundos de vida distintos, en la que al menos una de las dos partes se encuentra consciente de tal relación y de tal diferencia.

Es una relación a la que una parte acude voluntariamente y la otra puede hacerlo en forma activa o pasiva.

Es una relación que implica la existencia de previas tipificaciones de turista y de anfitrión, de las actividades que realizan tanto el turista como el anfitrión y de los significados más probables que tienen las actividades de cada uno, interpretados por su contraparte respectiva.

Es una relación que tiene significados socialmente determinados pero que se reproducen en la interacción entre individuos, es decir en la relación intersubjetiva. Esto es que aunque los individuos tienen previamente las tipificaciones mencionadas en su acervo de conocimientos, en cada interacción se reproducen, con la posibilidad de que se modifiquen o amplíen tales tipificaciones, aunque conserven una base de sentido socialmente reconocible. Así el turismo no se comprende exactamente igual en México que en Argentina, en España o en Israel.

La base de sentido de lo que implica el turismo se ha construido socialmente en un cúmulo histórico de interacciones subjetivas y que se ha sedimentado en el acervo social del conocimiento como un conjunto de tipificaciones de sujetos, acciones y significados.

Con base en lo anterior, se propone una definición de turismo desde el punto de vista de la teoría sociológica constructivista, que es suficientemente amplia y que incorpora los elementos aquí analizados: El turismo es el conjunto de tipificaciones, de la relación entre anfitrión y turista, de sus acciones y de los significados que se han elaborado social e históricamente y que se reproducen en la interacción específica entre individuos.

Esto implica que el turismo existe de manera previa al individuo, como tipificación, pero se reproduce en cada interacción humana, o desde el otro extremo, se crea en el momento de la interacción, pero se determina a través de la tipificación.

El turismo, entendido así puede ser visto como un fenómeno esencialmente moderno, que ha surgido en tiempos relativamente recientes y que se organiza, a partir de la estructura de la sociedad moderna, aun cuando posee largos antecedentes históricos. En la sociedad actual se produce y se reproduce, por lo tanto se ve afectado por las dificultades y crisis del mundo moderno, de la situación a la que muchos autores hoy llaman posmodernidad, independientemente del sitio en el que se lleve a cabo la actividad, esto es aunque el turismo aparezca en las zonas y regiones más lejanas a las estructuras posmodernas.

En el turismo se presenta siempre la relación humana, entre personas que viajan, abandonando su sitio de residencia, a quienes se ha denominado turistas y las personas que los reciben, a quienes se ha denominado anfitriones, quienes pueden estar de acuerdo o no y participar (en cuyo caso recibe el nombre de prestador de servicios turísticos, tour operador, guía de turistas etc.) o no.

Es claro que cada vez que se ha discutido sobre el significado del concepto de turismo y de sus implicaciones, de manera natural se tiende a pensar en la persona que viaja, soslayando que toda persona que viaja no ‘es’ permanentemente viajera, en cuyo caso perdería el apelativo de ‘turista’ y sería identificado como nómada, gitano etc. (Smith: 1992), antes bien, todo turista es viajero sólo temporalmente, por lo que su naturaleza “normal” es de no-viajero, aunque lo haga temporalmente, lo hace con la convicción de que dejará de hacerlo. Se diferencia entonces tanto del que “normalmente” viaja, del que aunque viaja no tiene la convicción de que dejará de hacerlo y del que definitivamente no viaja.

En cierto sentido podría decirse que todas las personas somos, al menos potencialmente, turistas y ‘no - turistas’ a la vez y que adquiriríamos la categoría de turista en el momento mismo en que viajamos y la perdemos en el momento en que dejamos de viajar. Esto puede ser discutido y discutible, puesto que habría quien defendiera la idea de que sólo es turista aquel que hace uso de ‘servicios turísticos’ y no es turista aquel que por ejemplo, viaja en su propio auto, visita a un familiar por unas horas y no hace uso de ninguna clase de servicio distinto a la carretera por la cual transitó. En otro extremo habría quien afirmaría que también son turistas aquellos que por convicción propia deciden ‘hacer turismo’ en su propio sitio de residencia y visitan los museos, parques y plazas con ‘mirada de turista’, cámara en mano, adquiriendo recuerdos y ‘souvenirs’ y haciendo uso de los servicios de alimentos, guías de turistas y tal vez hasta de hospedaje, todo ello sin alejarse de su propia comunidad. Con un planteamiento así, podríamos caer en la tentación de decir que las personas son turistas en el momento en que así lo deciden y dejan de serlo del mismo modo. Esto equivaldría a caer en un subjetivismo al extremo, en el que el turista sólo existe en la mente del individuo.

Desde luego esta postura en extremo subjetiva, no se sostiene, puesto que basta hacer uso del sentido común para constatar que cualquiera es capaz de identificar a un turista, diferenciándolo de quien no lo es por sus acciones y comportamiento, por el lenguaje que utiliza, los sitios a los que acude, los objetos y servicios que adquiere; en cierto sentido podemos afirmar que reconocemos al turista por medio de un conjunto de rasgos socialmente aceptados como característicos de la persona ‘turista’, en este sentido el concepto de turista es socialmente construido. El turista ha adquirido históricamente una personalidad propia, identificable socialmente y con derechos legítimos. El turista es entonces un sujeto social, que vive, actúa y se vincula con otros, los ‘no turistas’ en una realidad compleja a la que hemos denominado ‘turismo’.

Si bien el turista poco a poco adquiere en la historia esa calidad de sujeto o actor social y en torno de él, sus actos y consecuencias, se reconstruye individualmente por el reconocimiento de que es objeto frente a su alteridad, frente a los ‘otros’, los ‘no turistas’.

Identificarse como anfitrión es mucho más complicado que identificarse como turista. Los pobladores de una comunidad muy fácilmente identifican a los turistas, pero suponen que los anfitriones son únicamente los propietarios y empleados de empresas de servicios turísticos. Esto es paradójico al momento de contrastarlo con la realidad de que todos los habitantes interactúan ya con el turista directamente o con las actividades vinculadas a la atención al turista y que por ende dependen en gran medida de la existencia, número y temporalidad del turismo.

Los empleados de las empresas de servicios turísticos difícilmente se identifican a sí mismos como anfitriones, aunque en términos de elaboración intersubjetiva de sentido sí lo sean. Suponen su relación con los turistas en un esquema tipificador de la relación comercial proveedor – consumidor.

El anfitrión se construye socialmente y vive una realidad similar a la que sucede en el nivel individual, inicia con ánimo y gusto por su actividad, para que con el paso del tiempo se presente un “desgaste” de la relación que sin embargo es difícil de romper o de transformar. Para el anfitrión activo el otro frente al que se construye y se autoidentifica es el turista, para el turista el otro es el anfitrión en general, pero principalmente el pasivo, en tanto que los anfitriones pasivos no tienen la necesidad de autoconstruirse frente a los turistas, con lo que nos encontraríamos con una relación desequilibrada entre tres personajes, lo cual podría suponer la explicación para muchos de los problemas que ocasiona el turismo en lo cultural y social. Sobre esto hace falta mucha más investigación y desde luego, análisis e interpretaciones más detallados y profundos.[3]

En lo que se refiere a las dimensiones temporal y espacial, en el caso del turismo juegan un papel fundamental, puesto que si bien la interacción turística directa, cara a cara se presenta en un sitio en particular, al que denominamos sitio de destino turístico, se hace referencia a dos espacios constituyentes en todo momento de la tipificación turística: el sitio de origen del turista y el sitio de residencia del anfitrión, que generalmente son distintos. Esta vinculación de dos espacios en una misma interacción, lleva a su vez a una multiplicación de tiempos, pues además del “ahora”, el presente de la interacción turística frontal, los actores participantes hacen referencia a pasados y futuros relativamente compartidos con el Otro frente al que se encuentran y que simultáneamente forman parte también de la relación turística.

La presencia simultánea en el turismo de cuando menos dos referentes espaciales y dos referentes temporales distintos, produce una comunidad de sentido peculiar, a la que aquí llamamos turística, caracterizada por la mezcla de diversas comunidades de vida y de sentido, lo que le confiere una forma que se aleja de las formas que se pueden encontrar en otras relaciones sociales y en la cual muy precariamente se elaboran sentidos compartidos entre turistas y anfitriones, por lo que de manera muy accesible enfrentan a los participantes a potenciales crisis de sentido y a la necesidad de resolverlas en el mismo momento, fugaz, de la interacción turística frontal. También sobre estos aspectos se requiere investigación y trabajo empírico detallado.

 De esta necesidad de hacer investigación, es que se desprende una propuesta de aproximación para el estudio del turismo partiendo de la propuesta teórica de sociología constructivista de Berger y Luckmann. Las áreas temáticas y asuntos identificados tienen que ver tanto con los contenidos y elementos de la propia propuesta como con los temas y asuntos que hoy se abordan o requieren ser abordados en el turismo.

Dos de las áreas de trabajo identificadas tienen además que ver con el futuro del turismo, considerando las condiciones actuales de la sociedad que avanza hacia un ultramodernismo o tal vez postmodernismo ubicuo que modifica las relaciones humanas, los acervos de conocimiento, los significados y las atribuciones de sentido, lo mismo que a las tipificaciones e incluso las dimensiones temporal y espacial; con la irrupción de las tecnologías de información y comunicación que han logrado trastocar la forma de las interacciones, multiplicando los espacios en que se realizan y diluyendo el significado de la dimensión temporal, dada la inmediatez de las posibilidades de comunicación y la posibilidad de diferir los tiempos para realizar diversas actividades simultáneamente.

Precisamente a partir del análisis desde las tres dimensiones involucradas en la propuesta teórica y que inciden directamente en los actores que se relacionan: turista y anfitrión, la temporal, la espacial y la de sentido, se elaboró el esquema para el tratamiento metodológico orientado a la investigación empírica del turismo. El esquema construido consta de ocho líneas de trabajo, mismas que en sí mismas constituyen un programa de trabajo en el estudio del turismo bajo esta propuesta teórica. Este es y ha sido en todo momento el fundamental interés al escribir esta tesis: estudiar al turismo con el fin de incrementar el conocimiento social sobre él y por ende, que esto conduzca a una mejor y mayor comprensión del fenómeno.

La perspectiva constructivista, aporta un ángulo desde el cual se reconoce la existencia de las estructuras de la sociedad pero pone acento en la capacidad humana de negociar a través de la interacción la realidad social, en este sentido le restituye el poder al individuo. Esto tiene un valor de por sí importante debido a sus connotaciones e implicaciones en el ámbito práctico empírico, pero sobre todo al reconocer esta posibilidad se interesa por analizar cómo las personas llevan a efecto en las interacciones con otros, la construcción. Al ubicarse en este ángulo y observar la realidad, este enfoque busca respuestas a las preguntas ¿cómo..? a diferencia de otras que prefieren abordar los ¿qué..? y ¿por qué? La apuesta es por mirar la misma realidad en la búsqueda de otras respuestas, de ningún modo se trata de observar “otra” realidad.




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Footnotes

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El problema de la búsqueda de lo auténtico, como motor central de los viajes turísticos es un tema que ha tenido su auge en la investigación sociológica del turismo, algunos trabajos destacados en este rubro son los de MacCannell (1973, 1976) o más recientemente el de Frow (1997) o el realizado por Wang (2000).

Las situaciones en que se presentan diversas acciones de reconocimiento-ocultamiento de los turistas y anfitriones, particularmente en sitios de destino turístico, así como sus posibles razones pueden ser revisadas en MacCannell (1973) o en Apostolopoulos (1996).